Posibilismo y Constitución
Las constituciones no caen del cielo, sino que son producto de un determinado orden social, económico, político y cultural y del proyecto de país que sus ciudadanos quieran impulsar. A la pregunta de que si se requiere en esta coyuntura una real y democrática constituyente en Panamá, Simeón González responde afirmativamente"se trata de construir un poder constituyente fundante, que cree una nueva institucionalidad, que dé expresión a las mayorías nacionales, que libere al país de las trabas impuestas por poderes extrarregionales, que se apoye en nuestras propias fuerzas para construir un nuevo marco regulativo de la vida social, que humanice las mismas relaciones sociales permitiéndonos construir una identidad nacional, en fin, que nos otorgue el grado de libertad que requiere un nuevo mundo civilizado. ¿Utopía? Tal vez. Pero no es imposible de obtener".
Panamá se encuentra en un cruce de caminos donde se abren un sinfín de posibilidades, y requiere una Constitución no emparchada, sino nueva que exprese las aspiraciones y necesidades de la ciudadanía. Las experiencias de concertación que ha tenido, con todo y sus fallas (Pacto Etico Electoral, Encuentros Panamá 2000, Visión 2020, pactos sobre la mujer, la descentralización), contribuyen a delinear el camino hacia un acuerdo político nacional de la sociedad política y la sociedad civil en favor de una nueva Consitución.
Construir una nueva Constitución es repensar el país, pues a través de estructurar las bases fundamentales del orden jurídico, es posible contribuir a establecer un país más democrático, equitativo, participativo e incluyente.
¿Es esto posible? ¿Son las élites políticas conscientes de que en la actualidad confluye una triple crisis en el país (económica-social, política y ética), con un saldo de un tremendo desplome de la credibilidad no sólo en los partidos, sino en los tres órganos del Estado?
El caso Afú desencadenó reacciones de un sentimiento presente desde hace tiempo en la ciudadanía. Es un error grave minimizar la opinión ciudadana, que no se manifieste masivamente en las calles, pues vive sumergida en la incredulidad y la impotencia.
¡Qué mejor homenaje al centenario republicano que dotarnos de una Constitución surgida de la mejor propuesta posible de país!
Resiliencia, define Ramón Folch, es la resistencia de los sistemas a abandonar situaciones de estabilidad.
Es una especie de pereza al cambio cuando el presente funciona y se tiende a ser como ya fue. En Panamá existe resiliencia en aquéllos que piensan que esta realidad todavía funciona, o que sólo hay que realizar cambios cosméticos para que la vida siga igual. Caen pues en la histéresis, que es la tardanza en responder a un estímulo, lo que los lleva atropelladamente a impulsar respuestas desproporcionadas y tardías.
Frente a ello hay que levantar el posibilismo, el arte de hacer posible lo imposible(o por lo menos, de no hacer imposible lo posible). Es la habilidad para poner los recursos al servicio de las ideas. A esto nos invita la realidad actual. Es necesaria una nueva Constitución, pero también un vigoroso programa de cambios para enfrentar la pobreza y la falta de equidad: democracia y desarrollo. Democracia con participación y desarrollo sostenible e incluyente. Ambas deben caminar juntos para hacer Patria para todos y todas en segundo centenario.
El primer paso del camino democrático debe ser constituir una Asamblea Constituyente democrática, surgida del voto popular y con la más amplia participación ciudadana, funcionando por un tiempo limitado y legitimada por el consenso político de toda la sociedad.
Un paso clave en el desarrollo sería construir una estrategia nacional de desarrollo consultada y participada, que incluyera los cambios necesarios (educación, transformación agraria, descentralización y fortalecimiento del poder local, transparencia y efectividad del gasto social, empleo etc) para combatir una pobreza desmesurada en relación a los recursos y potencialidades del país.
Una nueva Constitución renovaría a la clase política panameña hoy tan desacreditada, estimularía la participación ciudadana hoy tan limitada, profundizaría la democracia panameña hoy tan incipiente, y llevaría un mensaje a todo el mundo que hablaría muy bien de la capacidad nacional de consenso y convocatoria que este esfuerzo exige. Es posible si queremos hacerlo.
(raulleisr@hotmail.com)
Panamá se encuentra en un cruce de caminos donde se abren un sinfín de posibilidades, y requiere una Constitución no emparchada, sino nueva que exprese las aspiraciones y necesidades de la ciudadanía. Las experiencias de concertación que ha tenido, con todo y sus fallas (Pacto Etico Electoral, Encuentros Panamá 2000, Visión 2020, pactos sobre la mujer, la descentralización), contribuyen a delinear el camino hacia un acuerdo político nacional de la sociedad política y la sociedad civil en favor de una nueva Consitución.
Construir una nueva Constitución es repensar el país, pues a través de estructurar las bases fundamentales del orden jurídico, es posible contribuir a establecer un país más democrático, equitativo, participativo e incluyente.
¿Es esto posible? ¿Son las élites políticas conscientes de que en la actualidad confluye una triple crisis en el país (económica-social, política y ética), con un saldo de un tremendo desplome de la credibilidad no sólo en los partidos, sino en los tres órganos del Estado?
El caso Afú desencadenó reacciones de un sentimiento presente desde hace tiempo en la ciudadanía. Es un error grave minimizar la opinión ciudadana, que no se manifieste masivamente en las calles, pues vive sumergida en la incredulidad y la impotencia.
¡Qué mejor homenaje al centenario republicano que dotarnos de una Constitución surgida de la mejor propuesta posible de país!
Resiliencia, define Ramón Folch, es la resistencia de los sistemas a abandonar situaciones de estabilidad.
Es una especie de pereza al cambio cuando el presente funciona y se tiende a ser como ya fue. En Panamá existe resiliencia en aquéllos que piensan que esta realidad todavía funciona, o que sólo hay que realizar cambios cosméticos para que la vida siga igual. Caen pues en la histéresis, que es la tardanza en responder a un estímulo, lo que los lleva atropelladamente a impulsar respuestas desproporcionadas y tardías.
Frente a ello hay que levantar el posibilismo, el arte de hacer posible lo imposible(o por lo menos, de no hacer imposible lo posible). Es la habilidad para poner los recursos al servicio de las ideas. A esto nos invita la realidad actual. Es necesaria una nueva Constitución, pero también un vigoroso programa de cambios para enfrentar la pobreza y la falta de equidad: democracia y desarrollo. Democracia con participación y desarrollo sostenible e incluyente. Ambas deben caminar juntos para hacer Patria para todos y todas en segundo centenario.
El primer paso del camino democrático debe ser constituir una Asamblea Constituyente democrática, surgida del voto popular y con la más amplia participación ciudadana, funcionando por un tiempo limitado y legitimada por el consenso político de toda la sociedad.
Un paso clave en el desarrollo sería construir una estrategia nacional de desarrollo consultada y participada, que incluyera los cambios necesarios (educación, transformación agraria, descentralización y fortalecimiento del poder local, transparencia y efectividad del gasto social, empleo etc) para combatir una pobreza desmesurada en relación a los recursos y potencialidades del país.
Una nueva Constitución renovaría a la clase política panameña hoy tan desacreditada, estimularía la participación ciudadana hoy tan limitada, profundizaría la democracia panameña hoy tan incipiente, y llevaría un mensaje a todo el mundo que hablaría muy bien de la capacidad nacional de consenso y convocatoria que este esfuerzo exige. Es posible si queremos hacerlo.
(raulleisr@hotmail.com)