Porqué apoyamos a Alberto Vallarino
Los ciudadanos de un país debemos siempre participar decididamente, sin excusas, en situaciones tan importantes como lo es la política nacional, pero política con letras mayúsculas y no politiquería, no el voto condicionado al logro de ventajas personales.
El pasado histórico ha sido decepcionante y si no puede soslayarse, tampoco debe generar una actitud inerte y contemplativa en la ciudadanía. No podemos, por ninguna circunstancia, mostrar indiferencia ante el desarrollo político, social y económico del país ya que estaríamos descuidando un deber social de trascendental importancia. Todos los panameños, con entusiasmo y voluntad para vencer democráticamente, sin sectarismos, contemporizando, tolerando y aceptando lo diverso, lo distinto, debemos participar e ir a votar por el candidato que ofrezca mejores propuestas en beneficio del país.
El que apoyemos a un candidato determinado no quiere decir, en absoluto, que pensamos ni estamos de acuerdo, cabalmente, con toda su forma de pensar. Eso es prácticamente imposible, pero al menos sí con gran parte de su ideario político y ello es lo que nos ha ocurrido en el caso del Ingeniero Alberto Vallarino. Por años, desde que surgió el neoliberalismo en Panamá, desde época del ex presidente Endara, nos hemos manifestado contrarios a esta doctrina. Aceptamos la interdependencia, la modernización, pero sin vulneraciones absurdas a nuestra soberanía y si debemos establecer alianzas con otras economías, debe lograrse siempre y cuando no se traduzca en mayor marginalidad o pobreza y en grados extremos de miseria. Si se polariza puede generarse la desesperación y una filosofía del hambre propicia a la violencia.
Hemos visto en Vallarino el único candidato que ha mostrado conciencia de esta realidad que parece muy difícil entender al actual gobierno y a los otros dos candidatos que aspiran al solio presidencial. Alberto Vallarino nos ha mostrado sus deseos de proporcionar cauce a la energía colectiva, porque como resulta obvio debemos avanzar, hay que crear riqueza para todos, pero siempre atemperando y equilibrando la acción invisible e implacable del mercado. El pueblo ha sido el soporte del poder político y sus límites de resistencia no deben ser puestos a prueba en una situación límite, pues de la resignación y el estoicismo se puede pasar a la frustración y la cólera.
Vallarino ha sabido escuchar el sentir del pueblo, sus anhelos, sus agobios y desesperanzas. Ha visto la profundidad de los problemas y de allí sus propuestas y sus reflejos a futuro que es lo que ha mostrado la diferencia con el resto de los candidatos carentes de un discurso con argumento. Mireya y Martín hablan casi igual, no crean entusiasmo, porque han olvidado las exigencias del pueblo y en sus programas y plataformas político-electorales, si bien mencionan algunos problemas de los que agobian hoy día al panameño, lo hacen sólo buscando el voto a favor y no porque los anime realmente la solución. Ambos ejercen los derechos que les concede la actual democracia electoral, pero no creen en una democracia social. Se valen de la democracia para lograr fines muy distintos a ella. Olvidan que las elecciones no hacen democracia. Ellas permiten legitimar la designación de autoridades, hacen operativo el funcionamiento del sistema político y contribuyen a que, cada cierto tiempo, las sociedades se proyecten y sueñen con su ideal de país. Pero, a pesar de esto, la mera realización de elecciones periódicas no constituye por sí sola una auténtica democracia ni garantiza por sí misma la libertad. La democracia descansa en valores, virtudes y principios, que nacen de la relación del hombre con su comunidad.
La construcción del sistema democrático es una tarea difícil y compleja. La realidad nos muestra que la gran mayoría de las democracias formales de hoy son apócrifas y limitadas sólo a lo político. Se han apartado de sus principios, transformándose en verdaderos autoritarismos: Ciertos grupos muy pequeños imponen a la sociedad sistemas y modos de pensar, de acuerdo a su conveniencia y afanes de poder, poniendo así un cerrojo a las necesidades y aspiraciones de la gente.
Es evidente que la desacreditación del poder en el mundo existe y creemos que Vallarino nos ofrece un sentido renovador de su ejercicio. Vallarino nos ha hablado de evitar los excesos de un poder vertical autoritario que resulta insostenible por el despertar de las fuerzas sociales y ha dejado deslizar un nuevo tema de gran actualidad: "La descentralización del gobierno", una necesidad impostergable para superar el esquema centralista. Se requiere además y lo dice cada vez con mayor énfasis- de nuevos esquemas fiscales más equitativos que proyecten un desarrollo nacional humano y sobre todo la creación de más fuentes de trabajo.
Me parece que las propuestas de Vallarino nos ofrecen el Panamá que muchos deseamos. Un país generador de riqueza que se distribuya equitativamente, de manera armónica, para evitar desequilibrios humillantes y desigualdades que laceran. Un país donde todos tengan derecho a una vivienda decorosa, alimento suficiente y vestido digno, donde puedan tener acceso a la cultura, a la educación, al trabajo, a la salud y al esparcimiento. Es lo que yo llamo justicia social y que el actual gobierno llama, peyorativamente, "paternalismo", pero olvidan que es el proyecto nacional que se encuentra establecido en la Constitución Nacional, la que sostenidamente han violado el gobierno de Endara y de Pérez Balladares. No podemos aceptar que estemos destinados, como pretende hacernos ver el actual gobierno PRD, a ser una sociedad o país únicamente surtidores de materia prima y de mano de obra barata. Sería tanto como renunciar a nuestra dignidad humana. Aceptemos todo lo que venga de fuera con aire renovador y modernizante, si contribuye a que mejoren nuestras condiciones socioeconómicas, pero imprimiéndole nuestro propio sello. Desechemos lo que disminuya nuestras oportunidades, limite o imposibilite la realización de un futuro superior. Trabajemos por crecer, pero sin detrimento de nadie. Apoyemos y votemos por el ideario del Ingeniero Alberto Vallarino.
El pasado histórico ha sido decepcionante y si no puede soslayarse, tampoco debe generar una actitud inerte y contemplativa en la ciudadanía. No podemos, por ninguna circunstancia, mostrar indiferencia ante el desarrollo político, social y económico del país ya que estaríamos descuidando un deber social de trascendental importancia. Todos los panameños, con entusiasmo y voluntad para vencer democráticamente, sin sectarismos, contemporizando, tolerando y aceptando lo diverso, lo distinto, debemos participar e ir a votar por el candidato que ofrezca mejores propuestas en beneficio del país.
El que apoyemos a un candidato determinado no quiere decir, en absoluto, que pensamos ni estamos de acuerdo, cabalmente, con toda su forma de pensar. Eso es prácticamente imposible, pero al menos sí con gran parte de su ideario político y ello es lo que nos ha ocurrido en el caso del Ingeniero Alberto Vallarino. Por años, desde que surgió el neoliberalismo en Panamá, desde época del ex presidente Endara, nos hemos manifestado contrarios a esta doctrina. Aceptamos la interdependencia, la modernización, pero sin vulneraciones absurdas a nuestra soberanía y si debemos establecer alianzas con otras economías, debe lograrse siempre y cuando no se traduzca en mayor marginalidad o pobreza y en grados extremos de miseria. Si se polariza puede generarse la desesperación y una filosofía del hambre propicia a la violencia.
Hemos visto en Vallarino el único candidato que ha mostrado conciencia de esta realidad que parece muy difícil entender al actual gobierno y a los otros dos candidatos que aspiran al solio presidencial. Alberto Vallarino nos ha mostrado sus deseos de proporcionar cauce a la energía colectiva, porque como resulta obvio debemos avanzar, hay que crear riqueza para todos, pero siempre atemperando y equilibrando la acción invisible e implacable del mercado. El pueblo ha sido el soporte del poder político y sus límites de resistencia no deben ser puestos a prueba en una situación límite, pues de la resignación y el estoicismo se puede pasar a la frustración y la cólera.
Vallarino ha sabido escuchar el sentir del pueblo, sus anhelos, sus agobios y desesperanzas. Ha visto la profundidad de los problemas y de allí sus propuestas y sus reflejos a futuro que es lo que ha mostrado la diferencia con el resto de los candidatos carentes de un discurso con argumento. Mireya y Martín hablan casi igual, no crean entusiasmo, porque han olvidado las exigencias del pueblo y en sus programas y plataformas político-electorales, si bien mencionan algunos problemas de los que agobian hoy día al panameño, lo hacen sólo buscando el voto a favor y no porque los anime realmente la solución. Ambos ejercen los derechos que les concede la actual democracia electoral, pero no creen en una democracia social. Se valen de la democracia para lograr fines muy distintos a ella. Olvidan que las elecciones no hacen democracia. Ellas permiten legitimar la designación de autoridades, hacen operativo el funcionamiento del sistema político y contribuyen a que, cada cierto tiempo, las sociedades se proyecten y sueñen con su ideal de país. Pero, a pesar de esto, la mera realización de elecciones periódicas no constituye por sí sola una auténtica democracia ni garantiza por sí misma la libertad. La democracia descansa en valores, virtudes y principios, que nacen de la relación del hombre con su comunidad.
La construcción del sistema democrático es una tarea difícil y compleja. La realidad nos muestra que la gran mayoría de las democracias formales de hoy son apócrifas y limitadas sólo a lo político. Se han apartado de sus principios, transformándose en verdaderos autoritarismos: Ciertos grupos muy pequeños imponen a la sociedad sistemas y modos de pensar, de acuerdo a su conveniencia y afanes de poder, poniendo así un cerrojo a las necesidades y aspiraciones de la gente.
Es evidente que la desacreditación del poder en el mundo existe y creemos que Vallarino nos ofrece un sentido renovador de su ejercicio. Vallarino nos ha hablado de evitar los excesos de un poder vertical autoritario que resulta insostenible por el despertar de las fuerzas sociales y ha dejado deslizar un nuevo tema de gran actualidad: "La descentralización del gobierno", una necesidad impostergable para superar el esquema centralista. Se requiere además y lo dice cada vez con mayor énfasis- de nuevos esquemas fiscales más equitativos que proyecten un desarrollo nacional humano y sobre todo la creación de más fuentes de trabajo.
Me parece que las propuestas de Vallarino nos ofrecen el Panamá que muchos deseamos. Un país generador de riqueza que se distribuya equitativamente, de manera armónica, para evitar desequilibrios humillantes y desigualdades que laceran. Un país donde todos tengan derecho a una vivienda decorosa, alimento suficiente y vestido digno, donde puedan tener acceso a la cultura, a la educación, al trabajo, a la salud y al esparcimiento. Es lo que yo llamo justicia social y que el actual gobierno llama, peyorativamente, "paternalismo", pero olvidan que es el proyecto nacional que se encuentra establecido en la Constitución Nacional, la que sostenidamente han violado el gobierno de Endara y de Pérez Balladares. No podemos aceptar que estemos destinados, como pretende hacernos ver el actual gobierno PRD, a ser una sociedad o país únicamente surtidores de materia prima y de mano de obra barata. Sería tanto como renunciar a nuestra dignidad humana. Aceptemos todo lo que venga de fuera con aire renovador y modernizante, si contribuye a que mejoren nuestras condiciones socioeconómicas, pero imprimiéndole nuestro propio sello. Desechemos lo que disminuya nuestras oportunidades, limite o imposibilite la realización de un futuro superior. Trabajemos por crecer, pero sin detrimento de nadie. Apoyemos y votemos por el ideario del Ingeniero Alberto Vallarino.