Por una educación competitiva
Un aspecto primordial de la educación es la que tiene relación con los estudiantes. Ellos son en el fondo la razón de ser de la vida de administradores y formadores. La concepción sobre la educación debe tener un cambio radical y es responsabilidad del Ministerio concebir programas y planes de estudio, que tiendan a entender el proceso formativo como una actividad integral, que conjuga los elementos propios del proceso instructivo, con los procesos formativos de la personalidad y el desarrollo de actitudes y valores de solidaridad, respeto y compromiso para con la sociedad y con la familia. De otra manera no habrá verdadera educación, sólo instrucción.
Sin el concurso de los estudiantes, sin el impulso trasformador que ellos suelen imprimir a la vida, toda nuestra mejor intención como sociedad quedará en letra muerta, por lo cual, se debe propiciar el desarrollo de las capacidades de liderazgo de los jóvenes.
Como consecuencia del nuevo orden económico mundial y de las crecientes necesidades en materia de ciencia y tecnología, el recurso humano requiere de un conjunto de condiciones que superan las ofrecidas actualmente por el sistema educativo vigente. Es inaplazable enfrentar los nuevos retos que nos depara este siglo veintiuno.
En el caso específico de Panamá, la reversión del Canal, de los bienes adyacentes, y su ampliación, compromete al país al desarrollo de capacidades y al manejo de elementos sensibles, con eficiencia y competitividad. La incorporación del Canal a nuestra plataforma económica en forma directa, tiene enormes repercusiones y nos enfrenta al análisis de la crítica mundial, en cuanto a nuestra capacidad y eficiencia y competitividad.
Tenemos que cambiar lo que somos, utilizándonos a nosotros mismos como agentes y sujetos de cambio. El proyecto educativo no puede darse aislado. El recurso humano debe ser el objetivo del desarrollo. Los sistemas han puesto el hombre al servicio de las economías, cuando debemos tener como meta la mejora de las condiciones de vida del hombre y la sociedad, luchar por vencer las condiciones al menos de pobreza extrema, satisfacer las necesidades de alimentación, vivienda, salud, y educación.
Debemos alcanzar objetivos mínimos en la producción. El régimen productivo de la sociedad necesita una adecuación, su modernización es esencial y en materia de política económica, esta modernización debe significar un estado de mayor justicia y equidad social. En la medida en que la equidad social se promueva y estas eleven la calidad de vida en sociedad, la insatisfacción social, la frustración y la violencia decrecerán.
Debemos sumarnos todos a la tarea impostergable de colaborar con las responsabilidades que significan luchar para caminar con los pasos de los nuevos tiempos, que son tiempos para la ciencia, el saber y la información. Planificar, elaborar, difundir ejecutar y evaluar, deben ser las estrategias metodológicas que nos permitirán avanzar en el campo de la superación de los problemas que atravesamos y la única forma en que garantizaremos nuestro contacto con la realidad. Nos toca ahora, como parte del proceso continuo de prevención, hacer un alto para evaluar y conocer con objetividad científica, si lo que hacemos es correcto o requiere de adecuados mecanismos de ajuste y corrección. Somos nosotros, toda la sociedad, los mejores llamados a saber. Actuemos, pues. Las decisiones están de nuestro lado.
path@thalass.net