¿Por qué Torrijos no recibió a Rosales?
CUANDO ASUMÍ el cargo de Alcalde de Panamá en diciembre de 1989, Rogelio Cruz fue uno de los profesionales a quien consulté sobre las implicaciones que tal aceptación podría tener con la legislatura que había ganado en el 8-9, en las elecciones de ese año. Su respuesta fue: ninguna, en lo absoluto.
En abril de 1991, al salir de la Alcaldía e integrarme a la curul legislativa, y tras demanda de nulidad presentada en la Corte Suprema de Justicia por el secretario general del PRD, Ernesto Pérez Balladares, para que declarara insubsistente mi cargo de legislador, al ser consultado en la Procuraduría General de la Nación, Cruz dio una respuesta totalmente diferente. Al toparme con él un día, le pregunté porqué ahora daba una opinión diferente; simplemente me dijo, "ahora doy mis opiniones como Procurador; antes no". Finalmente, la Corte no aceptó sus argumentos y los de entonces mis adversarios políticos, y permanecí en el cargo hasta 1994.
Esa anécdota me viene a la memoria por la negativa del presidente Torrijos, y su partido PRD, de recibir y reunirse con el visitante gobernador del venezolano Estado de Zulia y ganador de las últimas elecciones presidenciales en ese país, de las que fue despojado producto de la cibernética socialista de Chávez. Parece que al fin le encontraron una función a sus aliados del Partido Popular: atiendan ustedes a Rosales, en "representación" de la alianza gobiernista. Vaya papelón.
En enero de 2004, siendo Torrijos el candidato presidencial, visitó Panamá una lujosa comitiva de la oposición venezolana, que me tocó coordinar durante su estancia en Panamá Allí estaban Pedro Alfonso, líder empresarial; Guillermo Zuluaga, propietario de la televisora Globovisión, Manuel Cova, secretario general de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la más grande de ese país, de tendencia social demócrata. Guillermo Betancourt, reconocido publicista, José Hardy de los trabajadores del petróleo y Nelson Belfort, dirigente de la radio venezolana. Todo el mundo nos recibió, recibiendo sólo el soboteo de algunos universitarios, quienes al llegar los venezolanos llegaron a la Cámara de Comercio, repartían volantes a favor de Chávez, calculo que pagadas con el dinero que pareciera sobrar en ese país.
Torrijos los recibió por un buen rato en el lobby del Hotel Marriot, acompañándonos en esa reunión Ricardo Arias Calderón, histórico líder de la Democracia Cristiana panameña, y Nils Castro, actual asesor de la Cancillería. La reunión encontró a un Torrijos muy interesado en escuchar todo lo que ocurría en esos momentos en Venezuela, que se preparaba en agosto de ese año para un referéndum contra Chávez, figura revocatoria constitucional creada por el mismo Chávez. La misma especie de revocatoria de mandato que el general Torrijos introdujo en la Constitución de 1972, pero que nunca se pudo poner en práctica por la población panameña por todas las trabas agregadas cuando se intentó utilizar en contra de algún representante. Al igual que los venezolanos, me fui con la idea del total apoyo de Torrijos a la causa democrática venezolana. Esa convicción poco duró.
Al regresar de Caracas el lunes 16 de agosto, día después del referéndum constitucional en donde Chávez en la madrugada cambió a su favor el 6 a 4 en contra que le había propinado la oposición, a través de un monstruoso fraude cibernético que se pudo comprobar detalladamente meses después, solicité cita con el futuro canciller de Panamá, Samuel Lewis Navarro. Yo daba como un hecho, al igual que algunos medios informativos, mi nombramiento como Embajador en la Organización de Estados Americanos. Al llegar a la oficina de Lewis, éste me indicó que el Presidente vería con muy buenos ojos que yo fuera el próximo Embajador de Panamá en Chile, dada las buenas relaciones que yo tenía en ese país y otras yerbas aromáticas. Después me enteré que la verdadera razón para no nombrarme en la OEA era mi vertical posición en contra del dictador Hugo Chávez. Simplemente no acepté.
Durante los dos años y medio de gobierno del presidente Torrijos las cosas cambiaron con Venezuela, quizás porque ahora no era el candidato quien hablaba sino ya era el Presidente, quien tenía que actuar con la "flexibilidad" y "pragmatismo" requerido frente a un gobernante que pareciera que cree que con sus millones puede comprar a todo el mundo, aunque la gente en su país hoy sea más pobre que nunca, a pesar de los que los precios del petróleo estén más altos que nunca. Durante ese tiempo, advertencias como las que le hice al entonces Ministro de Economía y Finanzas, Ricaurte Vásquez, de que petróleo venezolano se estaba vendiendo de contrabando en Panamá, fueron desatendidas, así como todas las críticas que a nivel mundial se le hacen al ahora llamado gobierno socialista de Venezuela, incluyendo al Papa Benedicto XVI y al Presidente Lula.
Por esas actitudes es que a los políticos la gente cada vez menos le cree. Cuando están de candidatos te prometen el oro y el morro; al llegar al poder acomodan ese oro y ese morro a las circunstancias del momento, aunque con ello aparenten alianzas con gobiernos como el de Chávez, el mismo que se encarga de financiar algunos de los disturbios y cierres de calle que se dan en Panamá. ¿Será por eso que Martín Torrijos y el PRD, convenientemente, ignoraron la presencia del gobernador Rosales en Panamá?
(*Vocero del Partido Popular en Alianza Patria Nueva en 2004.)
En abril de 1991, al salir de la Alcaldía e integrarme a la curul legislativa, y tras demanda de nulidad presentada en la Corte Suprema de Justicia por el secretario general del PRD, Ernesto Pérez Balladares, para que declarara insubsistente mi cargo de legislador, al ser consultado en la Procuraduría General de la Nación, Cruz dio una respuesta totalmente diferente. Al toparme con él un día, le pregunté porqué ahora daba una opinión diferente; simplemente me dijo, "ahora doy mis opiniones como Procurador; antes no". Finalmente, la Corte no aceptó sus argumentos y los de entonces mis adversarios políticos, y permanecí en el cargo hasta 1994.
Esa anécdota me viene a la memoria por la negativa del presidente Torrijos, y su partido PRD, de recibir y reunirse con el visitante gobernador del venezolano Estado de Zulia y ganador de las últimas elecciones presidenciales en ese país, de las que fue despojado producto de la cibernética socialista de Chávez. Parece que al fin le encontraron una función a sus aliados del Partido Popular: atiendan ustedes a Rosales, en "representación" de la alianza gobiernista. Vaya papelón.
En enero de 2004, siendo Torrijos el candidato presidencial, visitó Panamá una lujosa comitiva de la oposición venezolana, que me tocó coordinar durante su estancia en Panamá Allí estaban Pedro Alfonso, líder empresarial; Guillermo Zuluaga, propietario de la televisora Globovisión, Manuel Cova, secretario general de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la más grande de ese país, de tendencia social demócrata. Guillermo Betancourt, reconocido publicista, José Hardy de los trabajadores del petróleo y Nelson Belfort, dirigente de la radio venezolana. Todo el mundo nos recibió, recibiendo sólo el soboteo de algunos universitarios, quienes al llegar los venezolanos llegaron a la Cámara de Comercio, repartían volantes a favor de Chávez, calculo que pagadas con el dinero que pareciera sobrar en ese país.
Torrijos los recibió por un buen rato en el lobby del Hotel Marriot, acompañándonos en esa reunión Ricardo Arias Calderón, histórico líder de la Democracia Cristiana panameña, y Nils Castro, actual asesor de la Cancillería. La reunión encontró a un Torrijos muy interesado en escuchar todo lo que ocurría en esos momentos en Venezuela, que se preparaba en agosto de ese año para un referéndum contra Chávez, figura revocatoria constitucional creada por el mismo Chávez. La misma especie de revocatoria de mandato que el general Torrijos introdujo en la Constitución de 1972, pero que nunca se pudo poner en práctica por la población panameña por todas las trabas agregadas cuando se intentó utilizar en contra de algún representante. Al igual que los venezolanos, me fui con la idea del total apoyo de Torrijos a la causa democrática venezolana. Esa convicción poco duró.
Al regresar de Caracas el lunes 16 de agosto, día después del referéndum constitucional en donde Chávez en la madrugada cambió a su favor el 6 a 4 en contra que le había propinado la oposición, a través de un monstruoso fraude cibernético que se pudo comprobar detalladamente meses después, solicité cita con el futuro canciller de Panamá, Samuel Lewis Navarro. Yo daba como un hecho, al igual que algunos medios informativos, mi nombramiento como Embajador en la Organización de Estados Americanos. Al llegar a la oficina de Lewis, éste me indicó que el Presidente vería con muy buenos ojos que yo fuera el próximo Embajador de Panamá en Chile, dada las buenas relaciones que yo tenía en ese país y otras yerbas aromáticas. Después me enteré que la verdadera razón para no nombrarme en la OEA era mi vertical posición en contra del dictador Hugo Chávez. Simplemente no acepté.
Durante los dos años y medio de gobierno del presidente Torrijos las cosas cambiaron con Venezuela, quizás porque ahora no era el candidato quien hablaba sino ya era el Presidente, quien tenía que actuar con la "flexibilidad" y "pragmatismo" requerido frente a un gobernante que pareciera que cree que con sus millones puede comprar a todo el mundo, aunque la gente en su país hoy sea más pobre que nunca, a pesar de los que los precios del petróleo estén más altos que nunca. Durante ese tiempo, advertencias como las que le hice al entonces Ministro de Economía y Finanzas, Ricaurte Vásquez, de que petróleo venezolano se estaba vendiendo de contrabando en Panamá, fueron desatendidas, así como todas las críticas que a nivel mundial se le hacen al ahora llamado gobierno socialista de Venezuela, incluyendo al Papa Benedicto XVI y al Presidente Lula.
Por esas actitudes es que a los políticos la gente cada vez menos le cree. Cuando están de candidatos te prometen el oro y el morro; al llegar al poder acomodan ese oro y ese morro a las circunstancias del momento, aunque con ello aparenten alianzas con gobiernos como el de Chávez, el mismo que se encarga de financiar algunos de los disturbios y cierres de calle que se dan en Panamá. ¿Será por eso que Martín Torrijos y el PRD, convenientemente, ignoraron la presencia del gobernador Rosales en Panamá?
(*Vocero del Partido Popular en Alianza Patria Nueva en 2004.)