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Por una nueva Constitución


Para mí es innegable que se necesita una nueva Constitución que defina el rumbo que debe seguir nuestro país a casi un siglo de vida republicana. Ya hemos experimentado el asalto antidemocrático del poder por parte de políticos corruptos; el dominio de la policía en los tiempos de Remón; el magnicidio de éste; la interminable sucesión de politiqueros sin vocación de estadistas; la vergonzosa designación digital de legisladores por Arnulfo Arias en 1968; su derrocamiento por parte de los milicos que le hacían el mandado a los politiqueros de siempre; los homicidios y desapariciones por razón del poder mismo; una cruzada civilista que tenía la esperanza de forjar una patria más moral, más humana; la invasión perpetrada por los que nutrieron a los forzudos; tres gobiernos dizque democráticos con marcadas imperfecciones; un gobierno que nos endeudó exageradamente según consignas globalizadoras de los países más poderosos y que creó multimillonarios por arte de birlibirloque; y el presente gobierno del cambio, populista, que es verdad que ha operado durante una etapa de desaceleración económica mundial, pero que ni cambia, ni favorece al pueblo (aunque esa sea su propaganda), y que no ha sido capaz de ejecutar medidas de consenso para revitalizar nuestra economía y que también tiene sus nuevos ricos.
Este breve recuento justifica a gritos una nueva carta magna. No estoy de acuerdo con los que usan la precaria situación económica para oponerse a una constituyente ya. Son tan parcas las posibilidades de mejoramiento económico, sin olvidar que el presente desgobierno indica que los que dominan los resortes del poder, gobierno u oposición, ni siquiera han tratado de iniciar las medidas que en todos los órdenes requiere la higiene moral y material de nuestro querido Panamá. Por lo que me permito regurgitar la idea de nombrar un grupo de notables que se encargue de redactar una nueva constitución, lo cual creo que se podría hacer en tres meses, ya que estoy seguro que existen varios borradores que requerirían poco refinamiento y debate, para luego someter el documento a un plebiscito nacional. Como buen lego y hereje, pienso que las exigencias de legalismos o leguleyadas o guachos de galimatías están de más. El pueblo, el verdadero soberano, sería el que decidiría. Opino que los que opongan a esto abrigan intereses egoístas. De no hacerse así estaríamos condenados, como hasta ahora, a esperar que San Juan agache el dedo. Por supuesto que con una nueva carta magna, los ciudadanos, que somos imperfectos, que hemos jugado vivo, unos más y otros menos, estaremos en la obligación de cambiar nuestras formas y métodos, de pensar sólo en nosotros, y comenzar a pensar en un Panamá más digno para todos y, más importante, para las presentes y futuras generaciones. Ojalá que los sectores que siempre han actuado en función de sus intereses personales y crematísticos no recurran a las objeciones que siempre han esgrimido y que no dejan de ser más que lugares comunes, zancadillas. La esperanza es lo último que se pierde. Basta de caca de toro. Panamá es inmortal.
Si le ofrece una tasa de embarazo de un 30 ó 40 por ciento debe saber cuántos ha hecho en el último año, y si le está garantizan un 30 por ciento y se lo ha hecho a 10 debe tener por lo menos tres parejas embarazadas, y eso es importante, reiteró.
Por último, en internet existen muchas corporaciones de pacientes que entre ellos mismos se enseñan y es bueno hablar con pacientes del mismo médico y de otros y compartir información y buscar ayuda psicológica.
“El problema de infertilidad es un problema devastador con las parejas y a veces nos olvidamos de esa parte. A veces se vuelve una obsesión. Hay personas que quizás no tendrían esa obsesión de tener hijos si no se les dice que no pueden y se vuelve una verdadera obsesión”, dijo el especialista.
“Los familiares presionan, los padres; es inclemente la presión social que hay sobre una pareja y al final la presión se vuelca muchas veces toda sobre la mujer, a pesar de que a lo mejor es el hombre y ella llega a sentirse que no es mujer si no tienen hijos, y esto obliga a las parejas a embarcarse en cualquier cosa, cualquier persona que le dé una luz de tratamiento”.
Poveda se refirió a la experiencia de los médicos fertilistas, la cual definió como dolorosa porque de cada 10 pacientes que tratan 3 se embarazan y 7 llegan al consultorio llorando.
En estos casos, afirma, el sangrado menstrual es algo horroroso. “A veces si hay semanas en que nadie se embaraza, la depresión lo contagia a uno; es muy difícil, muy difícil, porque no es como la otras partes de las medicina que hay una enfermedad y se le da tratamiento, en la infertilidad no ocurre así”, revela.
Si bien es una de las que más recompensa económicas da, el trabajo y la dedicación es la que más exige, dijo.

101 años de Panamá América

 
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