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¿Por quién votaré?


El pueblo panameño anhela con vehemencia a un candidato presidencial con principios, con el coraje de sus convicciones y el honor de expresarse contra los abusos y las injusticias sin importar los riesgos políticos. La mayoría de nosotros queremos ver liderazgo, modelos de conducta positiva y carácter en la escena política panameña.

La corrupción pública que siempre ha sido endémica en nuestro país, ha empeorado dramáticamente, y nuestra Asamblea y cortes han rehusado consistentemente fallar sobre casos que involucran la conducta o violaciones políticas del ejecutivo, sin importar la seriedad de las violaciones. Mientras tanto, el pueblo no tiene autoridad para frenar esos abusos gubernamentales y se siente irrespetado e indefenso, excepto por las elecciones, las cuales han sido manipuladas, comercializadas y trivializadas por los colectivos PRD y Panameñista, que han conformado un "duopolio político" que mantiene hastiado al panameño que ahora busca una real alternativa.

Gracias a las dos últimas administraciones que hemos tenido, Panamá se ha convertido en territorio ocupado por las grandes corporaciones y magnates foráneo, por el traspaso y regalo de gran cantidad de propiedades públicas. Los extranjeros se han tomado el centro de nuestras ciudades y las áreas preferenciales, desplazando y arrinconando a los locales.

La administración actual ha degradado tanto las normas de nuestra sociedad que las grandes corporaciones no se sienten moralmente obligados a ninguna norma ética, excepto para hacer dinero. Esos grandes potentados económicos, operando a través de la Cámara de Comercio y la CAPAC, en colusión con renombrados políticos, son favorecidos con paquetes de incentivos, exenciones tributarias y venta de propiedades públicas a precios ridículos, ofrendas que comparten con sus socios locales, quienes suplirán los materiales, equipos, servicios legales y bancarios para los distintos proyectos.

El rol de los medios de comunicación local es convencer a la población de que todo se hizo para crear empleos para ellos. En este país se le permite a las grandes compañías evadir impuestos y elevar los precios y márgenes de ganancia a discreción, y nuestros gobernantes, con ingenuidad simplista pretenden que sea la presión del mercado ejercida por los consumidores el que ponga bajo control a los grandes negocios que están totalmente fuera de control; ignorando en el proceso que los altos costos de alimentos y materiales en el país no es el resultado de escasez, de incremento en los costos de producción ni por la fundamental oferta y demanda, sino por especulación.

Votar por el partido PRD o por el Panameñista es votar para que siga el despilfarro de recursos en subsidios, bonos, exoneraciones, etc.; es votar por la prescripción de penas y el archivo de denuncias a maleantes de saco y corbata; es aprobar los viajes presidenciales constantes y costosos; es aprobar el regalo de nuestro patrimonio a favorecidos; es dar visto bueno a proyectos que pasan por encima de las leyes y el rechazo ciudadano; es seguir con calles intransitables y bloqueos constantes; es ver cómo la ley, la Constitución, la separación de poderes, la verdad, el honor y la decencia son dispensables si se entrometen en la agenda de partido.

Por todo ello, daré un voto de confianza a Ricardo Martinelli, que parece tener el coraje y la determinación de enfrentarse a grandes magnates económicos y políticos que nos avasallan.

101 años de Panamá América

 
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