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Powell, el gran conciliador


Durante años, diplomáticos europeos destacados en Latinoamérica se divertían por la amplia cobertura que recibían las visitas de los altos funcionarios de Estados Unidos. "Es el interés que generan los viajes de los procónsules por sus dominios", ironizaban en privado. Sin embargo, tanto en Alemania, como en Rusia y Gran Bretaña, la reciente gira del secretario de Estado, Colin Powell, nos muestra que los medios en Latinoamérica no están solos. En Berlín, todos los periódicos desplegaron fotografías del siempre sonriente Powell en sus primeras planas, acompañadas por largos reportajes que llenaban dos páginas en periódicos como DerTagesspiegel, de mayor circulación en la capital alemana.
Asimismo, la forma insistente y detallada en que la radio y la televisión presentaron la información -con reportajes de sus actividades casi de minuto a minuto- puede compararse favorablemente la visita de un jefe de Estado. Por cierto, en lo que respecta a la visita relámpago de Powell a Berlín es el fondo político, o sea el grave desentendimiento entre Berlín y Washington, que subraya la importancia del viaje.
Hay quienes consideran que las relaciones entre los dos países, Alemania y Estados Unidos, no han sufrido un desgaste semejante desde las diferencias que surgieron en la década del "50 cuando el entonces canciller socialdemócrata Willy Brandt lanzó su "Ostpolitik" de acercamiento con la Unión Soviética. La iniciativa, inicialmente, fue vista con gran desconfianza por el gobierno del presidente Dwight D. Eisenhower, especialmente por su conservador secretario de Estado, John Foster Dulles, quien desconfiaba de Brandt y los socialdemócratas como aliados en los que no se puede confiar, al igual como el grupo derechista del equipo de Bush desconfía de los "aliados" de Berlín y París.
De hecho, los observadores aquí consideran que las diferencias actuales entre Berlín y Washington son más complejas y difíciles de subsanar que hace 50 años. Una razón es la diferencia entre Eisenhower, que tuvo una incomparable experiencia en el manejo de alianzas como jefe del Estado Mayor de las fuerzas aliadas durante la II Guerra Mundial, y el actual primer mandatario de EU que tiene relativamente poquísimo conocimiento del manejo de las relaciones internacionales.
Esto no es un buen augurio para un período de las tensiones que han empañado las relaciones entre Berlín y Washington desde los comienzos del año cuando el canciller federal alemán, Gerhard Schroeder, rechazó enfáticamente la guerra contra Irak. Aunque su ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, goza de excelentes relaciones con Powell y el primer ministro Tony Blair, el principal aliado del presidente Bush, Schroeder es considerado uno de los políticos europeos que más detestan los "halcones" que rodean al presidente estadounidense. "Nos damos cuenta perfectamente que Powell juega el papel del "Gran Conciliador" en el equipo de Bush," comentó un experto alemán. "Pero el temor que tenemos es que la voz de (el secretario de Defensa) Donald Rumsfeld, que es el "Gran Inquisidor", es la que tiene más resonancia en los pasillos de la Casa Blanca".
La delicada misión de Powell no se le escapó a Hermann Tertsch, el veterano comentarista sobre política europea de El País de Madrid. Aludiendo a las recientes décadas en las que nada era más común que las visitas recíprocas entre los altos funcionarios alemanes y estadounidenses, Tertsch señala: "Lo que durante medio siglo apenas ha sido noticia, ahora es un acontecimiento extraordinario. Hacia seis meses que no acudía a Berlín ningún miembro de cierto rango de la administración norteamericana". "Desde ayer está muy claro que los intentos de Berlín y de París de pasar rápidamente página y olvidar su enfrentamiento con Washington, que tanta popularidad efímera les dio antes y durante la guerra en Irak, están de momento condenados al fracaso. Powell ha dejado claro que son los alemanes los que tienen que recomponer los platos rotos."
A diferencia de Powell, quien cada vez que puede señala que las diferencias sobre Irak "han quedado atrás" y que es hora de "seguir adelante", está claro que para Bush y los halcones, como el vicepresidente Dick Cheney, Rumsfeld y los asesores civiles del Pentágono, cada día se aferran más a la esperanza de que caiga el gobierno de Schroeder, que enfrenta duros problemas económicos, para que sea substituido por uno de derecha.
Tan obvio es esto, que Bush no pudo resistir la tentación, el pasado viernes, de sumarse a una reunión que Cheney tenía en la Casa Blanca con un político conservador alemán, el primer ministro del estado de Hesse, Roland Koch, que cada día se perfila más para desplazar a la legisladora Merkel, que actualmente lidera la Unión Demócrata Cristiana, el principal partido de oposición.

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