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Por un gobierno sin nepotismo


Aunque el muy citado principio de "igualdad de derechos" no es absoluto en la práctica, sí creemos en el libre acceso del talento y del mérito a todos los cargos públicos; esto es, facilitar a todos el poder, hacer valer su talento y aptitudes, porque de esta manera estimulamos la participación y el concurso democrático. Para el caso se pone, como forma democrática, las dignidades, honores, cargos y preeminencias al alcance de todos los ciudadanos, por modesta y humilde que sea su procedencia.
Con fundamento en lo anteriormente expuesto, hoy día, para encumbrarse y llegar a ocupar los altos cargos y empleos en la administración púlbica del Estado, es indudablemente, el talento la mejor credencial. Pese a que en la práctica política no siempre se cumple este sano principio, está comprobado que, por ejemplo, el nepotismo, amiguismo y el favoritismo pueden procurar al hombre o la mujer ineptos cargos honoríficosy efímeras dignidades, pero en realidad, la verdadera aureola del prestigio, la dignificación del hombre o la mujer y su exaltación a los altos puestos del Estado, sólo se obtienen cuando el político o el ciudadano unen a su claro talento, credibilidad, honestidad, sensibilidad social y carácter decisivo y valeroso.
Por eso, no deben otorgarse las prebendas y empleos públicos sólo a los individuos o personas de determinado credo político o ideológico, o a familiares, pues tal monopolio ilegal, inmoral y absurdo resultaría odioso.
El gobierno del Estado que selecciona cuidadosamente a sus servidores públicos y otorga los destinos con sujeción al mérito personal de los favorecidos, llega a tener servidores de gran valía, lo mismo en la administración y la magistratura, que en la educación y en la hacienda pública.
Si por el contrario, el nepotismo, el favoritismo, el amiguismo y las influencias son los elementos de medro en la política de un país (como acontece en Panamá hoy), entonces puede asegurarse que la Nación demandará en vano estadistas, educadores, magistrados, administradores y científicos que mantengan la auerola del prestigio, que ha de colocarla a la altura de las naciones progresistas y desarrolladas.
Particularmente, los que llegan a ocupar altos puestos en el gobierno del Estado por sus propios mértidos, son siempre atentos, ecuánimes, complacientes, reflexivos y bondadosos, mientras que los encumbrados por el nepotismo, el favoritismo o la intriga, son, generalmente, déspotas, prepotentes, locuaces y groseros, amén de mediocres e ineficientes. La calidad de los funcionarios y empleados públicos (desde el Presidente o Presidenta de la Nación hasta el mensajero o aseador de la oficina), determina la calificación que pueda merecer un determinado gobierno. ¿Cómo calificaría usted al actual gobierno?.
En el caso de la administración de la justicia, de que dependen la libertad, el honor, los bienes y la vida de los ciudadanos, sólo puede o debe ser desempeñada por jueces y magistrados, cuya intachable probidad los ponga al abrigo de toda sospecha de prevaricación, cohecho y desdoro. La política no ha de tener, en los absoluto, ninguna influencia sobre las deliberacioines y fallos de los tribunales de justicia. Pero esto sólo es posible cuando la independencia del poder judicial y del ministerio público está garantizada por un buen servicio de carrera judicia. ¿Existe y se practica este servicio en Panamá?
Así, pues, para aplicar la Constitución Nacional y las leyes de la República con amplio espíritu de justicia e igualdad, es neceario, es fundamental que el Estado cuente con jueces y magistrados probos e independientes y con administradores fervientes, entusiastas defensores de la cusa del bien común, alejados de las luchas de partidos y puestos honradas e imparcialmente al servicio de la nación panameña. ¿Qué opinión le merecen los actuales jueces y magistrados?

101 años de Panamá América

 
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