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Porque la gente sí importa


La controversia generada en torno a la Caja de Seguro Social (CSS) y, especialmente, a su programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) llegó a su punto más álgido la semana pasada. Evidencia de esto dieron las manifestaciones y protestas callejeras por parte de los gremios y sindicatos de los trabajadores, por causa de la destitución del director general, Prof. Juan Jované. Como su contrapunto, obtuvieron los manifestantes una excesiva represión policial por parte del Estado, el jueves 11 de septiembre, y una custodia más moderada durante la masiva y ejemplarmente ordenada marcha de los trabajadores durante la tarde del 12 de septiembre. Con la intención de explicar la compleja y delicada situación que vivimos, identificaré los tipos de discurso y sus ideologías correspondientes, que se expresan en el escenario político nacional en tan dramáticos momentos para los panameños.
1. El discurso neoliberal de la derecha. Como es natural, en momentos de crisis, los discursos, las ideologías y acciones políticas se polarizan. El discurso neoliberal de la derecha imagina un Estado facilitador, ágil y casi inexistente. Donde el Gobierno Nacional deberá actuar igual que una empresa: debe generar, por encima de todo, crecimiento económico, riqueza. Elimina de su mentalidad el concepto de inversión social, porque, básicamente, no es rentable. El discurso "neoliberal" (en verdad neo-conservador por elitista) se reviste de un estilo "técnico", dizque pragmático, de la derecha conservadora de nuestro país, que insiste en que el problema de la CSS es simplemente contable y que se resuelve por simple aritmética, de suma y resta, ingresos y egresos. Insiste en que la morosidad de los empresarios es de apenas 1% aproximadamente, y que el Estado no debe subvencionar a la CSS porque ésta debe ser rentable y ceñirse al presupuesto que ella misma genera. Este discurso suele afirmar que defiende a la "Caja", a la "Institución", al "País" y no a las personas. Por eso su lenguaje es impersonal y su propuesta recarga la cuota de los trabajadores en reducción de gastos operativos, reducción de beneficios y aumento en el número de cuotas o edad de jubilación.
Lamentablemente, estos voceros no contabilizan en su prístina aritmética las prácticas de muchísimos empresarios de trabajadores reciclados y de los eternos eventuales, ambas figuras disfrazadas de "eventuales", para que aparezcan en sus libros con toda la apariencia de "legalidad". Estas prácticas de contratar cada tres meses a los mismos trabajadores en distintas empresas de los mismos dueños (planilla reciclada), son cada vez más frecuentes en el comercio panameño, conjuntamente con la práctica de otras empresas respecto a trabajadores que son recontratados, año tras año, después de algunas semanas de vacío laboral, cuando su contrato ha "expirado" (los eternos eventuales). Estas son apenas algunas argucias legales muy conocidas de evasión de cuotas a la CSS por parte de muchos de nuestros empresarios. Y lo peor de todo, es que estamos frente a un tecnicismo legal que le roba a nuestros trabajadores su tranquilidad laboral, atención médica, y su descanso y jubilación en su vejez. Y esto está sucediendo, lamentablemente, con la complicidad de las autoridades del Gobierno Nacional quienes, aún sabiendo, se hacen los ciegos, sordos y mudos.
Otra forma de evasión importantísima, por parte de los ejecutivos de empresa y altos funcionarios del Estado, y que los "técnicos" tampoco han cuantificado, es la categoría salarial de los "gastos de representación" que no pagan cuotas a la seguridad social. ¿Acaso no se trata de otra forma "legal" y millonaria de evasión al aporte social en Panamá? Para colmos, muchísimos empresarios han optado por la fórmula de las donaciones a causas caritativas, a través de clubes cívicos, con las cuales son exonerados de impuestos sobre la renta y obtienen de ellas, además, publicidad gratuita como "Benefactores de la Patria".
¿No hay algún "técnico", amante de la aritmética clara y cristalina, que se le haya ocurrido cuantificar la relación de costo-beneficio de estas prácticas, desde el punto de vista del Estado, o sea de todos los panameños? Porque ya hay quienes sospechamos que se trata de una especie de puritanismo hipócrita de la derecha...
Como si esto fuera poco, el discurso estatal del conservador Gobierno arnulfista, por su lado, distorsiona el trabajo informal de panameños en extrema pobreza (artesanos y vendedores ambulantes, principalmente) con el manto de "pequeña empresa", ignorando que si la supuesta "empresa" no produce excedentes y sólo permite la subsistencia de quien la ejerce, entonces debe clasificarse de trabajo informal (un verdadero infierno sin salida de la pobreza) y no como microempresa.
2. El discurso radical de la izquierda. El discurso rígido, deshumanizado y "técnico" de la derecha genera su antítesis, el discurso radical, como contestación y voz de los gremios y sindicatos de los trabajadores. Este discurso es, generalmente, macro económico, hostil y revolucionario. En su visión de la sociedad emerge el Estado totalitario: administrador absoluto y protector, eliminando al sector privado. Evita hacer un análisis específico, un estudio de caso, como el de la CSS. Ataca al sistema capitalista neoliberal (¿o neoconservador?) como el demonio del subdesarrollo, la pobreza, los ciclos económicos, el desempleo, etc., etc. Su acción política, no obstante, suele ser temporalmente amenazadora y, finalmente, razonable y pacifista frente a respuestas que representen una reivindicación para su clase (a veces, inclusive, es resignada y conciliadora frente algún revés político que ellos consideren inevitable, como fue el caso de las reformas al Código Laboral durante la administración de Pérez Balladares). Este discurso insiste en que el sistema capitalista está agotado y proponen, como panacea, el desgastado y desprestigiado, por totalitario, sistema socialista (de corte cubano, sandinista y chavista).
En su propuesta para la Caja, no obstante, presenta un proyecto integral, viable en el sistema democrático actual de Panamá: aumenta los ingresos de la CSS con la incorporación de activos de las áreas revertidas, excedentes del Canal, acciones de las empresas privatizadas, excedentes de otros programas de la CSS, disminución y castigo a la retención y evasión de cuotas, cese de subvenciones al Banco Nacional y al Ministerio de Salud por parte de la CSS, etc.
3. La propuesta del liberalismo social. Frente al escenario polarizado del Panamá actual, entre el Estado neoconservador propuesto irónicamente por los llamados neoliberales y el Estado socialista de los radicales de izquierda, frente al problema de la Caja de Seguro Social, surge la opción del Estado Benefactor del liberalismo social. Sí, ya sé que tampoco es perfecto, pero es lo mejor que conocemos. Este discurso adopta la metodología de la llamada economía substantiva, donde la gente sí importa. Donde no se trata apenas de sumar y restar, impersonalmente, sino de humanizar nuestras cifras con decisiones económicas sobre, por ejemplo, a quiénes estamos sumando y a quiénes restando... Descubre los tecnicismos legales, denuncia los maquillajes contables y señala las definiciones demagógicas que confunden y desvirtúan la economía substantiva, basada en el bienestar social como su meta y prioridad, donde el crecimiento económico es un instrumento, un medio para el bienestar común y la paz social, y no un fin en sí mismo (como lo sigue siendo para los conservadores de la derecha panameña). Su visión del Estado es integral y re-distributivo, donde los sectores más afluentes subvencionan la inversión social. Esta fórmula es democrática y se enmarca en la economía social de mercado. Tiene la ventaja sobre el modelo socialista (al menos, los conocidos históricamente) de respetar los derechos humanos. Y sobre el sistema neoliberal (conservador) representa un sistema de redistribución y nivelación, por parte del Estado, de las desigualdades generadas por el libre mercado.
¿Cuál es su defecto? Según sus detractores de la derecha, que resulta caro para los empresarios. ¿Quién lo paga? Todos, pues los impuestos (y cuotas al sistema social) que cada uno de los panameños debemos pagar, proporcionalmente a nuestros ingresos (y sin subterfugios, evasiones ni demagogias). Para sus detractores de izquierda, el Estado Benefactor resulta apenas un paliativo de la pobreza y un verdadero obstáculo para la revolución.
Al final, me parece a mí, es una fórmula viable, pacífica, justa y sin traumas que perfecciona la democracia y a todos beneficia con bienestar común y paz social.

101 años de Panamá América

 
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