Práctica de futuros médicos
Cuando una familia requiere los servicios de un médico no le pregunta si se graduó en una universidad estatal o en una privada. Lo que esencialmente le interesa al paciente es la eficiencia y sentido de la responsabilidad del médico. Estas reflexiones de sentido común tropiezan con la pugna existente por las prácticas de los estudiantes de medicina en hospitales de la Caja de Seguro Social y del Ministerio de Salud.
Las autoridades de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá al principio se oponían a que estudiantes de universidades privadas desarrollaran sus prácticas en hospitales y clínicas estatales, reclamando el monopolio de la práctica. Luego han propuesto un derecho de uso preferencial. Sin embargo, con acertado criterio, la Caja de Seguro Social y las universidades privadas deliberan en torno a un convenio que permita la práctica de los estudiantes de medicina en sus centros asistenciales.
Este es un nuevo caso en que la dicotomía Estado/ Empresa Privada muestra su irracionalidad porque establece la existencia de compartimentos estancos artificiales donde hay vasos comunicantes y convergencia de objetivos.
No olvidemos que las universidades estatales se nutren del presupuesto general de la República y el presupuesto se alimenta de los impuestos de personas jurídicas y personas naturales, vale decir empresas privadas y contribuyentes personales. Las diferencias entre una universidad estatal y una privada son de orden administrativo, pero en lo académico las currículas son sustancialmente las mismas. Más aún en nuestro abono, los mismos profesores enseñan en ambos tipos de universidades.
Pero lo trascendente es que Panamá debe contar con médicos que combinen la enseñanza teórica y el aprendizaje práctico y que de esa armonización resulten auténticos profesionales, cuyo objetivo final debe ser la atención del recurso humano. El exclusivismo lesiona las miras humanitarias del ejercicio de la medicina y tan nocivo es el monopolio estatal como el privilegio privatista.
El gasto mensual de la Asamblea Legislativa es extremadamente alto, principalmente por razones de salarios exagerados a personas que ni asisten al pleno. Además, se le tiene que pagar a dos suplentes por Legislador y no felices con esto, se puede contratar a consultores independientes con salarios que, estoy segura, no son mínimos. Si hemos escogido a un legislador que necesita de dos suplentes y encima de consultores, entonces ese legislador no es apto para esa posición.
Si se sumaran solamente los gastos anuales que se van en salarios, gastos de representación, dietas, etc. de sólo los legisladores, se podría tener suficiente dinero en un año para arreglar gran parte de las carreteras urbanas o las rurales, se podría empezar a limpiar la bahía, montar el tren ligero, o usarlo para proyectos de ayuda social. No veo cómo los panameños nos beneficiamos con tener a 71 legisladores, más dos suplentes por cada uno. Eso no es una inversión, es un gasto.
Las autoridades de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá al principio se oponían a que estudiantes de universidades privadas desarrollaran sus prácticas en hospitales y clínicas estatales, reclamando el monopolio de la práctica. Luego han propuesto un derecho de uso preferencial. Sin embargo, con acertado criterio, la Caja de Seguro Social y las universidades privadas deliberan en torno a un convenio que permita la práctica de los estudiantes de medicina en sus centros asistenciales.
Este es un nuevo caso en que la dicotomía Estado/ Empresa Privada muestra su irracionalidad porque establece la existencia de compartimentos estancos artificiales donde hay vasos comunicantes y convergencia de objetivos.
No olvidemos que las universidades estatales se nutren del presupuesto general de la República y el presupuesto se alimenta de los impuestos de personas jurídicas y personas naturales, vale decir empresas privadas y contribuyentes personales. Las diferencias entre una universidad estatal y una privada son de orden administrativo, pero en lo académico las currículas son sustancialmente las mismas. Más aún en nuestro abono, los mismos profesores enseñan en ambos tipos de universidades.
Pero lo trascendente es que Panamá debe contar con médicos que combinen la enseñanza teórica y el aprendizaje práctico y que de esa armonización resulten auténticos profesionales, cuyo objetivo final debe ser la atención del recurso humano. El exclusivismo lesiona las miras humanitarias del ejercicio de la medicina y tan nocivo es el monopolio estatal como el privilegio privatista.
El gasto mensual de la Asamblea Legislativa es extremadamente alto, principalmente por razones de salarios exagerados a personas que ni asisten al pleno. Además, se le tiene que pagar a dos suplentes por Legislador y no felices con esto, se puede contratar a consultores independientes con salarios que, estoy segura, no son mínimos. Si hemos escogido a un legislador que necesita de dos suplentes y encima de consultores, entonces ese legislador no es apto para esa posición.
Si se sumaran solamente los gastos anuales que se van en salarios, gastos de representación, dietas, etc. de sólo los legisladores, se podría tener suficiente dinero en un año para arreglar gran parte de las carreteras urbanas o las rurales, se podría empezar a limpiar la bahía, montar el tren ligero, o usarlo para proyectos de ayuda social. No veo cómo los panameños nos beneficiamos con tener a 71 legisladores, más dos suplentes por cada uno. Eso no es una inversión, es un gasto.