¿Por quién no votar?
Decir por quién votar para el Congreso de la República puede resultar un ejercicio vulgar y presuntuoso, además de un favor gratuito para quien puede terminar no comportándose a la altura debida en una institución desprestigiada y poco útil para una democracia como la nuestra, donde 102 senadores y 166 representantes a la Cámara no garantizan la representatividad del pueblo colombiano.
No es estimulante escoger a conciencia a un ciudadano que nos represente en el Poder Legislativo, cuando vemos que el conjunto se comporta como una camarilla interesada en los logros personales.
Lo ideal sería poder distinguir a los corruptos y saber quién es inteligente y honesto, útil a la democracia.
La publicidad política se está limitando al discurso emotivo de siempre, a promulgar el "cambio" o a vender a algunos - de manera oportunista- como aliados del presidente Uribe. Por eso es más sano identificar por quiénes no deberíamos votar para que como ciudadanos no contribuyamos aún más a la perversión del sistema.
En primer lugar, abstengámonos de votar por futbolistas, actrices, reinas de belleza, locutores, humoristas y similares. Estos personajes sólo buscan capitalizar su fama y reconocimiento -o solucionar su vida- a través de una curul en el Congreso. La gente de la farándula que ha llegado a nuestras instituciones políticas es prueba fehaciente de que nada tiene que estar haciendo ahí, su aporte es nulo.
En segundo lugar, nadie debe votar por los hijos de oscuros caciques que quieren seguir desfalcando al Estado a través de aquellos. En otros, son los hijos de grandes líderes que sin construir una carrera propia se apuntalan en su apellido para sobresalir.
Otro tipo de candidatos por los que debemos abstenernos de votar son los miembros de partidos de índole religioso, bien sea de orientación católica o de cualquier otra tendencia. Las cosas de Dios, los asuntos espirituales, dejémoselos a las iglesias. La política, empero, es un asunto terrenal que debe ser manejado por laicos; el Estado debe ser secular.
Tampoco son merecedores de nuestros votos los políticos que ensucian las ciudades llenándolas de vallas que luego no retiran. En general, quienes abusan de la publicidad a través de cualquier medio demuestran que tienen mucha plata y pocas ideas. Las intenciones de quienes se anuncian como un detergente generalmente son dañinas. El colmo es la estrategia del Equipo Colombia de Luis Alfredo Ramos en Bogotá, usando niñas con los pechos al aire para repartir volantes en los semáforos. Será porque son políticos de cabaret o prostíbulo. Eso no es digno de la actividad política, cada cosa en su lugar.
Otro grupo que no debe recibir votos es el que promete todo. La demagogia y populismo es para engañar tontos pero nada de eso se cumple.
Quien lleve cuatro o cinco periodos en el Congreso no debería tener más votos para volver. Si su presencia fue benéfica -lo cual es de dudar - mil gracias por el servicio prestado a la Patria y hasta luego.
Para finalizar, el periódico El Tiempo (febrero 19 de 2006) aporta una larga lista de candidatos que están a favor de eliminar la extradición de colombianos. Estos tampoco merecen el voto porque la extradición no es un favor que le hacemos a los Estados Unidos, sino un favor que nos hacemos nosotros mismos poniendo los delincuentes a resguardo de quien sí los puede subyugar. Y gratis.
Después de estos "consejos" ¿tiene claro por quién votar o se quedó sin candidatos por hacer caso a estas recomendaciones? Si así fuere, vote en blanco, votar en blanco no es un asunto tan estéril como se cree.
(*)Periodista y escritor colombiano.
(c) www.aipenet.com
No es estimulante escoger a conciencia a un ciudadano que nos represente en el Poder Legislativo, cuando vemos que el conjunto se comporta como una camarilla interesada en los logros personales.
Lo ideal sería poder distinguir a los corruptos y saber quién es inteligente y honesto, útil a la democracia.
La publicidad política se está limitando al discurso emotivo de siempre, a promulgar el "cambio" o a vender a algunos - de manera oportunista- como aliados del presidente Uribe. Por eso es más sano identificar por quiénes no deberíamos votar para que como ciudadanos no contribuyamos aún más a la perversión del sistema.
En primer lugar, abstengámonos de votar por futbolistas, actrices, reinas de belleza, locutores, humoristas y similares. Estos personajes sólo buscan capitalizar su fama y reconocimiento -o solucionar su vida- a través de una curul en el Congreso. La gente de la farándula que ha llegado a nuestras instituciones políticas es prueba fehaciente de que nada tiene que estar haciendo ahí, su aporte es nulo.
En segundo lugar, nadie debe votar por los hijos de oscuros caciques que quieren seguir desfalcando al Estado a través de aquellos. En otros, son los hijos de grandes líderes que sin construir una carrera propia se apuntalan en su apellido para sobresalir.
Otro tipo de candidatos por los que debemos abstenernos de votar son los miembros de partidos de índole religioso, bien sea de orientación católica o de cualquier otra tendencia. Las cosas de Dios, los asuntos espirituales, dejémoselos a las iglesias. La política, empero, es un asunto terrenal que debe ser manejado por laicos; el Estado debe ser secular.
Tampoco son merecedores de nuestros votos los políticos que ensucian las ciudades llenándolas de vallas que luego no retiran. En general, quienes abusan de la publicidad a través de cualquier medio demuestran que tienen mucha plata y pocas ideas. Las intenciones de quienes se anuncian como un detergente generalmente son dañinas. El colmo es la estrategia del Equipo Colombia de Luis Alfredo Ramos en Bogotá, usando niñas con los pechos al aire para repartir volantes en los semáforos. Será porque son políticos de cabaret o prostíbulo. Eso no es digno de la actividad política, cada cosa en su lugar.
Otro grupo que no debe recibir votos es el que promete todo. La demagogia y populismo es para engañar tontos pero nada de eso se cumple.
Quien lleve cuatro o cinco periodos en el Congreso no debería tener más votos para volver. Si su presencia fue benéfica -lo cual es de dudar - mil gracias por el servicio prestado a la Patria y hasta luego.
Para finalizar, el periódico El Tiempo (febrero 19 de 2006) aporta una larga lista de candidatos que están a favor de eliminar la extradición de colombianos. Estos tampoco merecen el voto porque la extradición no es un favor que le hacemos a los Estados Unidos, sino un favor que nos hacemos nosotros mismos poniendo los delincuentes a resguardo de quien sí los puede subyugar. Y gratis.
Después de estos "consejos" ¿tiene claro por quién votar o se quedó sin candidatos por hacer caso a estas recomendaciones? Si así fuere, vote en blanco, votar en blanco no es un asunto tan estéril como se cree.
(*)Periodista y escritor colombiano.
(c) www.aipenet.com