Postule, Monseñor... (II Parte)
El historial aparecido en el artículo de ayer es necesario para tratar de entender la encrucijada del presente, nada menos que el año número cien de nuestra vida republicana, en que por coincidencia pareciese existir clamor generalizado por una nueva carta magna. Centenares de miles de panameños viven un presente sombrío. La confianza del pueblo, socavada por el descrédito de los estamentos del poder público, es caldo apropiado para individuos y grupos que abogan por el cambio constitucional como solución inmediata. Importantes personajes y organizaciones cívicas, sociales, gremiales y religiosas miren la asamblea constituyente como una especie de conjuro mágico que eliminará los fajos de billetes y las fabulosas prebendas de impunes legisladores, al mismo tiempo que echará del templo a magistrados impuros y devolverá la confianza en un futuro más próspero.
La quinta papeleta es uno de los mecanismos esgrimidos para lograr la Constitución del Nuevo Milenio. Un organismo denominado FORO PANAMA 20-20 es el principal promotor de que en las elecciones de próximo mayo se incluya una papeleta para que los electores voten si quieren una asamblea constituyente paralela. Igual objetivo persigue el Comité Ecuménico, a la puerta de cada templo y en las oficinas parroquiales, por dos meses habrá libretas para recolección de firmas en apoyo de esa iniciativa. Lo dicen las encuestas, la idea parece bien al pueblo y en medio de la presente campaña política, el tema constitucional ha surgido con tanta vehemencia que ha obligado a todos los candidatos presidenciales a tomar posiciones a favor de la papeleta extra o de una eventual asamblea constituyente, pero con diferentes "hojas de ruta". Percibo a los grupos "constituyentes", más elitistas que populares, pero hoy día tiene el peso de una avalancha cuesta abajo, mas todavía están lejos del objetivo propuesto y es notorio que entre el Comité Ecuménico y VISION 20-20 hay sustanciales discrepancias en metodología y estrategias; también hay importantes diferencias conceptuales entre los dirigentes de este último movimiento.
Los más audaces abogan por una asamblea constituyente que surja prístina, impoluta partenogénesis de la sociedad civil. ¿Significa que los ciudadanos constituyentes serán escogidos por una especie divina, un ser supremo, inefable y puro? Por supuesto que no, la idea básica es milenaria, viene del ágora griega, abrir postulación libre para toda persona que desee proponer su nombre a un electorado que escogerá los ciudadanos que le parezcan adecuados para este urgente e importante servicio a la patria. Parte consustancial del planteamiento de los voceros más obcecados es montar la constituyente al margen de la Asamblea Legislativa y de los partidos políticos que todo lo contaminan, aunque siendo demócratas, a regañadientes aceptan que habrá de permitirse a los partidos presentar candidatos.
¿Qué tal si nombramos pan al pan y vino al vino? La respuesta es extremista que peca de inconstitucional e ilegal, atenta contra los órganos de poder constituidos; el estado de Derecho no permite libre postulación ni elección de una asamblea constituyente paralela, apoyada en una quinta papeleta, a dedo o por medio de elección popular, por inmaculada que ésta resulte ser. Conforme ordena el artículo 308 de nuestra carta magna, cualquier reforma exige aprobación de la Asamblea Legislativa, misma que quieren ignorar.
Solamente hay una vía para instaurar o reformar la carta magna a contrapelo de los órganos constituidos: Por la fuerza, imponerla mediante un despliegue irresistible de poderes materiales y políticos, el apoyo moral por grande que fuere no es suficiente. Para triunfar, las organizaciones, que de hecho están canalizando el sentimiento de la opinión pública a favor de la constituyente, deben establecer estrategias comunes, analizar si les conviene o tienen o tendrán que escoger una vía de negociación o fuerza para imponer el cambio contra los órganos estatales constituidos, incluyendo los partidos políticos y señores ¿hasta dónde están dispuestos a llegar? Roguemos que los diferentes componentes del movimiento constituyente mediten, se empapen del patriotismo y la sabiduría necesaria para que escojan el camino que permita a la nación, salir de la presente encrucijada sin mayores traumas que los agobiantes tiempos que nos está tocando vivir.
La crisis que vivimos actualmente los panameños es más una crisis de espíritu que de materia. Su dimensión material es innegable y se manifiesta en una falta de trabajo y de ingresos suficientes para muchos panameños. Pero la crisis tiene una raíz espiritual en nuestra sociedad. El Informe de Desarrollo Humano Panamá 2000 revela en detalle la situación, por ejemplo las dramáticas disparidades en analfabetismo, mortalidad antes de los 40 años, desnutrición, etc.. Por eso "en el Panamá de hoy coexisten casi sin rozarse, dos países: el país de los no pobres y el país de los pobres... en la penumbra panameña hay mucha pobreza. Lo significativo es que la pobreza panameña no es sólo un problema técnico, ni científico, ni legal, ni económico: se trata fundamental y críticamente de un problema ético-social que trasciende los intereses de un sector específico para tornarse, por otra parte, en un problema político. Su abordaje obliga a construir consenso entre todos los sectores, incluyendo a los mismos conciudadanos pobres, porque se trata de un tema que en verdad afecta a toda la sociedad.". De allí que la primera necesidad de Panamá hoy en día, según el informe del PNUD en el documento de 2002, sea "una cultura de desarrollo humano" de manera que cada uno de los panameños y panameñas adquiera y ponga en práctica el conocimiento, los valores, y las actitudes relacionados con la confianza, la solidaridad, la identidad, el orgullo, la motivación, y el espiritu emprendedor.
Ello nos subraya que si bien un cambio constitucional puede ser un instrumento útil para la superación de la crisis de un país, su efectividad depende de que se genere una transformación ético-social. Sin cultura política renovada los cambios constitucionales no darán el resultado esperado y terminarán por decepcionar.
Si siguiéramos el rumbo recomendado le rendiríamos homenaje a nuestros Próceres, que hace cien años fundaron la República con una constitución animada por un espíritu de moderación y tolerancia. Nos haríamos un enorme bien a nosotros mismos si hacemos nuestros los mismos ideales republicanos de "concordia la espléndida luz" y al "trabajo sin más dilación" que caracterizaron a nuestros Próceres.
La quinta papeleta es uno de los mecanismos esgrimidos para lograr la Constitución del Nuevo Milenio. Un organismo denominado FORO PANAMA 20-20 es el principal promotor de que en las elecciones de próximo mayo se incluya una papeleta para que los electores voten si quieren una asamblea constituyente paralela. Igual objetivo persigue el Comité Ecuménico, a la puerta de cada templo y en las oficinas parroquiales, por dos meses habrá libretas para recolección de firmas en apoyo de esa iniciativa. Lo dicen las encuestas, la idea parece bien al pueblo y en medio de la presente campaña política, el tema constitucional ha surgido con tanta vehemencia que ha obligado a todos los candidatos presidenciales a tomar posiciones a favor de la papeleta extra o de una eventual asamblea constituyente, pero con diferentes "hojas de ruta". Percibo a los grupos "constituyentes", más elitistas que populares, pero hoy día tiene el peso de una avalancha cuesta abajo, mas todavía están lejos del objetivo propuesto y es notorio que entre el Comité Ecuménico y VISION 20-20 hay sustanciales discrepancias en metodología y estrategias; también hay importantes diferencias conceptuales entre los dirigentes de este último movimiento.
Los más audaces abogan por una asamblea constituyente que surja prístina, impoluta partenogénesis de la sociedad civil. ¿Significa que los ciudadanos constituyentes serán escogidos por una especie divina, un ser supremo, inefable y puro? Por supuesto que no, la idea básica es milenaria, viene del ágora griega, abrir postulación libre para toda persona que desee proponer su nombre a un electorado que escogerá los ciudadanos que le parezcan adecuados para este urgente e importante servicio a la patria. Parte consustancial del planteamiento de los voceros más obcecados es montar la constituyente al margen de la Asamblea Legislativa y de los partidos políticos que todo lo contaminan, aunque siendo demócratas, a regañadientes aceptan que habrá de permitirse a los partidos presentar candidatos.
¿Qué tal si nombramos pan al pan y vino al vino? La respuesta es extremista que peca de inconstitucional e ilegal, atenta contra los órganos de poder constituidos; el estado de Derecho no permite libre postulación ni elección de una asamblea constituyente paralela, apoyada en una quinta papeleta, a dedo o por medio de elección popular, por inmaculada que ésta resulte ser. Conforme ordena el artículo 308 de nuestra carta magna, cualquier reforma exige aprobación de la Asamblea Legislativa, misma que quieren ignorar.
Solamente hay una vía para instaurar o reformar la carta magna a contrapelo de los órganos constituidos: Por la fuerza, imponerla mediante un despliegue irresistible de poderes materiales y políticos, el apoyo moral por grande que fuere no es suficiente. Para triunfar, las organizaciones, que de hecho están canalizando el sentimiento de la opinión pública a favor de la constituyente, deben establecer estrategias comunes, analizar si les conviene o tienen o tendrán que escoger una vía de negociación o fuerza para imponer el cambio contra los órganos estatales constituidos, incluyendo los partidos políticos y señores ¿hasta dónde están dispuestos a llegar? Roguemos que los diferentes componentes del movimiento constituyente mediten, se empapen del patriotismo y la sabiduría necesaria para que escojan el camino que permita a la nación, salir de la presente encrucijada sin mayores traumas que los agobiantes tiempos que nos está tocando vivir.
La crisis que vivimos actualmente los panameños es más una crisis de espíritu que de materia. Su dimensión material es innegable y se manifiesta en una falta de trabajo y de ingresos suficientes para muchos panameños. Pero la crisis tiene una raíz espiritual en nuestra sociedad. El Informe de Desarrollo Humano Panamá 2000 revela en detalle la situación, por ejemplo las dramáticas disparidades en analfabetismo, mortalidad antes de los 40 años, desnutrición, etc.. Por eso "en el Panamá de hoy coexisten casi sin rozarse, dos países: el país de los no pobres y el país de los pobres... en la penumbra panameña hay mucha pobreza. Lo significativo es que la pobreza panameña no es sólo un problema técnico, ni científico, ni legal, ni económico: se trata fundamental y críticamente de un problema ético-social que trasciende los intereses de un sector específico para tornarse, por otra parte, en un problema político. Su abordaje obliga a construir consenso entre todos los sectores, incluyendo a los mismos conciudadanos pobres, porque se trata de un tema que en verdad afecta a toda la sociedad.". De allí que la primera necesidad de Panamá hoy en día, según el informe del PNUD en el documento de 2002, sea "una cultura de desarrollo humano" de manera que cada uno de los panameños y panameñas adquiera y ponga en práctica el conocimiento, los valores, y las actitudes relacionados con la confianza, la solidaridad, la identidad, el orgullo, la motivación, y el espiritu emprendedor.
Ello nos subraya que si bien un cambio constitucional puede ser un instrumento útil para la superación de la crisis de un país, su efectividad depende de que se genere una transformación ético-social. Sin cultura política renovada los cambios constitucionales no darán el resultado esperado y terminarán por decepcionar.
Si siguiéramos el rumbo recomendado le rendiríamos homenaje a nuestros Próceres, que hace cien años fundaron la República con una constitución animada por un espíritu de moderación y tolerancia. Nos haríamos un enorme bien a nosotros mismos si hacemos nuestros los mismos ideales republicanos de "concordia la espléndida luz" y al "trabajo sin más dilación" que caracterizaron a nuestros Próceres.