Por una tajada del bienestar
Cada vez se acentúa más la reclamación de la gente que demanda su merecida tajada de bienestar en todo este mundo de globalización, que sólo hace justificarse y aduce que "toda la responsabilidad de la hecatombe y desigualdades sociales que vivimos se debe a los despilfarros y a la burocracia de los Estados de ayer" y no acepta las injusticias que hay que colgarle, a la nueva economía global, que propugna un crecimiento con reducción de empleo. A este respecto nos dice Cristovam Buarque, doctor en Economía por la Universidad de París y ex funcionario del BID, en su artículo "El Camino Provisional", que "la economía globalizada y robotizada de final de siglo prescinde de mano de obra. Hasta hace poco, aumentar inversiones significaba necesariamente aumentar el número de empleos para mover las nuevas máquinas, ahora, significa comprar nuevas máquinas para reemplazar los antiguos empleos".
Contrario a lo ocurrido en otras épocas, en las cuales el desplazamiento del trabajo humano por la máquina era compensado por el surgimiento de nuevas actividades que absorbían la mano de obra desplazada, hoy la automatización y la tecnología permiten la sustitución del trabajo en todas las áreas que producen bienes y servicios y ha cesado, por consiguiente, el valor de las personas en cuanto a su producción, ya que el producto del hombre tiende cada vez a ser más irrelevante en un mundo automatizado. Un ejemplo palmario de ello lo constituye reciente anuncio formulado por Cable & Wireless que comunicó el despido de 450 de sus trabajadores que quedaron sin sus funciones originales, dado a los adelantos tecnológicos establecidos por la empresa. La globalización neoliberal ha construido una sociedad monstruosa y deformada desde el punto de vista ético. "En el siglo XX el capitalismo consiguió realizar un avance técnico inimaginable, aún para los más grandes visionarios de principios de siglo y con una desigualdad nunca antes vista por la humanidad, con la libertad asegurada para una minoría. Como nunca fue visto la desigualdad que vivimos, se diferencia hasta en el número de años que vive una persona, según su poder de compra y el consecuente acceso a las técnicas".
Estamos marchando hacia la construcción de una humanidad partida. Los dos Panamá de que tanto se habla. "La realidad de niños abandonados, perdidos, trabajando, cuando se compara con la realidad de otros niños estudiando, con acceso a lo moderno para desarrollar sus potencialidades, permite sospechar que dentro de algunas décadas ellos se diferenciarán tanto que no se reconocerán como seres de una misma especie".
Pero de dónde sacar para lograr un equilibrio social más equitativo, si se dice que no existen los recursos. ¿Qué no existen recursos? Bueno...al menos esa es la cantaleta de los gobiernos cuando se trata de satisfacer las necesidades de las mayorías. La globalización ha propiciado paralelamente a esta situación de desigualdad ética una activa concentración de capital.
En sólo dos decenios se han multiplicado por siete los activos afectados por las fusiones de tal suerte que hoy día existen empresas cuyo volumen de operaciones es mayor que el producto interno bruto de muchos Estados. Así tenemos, por ejemplo, a la General Motors, cuyo volumen de negocios es superior al producto interno bruto de Dinamarca, y el de Exxon-Mobil que excede al de Australia. Cualquiera de las cien empresas mayores del mundo vende más de lo que exporta cualquiera de los 120 Estados más pobres. El fenómeno de las fusiones, del que los panameños no escapamos, ha adquirido una espectacular aceleración. El volumen de capital mundial inmerso en estas fusiones, de acuerdo con cifras obtenidas en un medio económico, creció en un 74% entre 1997 y 1998, tras haberlo hecho en un 47% entre 1996 y 1997. En 1980 las fusiones implicaron el concurso de 25,000 millones de dólares y en 1996 movieron 350,000 millones. Todo ello se ha logrado a costa de muchos beneficios al servicio del capital como lo son bajos salarios, escasos gravámenes, debilitamiento de las prestaciones sociales, incremento del desempleo y "precarización del trabajo".
Cada día se propone más la exigencia de que asuman el poder gobiernos convencidos de que la función de garantizar el bien común es ineludible, gobiernos conscientes de dónde están los intereses nacionales, gobiernos dispuestos a buscar espacios soberanos de decisión en todo lo que atañe al bienestar de las mayorías y no someterse o convertirse en los "yes man" de los organismos internacionales de crédito.
El famoso goteo de la abundancia que promulgaban los neoliberales con la globalización no sirvió para aliviar la pobreza, dado a que la abundancia no gotea. Se requiere de un desarrollo con rostro humano, que concilie crecimiento con expansión del bienestar y con la participación de la mayoría en el uso de los recursos disponibles que no deben seguir beneficiando sólo a intereses restringidos.
Es menester que el pueblo logre obtener una tajada del bienestar social, hoy reservado para las minorías a costa de la necesidad de las mayorías. No podemos permitir que se dé la hambruna en el pueblo mientras los políticos de este país usufructúan de enormes salarios que no concuerdan con la situación del país.
(egrimal@cableonda.net)
Contrario a lo ocurrido en otras épocas, en las cuales el desplazamiento del trabajo humano por la máquina era compensado por el surgimiento de nuevas actividades que absorbían la mano de obra desplazada, hoy la automatización y la tecnología permiten la sustitución del trabajo en todas las áreas que producen bienes y servicios y ha cesado, por consiguiente, el valor de las personas en cuanto a su producción, ya que el producto del hombre tiende cada vez a ser más irrelevante en un mundo automatizado. Un ejemplo palmario de ello lo constituye reciente anuncio formulado por Cable & Wireless que comunicó el despido de 450 de sus trabajadores que quedaron sin sus funciones originales, dado a los adelantos tecnológicos establecidos por la empresa. La globalización neoliberal ha construido una sociedad monstruosa y deformada desde el punto de vista ético. "En el siglo XX el capitalismo consiguió realizar un avance técnico inimaginable, aún para los más grandes visionarios de principios de siglo y con una desigualdad nunca antes vista por la humanidad, con la libertad asegurada para una minoría. Como nunca fue visto la desigualdad que vivimos, se diferencia hasta en el número de años que vive una persona, según su poder de compra y el consecuente acceso a las técnicas".
Estamos marchando hacia la construcción de una humanidad partida. Los dos Panamá de que tanto se habla. "La realidad de niños abandonados, perdidos, trabajando, cuando se compara con la realidad de otros niños estudiando, con acceso a lo moderno para desarrollar sus potencialidades, permite sospechar que dentro de algunas décadas ellos se diferenciarán tanto que no se reconocerán como seres de una misma especie".
Pero de dónde sacar para lograr un equilibrio social más equitativo, si se dice que no existen los recursos. ¿Qué no existen recursos? Bueno...al menos esa es la cantaleta de los gobiernos cuando se trata de satisfacer las necesidades de las mayorías. La globalización ha propiciado paralelamente a esta situación de desigualdad ética una activa concentración de capital.
En sólo dos decenios se han multiplicado por siete los activos afectados por las fusiones de tal suerte que hoy día existen empresas cuyo volumen de operaciones es mayor que el producto interno bruto de muchos Estados. Así tenemos, por ejemplo, a la General Motors, cuyo volumen de negocios es superior al producto interno bruto de Dinamarca, y el de Exxon-Mobil que excede al de Australia. Cualquiera de las cien empresas mayores del mundo vende más de lo que exporta cualquiera de los 120 Estados más pobres. El fenómeno de las fusiones, del que los panameños no escapamos, ha adquirido una espectacular aceleración. El volumen de capital mundial inmerso en estas fusiones, de acuerdo con cifras obtenidas en un medio económico, creció en un 74% entre 1997 y 1998, tras haberlo hecho en un 47% entre 1996 y 1997. En 1980 las fusiones implicaron el concurso de 25,000 millones de dólares y en 1996 movieron 350,000 millones. Todo ello se ha logrado a costa de muchos beneficios al servicio del capital como lo son bajos salarios, escasos gravámenes, debilitamiento de las prestaciones sociales, incremento del desempleo y "precarización del trabajo".
Cada día se propone más la exigencia de que asuman el poder gobiernos convencidos de que la función de garantizar el bien común es ineludible, gobiernos conscientes de dónde están los intereses nacionales, gobiernos dispuestos a buscar espacios soberanos de decisión en todo lo que atañe al bienestar de las mayorías y no someterse o convertirse en los "yes man" de los organismos internacionales de crédito.
El famoso goteo de la abundancia que promulgaban los neoliberales con la globalización no sirvió para aliviar la pobreza, dado a que la abundancia no gotea. Se requiere de un desarrollo con rostro humano, que concilie crecimiento con expansión del bienestar y con la participación de la mayoría en el uso de los recursos disponibles que no deben seguir beneficiando sólo a intereses restringidos.
Es menester que el pueblo logre obtener una tajada del bienestar social, hoy reservado para las minorías a costa de la necesidad de las mayorías. No podemos permitir que se dé la hambruna en el pueblo mientras los políticos de este país usufructúan de enormes salarios que no concuerdan con la situación del país.
(egrimal@cableonda.net)