¿Por qué soy católico?
Recientemente escribí un artículo intitulado Cuidado Crítico, referente a los sacerdotes pederastas y sus superiores jerárquicos que encubrían estas acciones. Varios lectores me respondieron y algunos lo hicieron sugiriendo que no veían cómo yo me decía católico ante estas realidades; estos comentarios me invitaron a que me explicara más ampliamente sobre mi catolicismo, lo que excusa las referencias personales en este escrito.
Creo en el Dios personal del Viejo y el Nuevo Testamento. Podría imaginar un universo ilimitado sin un Creador, en donde el ser humano sería un mero accidente. Sin embargo, prefiero la divinidad personal de la fe judeo-cristiana que concibe su creación en función de ese ser vulnerable y muchas veces condenable, que responde con un amor quebradizo e inconstante al amor infinito del Todopoderoso. Prefiero a la manera riesgosa de Pascal, el Dios personal de los profetas y evangelistas.
Para mi el gran problema filosófico-teológico es cómo Dios, Persona Infinita, hace su pensamiento y acción accesibles a la humanidad en su entorno limitado y concreto. Él asume en sí la humanidad de Jesús, al punto que San Juan pudo afirmar el misterio de que “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Al revelar su realidad trinitaria al hombre, le salva de sí mismo y, dado que éste no es sólo individuo sino ente social, al salvarlo lo hace a través de la ekklesia, sociedad de fe, moral y culto. Esto lo indica Jesucristo al cambiarle el nombre a Simón por el de Pedro (piedra) para significar la roca sobre la que estaba fundando su Iglesia, contando con la colegialidad de los apóstoles y luego de los obispos sus sucesores.
Dios, quien creó la pluralidad de seres en la creación, promueve la unificación de ellos en relación consigo y por eso, pienso yo, el Papa tiene una función propia a favor de la unidad en la verdad y la justicia. Cristo pudo comprobar directamente la rivalidad y el deseo de preeminencia de sus discípulos y apóstoles, por ello fue que dejó prevista una jerarquía dentro de su institución a la cual yo me adhiero como miembro de la Iglesia.
Jesucristo al integrar en sí todas las dimensiones humanas evita arrogarse la proclividad al pecado y puede, por ello, salvarnos a todos siendo Dios y Cordero Pascual que se sacrifica para lavar todas nuestras culpas morales; también asume la necesidad de institucionalizar que tiene el hombre, y con ella asegura la permanencia de su Mensaje en su correcta interpretación.
Como consta en el texto bíblico y repetía San Agustín “Dios aborrece el pecado pero ama al pecador”, por ello, cuando opiné sobre los actos de pedofilia y el encubrimiento de los mismos, pedí sanciones tajantes por parte de la justicia canónica y la terrenal.
Cuando joven tuve dudas profundas de fe, y ahora que a los setenta y siete años encaro la muerte como algo más próximo, también he sentido la duda, pero cada vez que voy a la iglesia y repito el credo, escojo la creencia en la perspectiva católica del Cristianismo en vez de la incredulidad. Por eso pude escribir el artículo Cuidado Crítico sin caer en la hipocresía ni en la inconsistencia, pues los conceptos ahí expresados no se confrontan, más bien se derivan de esta visión.
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