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Por una convivencia pacífica


En vez de ir hacia delante, en vez de madurar y buscar el bienestar al pueblo panameño, en vez de halar la carreta los bueyes juntos, estamos enfrascados en una lucha intestina por el poder, por el protagonismo, por la corrupción.
Vemos cómo se ha profundizado de nuevo la lucha de clases que tanto alimentó el torrijismo en la década de los 70. Están los obreros con la espina parada (como dicen en mi pueblo) y todo lo que huele a empresa privada es malo y criticable. Existe entre ellos un abismo que había logrado salvarse, pero que ha reaparecido. Señores, en las empresas ambos son importantes; ambos deben servirse, apoyarse y compenetrarse.
Los empresarios tienen que comprender que sin obreros o trabajadores no hay empresa y los trabajadores tienen que saber que forman parte de un todo. Tanto uno como otro se complementan; tienen que buscar los intereses que los unen y no los que los separan; buscar algo más allá que un simple entendimiento; poner delante patrimonios que pertenecen a ambos y que se necesitan para que el país marche adelante.
Por otro lado vemos a los padres de familia contra los educadores. Si los dos tienen un denominador común que es los niños y adolescentes, su bienestar y la educación de los mismos, ¿por qué han llegado a tratarse como adversarios? ¿por qué esa violencia, esa falta de entendimiento dando malos ejemplos a quienes están en período de formación en vez de ser los modelos que deben presentar para moldear esas mentes?
Los pobres están en contra de los que tienen algo más que ellos. Personalmente admiro a la gente pobre y humilde con principios y valores, desprendidos y con amor por el prójimo. Si bien es cierto que los pobres sufren sus privaciones, el sufrimiento será mayor si lo hacen con amargura, con resentimiento hacia los demás y cargados de envidia. Estos sentimientos negativos no hacen más que empeorar la situación en vez de utilizar esa fuerza para alcanzar una meta positiva, para superarse, para salir de la pobreza y dejarla atrás en el tiempo.
Y así vemos cómo nuestra sociedad viene dividiéndose, fragmentándose hasta colocarnos los unos contra los otros, los de allá contra los de acá. Por esto es que nuestro Panamá no crece; por esto es que estamos quedándonos atrás; que tenemos el índice más bajo de empresas privadas, una cultura pobre y un bienestar mínimo.
Si continuamos en esta lucha que veo hacerse encarnizada, no habrá entendimiento. Fíjense algo: basta que suba un gobierno para que enseguida comiencen las críticas, aun de los que votaron por ellos.
El pueblo habla de "nosotros los pobres" y se refieren a los del gobierno como si fueran los ricos; olvidan que en ese gobierno hay gente humilde que se ha superado porque han dejado a un lado la amargura y la envidia por lo que tienen los otros y han buscado tenerlo ellos también.
Quisiera ver a los educadores trabajando con el Ministerio de Educación en vez de estar en pugna permanente contra ellos; a los médicos colaborar con las autoridades de salud para lograr el bienestar de los panameños. Quisiera que nos tratáramos todos como hermanos, como amigos, como compañeros de trabajo, de estudio; que los estudiantes de la Universidad no estén en contra de las autoridades ni de los gobiernos, sea cual fuere: Protestan por protestar.
Quisiera que los hijos no estén contra los padres y que estos atiendan más a sus hijos; que los pacientes vuelvan a ver en su médico a su consultor, a su amigo y no existieran las consecuencias de la labor que hizo un Director del Seguro cuando puso en pugna a ambos. Divide y triunfarás, dice un dicho; pero yo digo que no hay conciencia más sucia que la de quien divide por dividir, sin motivo y la historia me dará la razón. Todos pasarán como entes negativos en la vida del país.
Ojalá seamos un pueblo feliz en convivencia pacífica y de intereses comunes.

101 años de Panamá América

 
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