default

Por supuesto que hablo en serio


“Si Balbina habla en serio, se le podría tomar la palabra …”. (Editorial del Panamá América, 4 de mayo de 2010). Quiero agradecer al Panamá América su editorial del cuatro de mayo, titulado: “El Perdón de Balbina”, y asegurarles que sí, que hablo muy en serio cuando afirmo que la clase política le debe a los panameños un perdón porque “…el país no puede seguir siendo prisionero de su pasado”.

En el año 1958, cuando se registró la batalla por “más escuelas, menos cuarteles” hubo una treintena de muertos; en 1960 moría torturado en la cárcel el dirigente obrero Rodolfo Aguilar Delgado; luego reprimido el trabajador Dionisio Arrocha; Juan Antonio Navas era asesinado en Colón en 1966 y en septiembre de 1967 se llenaron las cárceles de luchadores sociales.

El golpe militar de 1968 produjo acciones lamentables. El propio diario El Panamá América fue despojado de sus dueños legítimos, y hubo detenciones masivas, las muertes de los dirigentes Floyd Britton y José del Carmen Tuñón; las acciones guerrilleras de Piedra Candela, Cerro Azul, Coclé y La Chorrera en cuyo contexto cayeron, entre otros, importantes figuras panameñistas y dirigentes de izquierda. A mis 14 años y siendo activista del Movimiento Juvenil Cristiano en la parroquia de San Pedro No. 1, fui parte de la denuncia de la desaparición del sacerdote mártir Héctor Gallegos. Miré con admiración y respeto la forma tenaz y decidida como Patria Portugal buscó los restos de su padre hasta encontrarlos. Aún hoy hay familias que no han tenido el consuelo de ubicar a sus seres queridos: los de Rita Wald, los de Mendizábal y Falconett. También las muertes lamentables de Demóstenes Rodríguez y Jorge Camacho.

En 1978, el General Omar Torrijos intentó recomponer la democracia en Panamá cuando anunció “el repliegue de los militares a los cuarteles”, después de la firma y aprobación de los Tratados Torrijos-Carter, y el retorno del exilio de líderes políticos que en su momento se opusieron al régimen.

Luego de la muerte del General Torrijos, y el asesinato del Doctor Hugo Spadafora lejos de acercarnos a fórmulas de consenso, fuimos radicalizándonos hasta llegar a una confrontación que luego no tuvo marcha atrás.

Fueron esos acontecimientos los que llevaron a la invasión del 20 de diciembre de 1989, la incapacidad de los acuerdos, la arrogancia y el sectarismo. Nada justificará jamás, sin embargo, las 400 bombas de dos mil libras que cayeron sobre la Ciudad de Panamá la noche del 19 y la madrugada de ese 20 de diciembre.

Es necesario encontrar los restos de los desaparecidos durante los 21 años de proceso, además los de Manuel Carol y dar las explicaciones debidas a los familiares de Ángel Benítez, Alejandro Hubbard, Berta Alicia Díaz, Jovina García, Carlos Arturo Rodríguez Bonilla y Luis Gustavo Torreglosa, entre los cientos o miles de muertos que dejó la invasión.

¿Perdón con justicia? Sí, con justicia, porque el perdón por si solo no implica justicia como ha dicho recientemente el Papa Benedicto XVI. Las muertes de ambos periodos no deben servir para sostener e incrementar odios sino para emprender compromisos renovadores y justos. ¿Quiénes y cuántos estamos dispuestos?

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América