Por una política panameña hacia Colombia: 1.Violencia y negociaciones de paz
El 15 de Agosto un grupo de colombianos residentes en Panamá organizó en el salón de conferencias del Arzobispado un Foro sobre las Negociaciones de Paz en Colombia, la Seguridad Regional y el Darién, en el cual participaron distinguidos colombianos vinculados a REDEPAZ (red de la sociedad civil de dicho país por la paz) y varios panameños. Fui invitado a presentar una ponencia, que resumo a continuación. "... la Colombia rica en experiencia y reflexión política nos invita hoy a dialogar sobre la realidad más dura, más impactante y más preñada de futuro en nuestras relaciones. En efecto nos han invitado a dialogar acerca de la realidad de la violencia organizada -casi una guerra civil- que continúa en Colombia, de las negociaciones de paz que se han iniciado formalmente, como también de las repercusiones de ambos hechos sobre la seguridad regional y, para nosotros los panameños de primordial importancia, sobre el Darién.
Hace décadas que se desató la violencia organizada en Colombia, fruto de las pugnas tradicionales entre conservadores y liberales. Ha estado entrelazada con delincuencia precedente, concomitante y resultante y ha estado impulsada por guerrillas de diversa persuasión ideológica y raigambre nacional, dentro del marxismo. Ha estado vinculada con organizaciones narcotraficantes dotadas de cuantiosos recursos financieros. Además ha provocado el surgimiento de organizaciones paramilitares opuestas a las guerrillas. Le han hecho frente unas Fuerzas Armadas y servicios de policía que desde hace años, tal como sucede también con la población inerme, sacrifican la vida de muchos de sus miembros en aras de la seguridad y de la vida civilizada para la mayoría de los Colombianos, al mismo tiempo que paradójicamente mantienen diferentes formas de connivencia con las otras organizaciones armadas.
Durante estas últimas décadas se ha intentado sobre todo ponerle fin a este enjambre de violencia por la acción de las Fuerzas Armadas, sin resultado definitivo. Ya era hora de tratar a fondo de ponerle fin por la negociación, por arriesgada que fuera. Debo, por ello, hacer desde el inicio un doble reconocimiento. Primero debo reconocer el aguante del pueblo colombiano, que padece la violencia muchas veces mortal sin que ésta logre paralizarlo de pavor ante el peligro. Hasta hace apenas pocos años, Colombia era el país con el mayor crecimiento económico sostenido en el continente americano, aún en medio de un estado de múltiple confrontación armada. En medio de toda la violencia, Colombia no ha renegado de sí misma ni ha dejado de construirse un futuro.
Segundo debo reconocer que bajo el liderazgo del Presidente Andrés Pastrana los colombianos han escogido el único camino razonable, por arriesgado que sea: entablar negociaciones formales de paz. Como nunca antes, no sólo el Estado sino la sociedad civil están involucrados en el esfuerzo de toda la nación por que estas negociaciones conduzcan a una paz efectiva.
Las negociaciones son difíciles por varias razones que diferencian a las guerrillas colombianas de las centroamericanas: 1. Tienen sus propias fuentes de financiamiento, entre otras a través de la interrelación con el comercio de la coca, además del cobro de "impuestos" a cultivadores y procesadores de cultivos ilícitos y de secuestros y robos. Con tales fondos han establecido sus propias redes de suministro de armas. Como resultado, los grupos guerrilleros interactúan de tal manera con los grupos narcotraficantes, sobre todo con los cultivadores, que quien afecta a un tipo de grupo afecta también al otro. 2. Han logrado adquirir su propia base territorial para entrenar, lanzar sus ataques y descansar, y el Gobierno se ha visto obligado para iniciar las negociaciones a retirar a las Fuerzas Armadas de un territorio muy vasto que se encuentra de hecho bajo control de las guerrillas y donde éstas ejercen algunas funciones paragubernamentales..
Tal que lo afirma un Informe del Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas (IRELA), con sede en Madrid) del 16 de Septiembre de 1999, las guerrillas estarían presentes de alguna manera "en el 43% de los municipios del país". Y "los servicios secretos del Estado cifran los ingresos de la FARC en 1997 en unos 463 millones de dólares, frente a un desembolso de 78 millones, y los del ELN en cerca de 340 millones de dólares, para un gasto de 39 millones."
De allí que no sorprendan las siguientes evaluaciones de dicho Informe. Ni los grupos guerrilleros parecen capaces de vencer al Estado, ni tampoco las Fuerzas Armadas parecen capaces de vencer a las guerrillas. Es por ello que la salida política se presenta como la única realmente posible. Pero también se presenta como especialmente difícil, puesto que "parece ser que la guerrilla no tiene aliciente de peso para comprometerse en negociaciones serias, ante la improbabilidad de sufrir una derrota militar, el relativo apoyo rural del que gozan y los jugosos beneficios que obtienen de las actividades que conducen para financiar la guerra".
Por otra parte, los antecedentes de los crímenes, entre otros, de Jaime Pardo Leal, José Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, nunca bien aclarados y menos aún sancionados, particularmente el de este último, asesinado después de haber negociado la paz en nombre del M-19 y de haber pasado al terreno político-electoral, constituyen un disuasivo recuerdo reciente para las guerrillas. ¿Uno se pregunta entonces si, en estas circunstancias, el cansancio humano de la lucha interminable es motivo suficiente para negociar la paz?
En consecuencia, aunque en los últimos meses ha habido prometedores avances en los procedimientos de las negociaciones, si éstas se prolongaran demasiado sin resultados más sustanciales, no se puede descartar un doble peligro: primero, una desintegración social en las zonas más afectadas, con desplazamiento masivo de población hacia otras áreas e incluso hacia otros países ( Venezuela, Perú, Ecuador, Panamá y también E.U.) y, segundo, un creciente impacto internacional del conflicto que provoque formas indeseables de involucramiento de otros países, tanto los limítrofes como los E.U.
Ante esta realidad compleja, difícil y de pronóstico reservado, nosotros los panameños, por nuestra condición de país limítrofe, históricamente vinculado a Colombia y amigo del pueblo colombiano, tenemos no simplemente que sufrir pasivamente las consecuencias, sino que desarrollar una política nacional con respecto a la repercusión del conflicto y de las negociaciones en Colombia sobre nuestro país. Esta política no se reduce al Darién, pero evidentemente tiene su punto de máxima concentración en el Darién.
Recientemente el Gobierno nacional con todos los partidos políticos firmamos una declaración intitulada Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad, que fue elaborada por equipos técnicos del Ministerio de Gobierno y Justicia, del Partido Demócrata Cristiano y del Partido Revolucionario Democrático. Vale la pena citar dicho texto, desgraciadamente poco conocido, incluso, por altos personeros del Gobierno, donde se propone:
8.11. Trabajar por la seguridad de nuestras áreas fronterizas, que se sitúa en el cruce de la Protección Ciudadana Democrática y de la Seguridad Panameña y que requiere:
8.11.1. Integrar plenamente dichas áreas al resto del país, mediante las infraestructuras necesarias para la comunicación y el transporte permanentes y adecuados y mediante el despliegue de los servicios y oficinas públicas estatales;
8.11.2. Desarrollar un servicio especializado de guardafronteras como componente integral de la Policía Nacional, al mismo tiempo que se extiende la vigilancia del Servicio Aéreo Nacional y del Servicio Marítimo Nacional;
8.11.3. Promover la organización de la población de dichas áreas para que brinde un máximo de cooperación a las autoridades en sus tareas de vigilancia."
Cabe señalar que el desarrollo de la unidad de guardafronteras dentro de la Policía Nacional debe recibir alta prioridad. Esta requiere un entrenamiento y un equipamiento apropiados, un sistema de transporte y de comunicación ágil y confiable, un apoyo logístico efectivo y una política de rotación que impida se suscite un espíritu de cuerpo de elite uniformada que con el tiempo pueda presentar problemas para su subordinación a la autoridad civil.
Estas líneas generales de acción no son dramáticas, pero son, a mi juicio, las que abordan los problemas de fondo del Darién. La violencia en Colombia y su impacto sobre el Darién nos están forzando a los panameños a prestarle atención a nuestra provincia limítrofe y hasta ahora olvidada y relegada. No hay soluciones mágico-míticas en el Darién. Pero sí hay soluciones que requieren persistencia, inversiones y mucha atención."
¡Al trabajo sin más dilación!
El impacto de la situación colombiana afecta no sólo al Darién, sino a todo Panamá. La próxima semana reproduciré lo que propuse en el Foro con respecto a la política exterior panameña hacia Colombia.
Hace décadas que se desató la violencia organizada en Colombia, fruto de las pugnas tradicionales entre conservadores y liberales. Ha estado entrelazada con delincuencia precedente, concomitante y resultante y ha estado impulsada por guerrillas de diversa persuasión ideológica y raigambre nacional, dentro del marxismo. Ha estado vinculada con organizaciones narcotraficantes dotadas de cuantiosos recursos financieros. Además ha provocado el surgimiento de organizaciones paramilitares opuestas a las guerrillas. Le han hecho frente unas Fuerzas Armadas y servicios de policía que desde hace años, tal como sucede también con la población inerme, sacrifican la vida de muchos de sus miembros en aras de la seguridad y de la vida civilizada para la mayoría de los Colombianos, al mismo tiempo que paradójicamente mantienen diferentes formas de connivencia con las otras organizaciones armadas.
Durante estas últimas décadas se ha intentado sobre todo ponerle fin a este enjambre de violencia por la acción de las Fuerzas Armadas, sin resultado definitivo. Ya era hora de tratar a fondo de ponerle fin por la negociación, por arriesgada que fuera. Debo, por ello, hacer desde el inicio un doble reconocimiento. Primero debo reconocer el aguante del pueblo colombiano, que padece la violencia muchas veces mortal sin que ésta logre paralizarlo de pavor ante el peligro. Hasta hace apenas pocos años, Colombia era el país con el mayor crecimiento económico sostenido en el continente americano, aún en medio de un estado de múltiple confrontación armada. En medio de toda la violencia, Colombia no ha renegado de sí misma ni ha dejado de construirse un futuro.
Segundo debo reconocer que bajo el liderazgo del Presidente Andrés Pastrana los colombianos han escogido el único camino razonable, por arriesgado que sea: entablar negociaciones formales de paz. Como nunca antes, no sólo el Estado sino la sociedad civil están involucrados en el esfuerzo de toda la nación por que estas negociaciones conduzcan a una paz efectiva.
Las negociaciones son difíciles por varias razones que diferencian a las guerrillas colombianas de las centroamericanas: 1. Tienen sus propias fuentes de financiamiento, entre otras a través de la interrelación con el comercio de la coca, además del cobro de "impuestos" a cultivadores y procesadores de cultivos ilícitos y de secuestros y robos. Con tales fondos han establecido sus propias redes de suministro de armas. Como resultado, los grupos guerrilleros interactúan de tal manera con los grupos narcotraficantes, sobre todo con los cultivadores, que quien afecta a un tipo de grupo afecta también al otro. 2. Han logrado adquirir su propia base territorial para entrenar, lanzar sus ataques y descansar, y el Gobierno se ha visto obligado para iniciar las negociaciones a retirar a las Fuerzas Armadas de un territorio muy vasto que se encuentra de hecho bajo control de las guerrillas y donde éstas ejercen algunas funciones paragubernamentales..
Tal que lo afirma un Informe del Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas (IRELA), con sede en Madrid) del 16 de Septiembre de 1999, las guerrillas estarían presentes de alguna manera "en el 43% de los municipios del país". Y "los servicios secretos del Estado cifran los ingresos de la FARC en 1997 en unos 463 millones de dólares, frente a un desembolso de 78 millones, y los del ELN en cerca de 340 millones de dólares, para un gasto de 39 millones."
De allí que no sorprendan las siguientes evaluaciones de dicho Informe. Ni los grupos guerrilleros parecen capaces de vencer al Estado, ni tampoco las Fuerzas Armadas parecen capaces de vencer a las guerrillas. Es por ello que la salida política se presenta como la única realmente posible. Pero también se presenta como especialmente difícil, puesto que "parece ser que la guerrilla no tiene aliciente de peso para comprometerse en negociaciones serias, ante la improbabilidad de sufrir una derrota militar, el relativo apoyo rural del que gozan y los jugosos beneficios que obtienen de las actividades que conducen para financiar la guerra".
Por otra parte, los antecedentes de los crímenes, entre otros, de Jaime Pardo Leal, José Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, nunca bien aclarados y menos aún sancionados, particularmente el de este último, asesinado después de haber negociado la paz en nombre del M-19 y de haber pasado al terreno político-electoral, constituyen un disuasivo recuerdo reciente para las guerrillas. ¿Uno se pregunta entonces si, en estas circunstancias, el cansancio humano de la lucha interminable es motivo suficiente para negociar la paz?
En consecuencia, aunque en los últimos meses ha habido prometedores avances en los procedimientos de las negociaciones, si éstas se prolongaran demasiado sin resultados más sustanciales, no se puede descartar un doble peligro: primero, una desintegración social en las zonas más afectadas, con desplazamiento masivo de población hacia otras áreas e incluso hacia otros países ( Venezuela, Perú, Ecuador, Panamá y también E.U.) y, segundo, un creciente impacto internacional del conflicto que provoque formas indeseables de involucramiento de otros países, tanto los limítrofes como los E.U.
Ante esta realidad compleja, difícil y de pronóstico reservado, nosotros los panameños, por nuestra condición de país limítrofe, históricamente vinculado a Colombia y amigo del pueblo colombiano, tenemos no simplemente que sufrir pasivamente las consecuencias, sino que desarrollar una política nacional con respecto a la repercusión del conflicto y de las negociaciones en Colombia sobre nuestro país. Esta política no se reduce al Darién, pero evidentemente tiene su punto de máxima concentración en el Darién.
Recientemente el Gobierno nacional con todos los partidos políticos firmamos una declaración intitulada Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad, que fue elaborada por equipos técnicos del Ministerio de Gobierno y Justicia, del Partido Demócrata Cristiano y del Partido Revolucionario Democrático. Vale la pena citar dicho texto, desgraciadamente poco conocido, incluso, por altos personeros del Gobierno, donde se propone:
8.11. Trabajar por la seguridad de nuestras áreas fronterizas, que se sitúa en el cruce de la Protección Ciudadana Democrática y de la Seguridad Panameña y que requiere:
8.11.1. Integrar plenamente dichas áreas al resto del país, mediante las infraestructuras necesarias para la comunicación y el transporte permanentes y adecuados y mediante el despliegue de los servicios y oficinas públicas estatales;
8.11.2. Desarrollar un servicio especializado de guardafronteras como componente integral de la Policía Nacional, al mismo tiempo que se extiende la vigilancia del Servicio Aéreo Nacional y del Servicio Marítimo Nacional;
8.11.3. Promover la organización de la población de dichas áreas para que brinde un máximo de cooperación a las autoridades en sus tareas de vigilancia."
Cabe señalar que el desarrollo de la unidad de guardafronteras dentro de la Policía Nacional debe recibir alta prioridad. Esta requiere un entrenamiento y un equipamiento apropiados, un sistema de transporte y de comunicación ágil y confiable, un apoyo logístico efectivo y una política de rotación que impida se suscite un espíritu de cuerpo de elite uniformada que con el tiempo pueda presentar problemas para su subordinación a la autoridad civil.
Estas líneas generales de acción no son dramáticas, pero son, a mi juicio, las que abordan los problemas de fondo del Darién. La violencia en Colombia y su impacto sobre el Darién nos están forzando a los panameños a prestarle atención a nuestra provincia limítrofe y hasta ahora olvidada y relegada. No hay soluciones mágico-míticas en el Darién. Pero sí hay soluciones que requieren persistencia, inversiones y mucha atención."
¡Al trabajo sin más dilación!
El impacto de la situación colombiana afecta no sólo al Darién, sino a todo Panamá. La próxima semana reproduciré lo que propuse en el Foro con respecto a la política exterior panameña hacia Colombia.