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¿Por qué son pobres los y las indígenas (II)?


Continuando el tema del miércoles pasado, podemos agregar el peso de las migraciones. La migración centrípeta: Las desigualdades sociales y económicas que atraviesan el país, generan cada vez la migración de población rural no indígenas hacia ciudades, fronteras agrícolas y territorios indígenas enfrentándose colonos campesinos con comunidades indígenas por el usufructo de la tierra. El choque entre dos maneras de interactuar con la naturaleza, provoca deforestación y degradación de territorios y hábitat indígena desde hace mucho tiempo, por la vía de la privatización en manos de poblaciones no indígenas, y de poblaciones indígenas que ven en ello, crecientemente -por la vía del valor de cambio- una forma de subsistencia.
La migración centrífuga: La situación de pobreza de los territorios indígenas, a su vez, expulsa la población hasta el punto que casi de la mitad de los indígenas no residen en las comarcas, y han migrado para acceder a empleos remunerados y educación, pero sin tener como opción -en muchos casos- el retorno a sus terruños o el aportar al mejoramiento de sus comunidades originarias.
Los modelos indígenas de manejo y uso de los recursos naturales son y han sido considerados como negativos por la cultura no indígena, al no generar excedentes y operar eficientemente sólo con reducidas concentraciones poblacionales.
A pesar de las riquezas que poseen los territorios indígenas, el estado panameño no cuenta con una política coherente para éstos, en la cual se tomen en cuenta las instituciones y estructuras tradicionales, para que los propios indígenas sean actores de su presente y futura existencia. También existen manejos de recursos naturales renovables y no renovables por el gobierno, empresas y organizaciones conservacionistas, sin participación de la población indígena en cuyo hábitat se agitan estos proyectos. Renovables, como el Parque la Amistad (200 mil ha.) donde residen ngöbe buglés y nasos. Parque Bastimentos (13 mil ha.) y Bosque Protector Palo Seco (250 mil ha) donde residen los ngöbe buglés.
Parque Darién (600 mil ha.) donde viven emberás waunán y kunas. No renovables, como las hidroeléctricas de Bayano (kunas) y Tabasará Teribe (ngöbes y naso); oleoducto transísmico, carretera Chiriquí-Bocas; y concesiones mineras y explotaciones como la Mina de Cerro Colorado.
Estos proyectos no poseen reglas claras de administración de recursos, el monto de su inversión y participación de los pueblos indígenas en las decisiones que les afectan. Muchos proyectos de desarrollo importantes para el combate a la pobreza en las poblaciones indígenas no han producido resultados esperados, pues han padecido de desaciertos administrativos, falta de continuidad, ausencia de mecanismos de consulta, decisión y participación de las poblaciones indígenas.
La vulnerabilidad expresada en las carencias socioeconómicas, desintegración familiar y comunal, educación, diferencias de género constituyen un lastre que retarda o mediatiza la posibilidad de liberar sinérgicamente algunas de las potencialidades, especialmente los recursos humanos (salud, nutrición, educación) y usos desarrollistas de los territorios. Es un círculo vicioso que es necesario alterar a través de programas de apoyo consultados y participados por la gente, para generar un círculo virtuoso.
Los territorios indígenas no han podido generar oportunidades y fuentes de ingreso, pues los sistemas productivos indígenas tradicionales, aunque son ambientalmente sostenibles, no han podido articularse a las cadenas de comercialización regional, nacional e internacional.
Las comarcas (20% del territorio nacional) no han podido constituirse en motores de desarrollo socioeconómico. No es la existencia de los territorios comarcales la razón de la pobreza indígena, pues éstas existen desde antes que sus demarcaciones (Ejemplo, los ngöbe buglés).
Más bien la pobreza es producto del conjunto de los factores anteriormente mencionados, que repercuten en la difícil situación socioeconómica de los pueblos indígenas. Pero las comarcas constituyen un activo importante para propuestas de desarrollo humano que -con y desde los pueblos indígenas- puedan elevar los niveles de vida en lo socioeconómico, conservando y promoviendo la identidad y la cultura.
A pesar de contar con propuestas de principios y de ejes fundamentales, los pueblos indígenas no han logrado establecer propuestas coherentes y viables de desarrollo comarcal, lo que constituye el gran desafío para ellos.
La próxima semana: ¿En qué son ricos los pueblos indígenas?
(raulleisr@hotmail.com)

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