Pragmatismo y oportunismo
En su "fascinante y absorbente" libro, " En nuestras propias voces: Panamá Protesta 1968-1989", la antropóloga panameña Brittmarie Janson Pérez, en una obra que el historiador Alfredo Castillero Calvo califica como "un trabajo académico, serena, objetiva y largamente meditado, cuyo principal propósito es analizar el comportamiento político del pueblo panameño durante ese largo período"; dedica parte del capítulo introductorio a analizar lo que ella denomina " Herencias del pasado".
La autora nos traza, con metodología científica, los efectos que sobre la cultura panameña han tenido su reducida extensión geográfica y su papel transitista. Nos habla, por ejemplo, del "personalismo y redes sociales" para destacar cómo " la historia panameña de los últimos 200 años es como un drama teatral dominado por los mismos personajes, escena tras escena, porque los que envejecieron y murieron fueron remplazados por parientes con nombres idénticos o muy parecidos. Sólo en el elenco de los actores desafiantes de las clases dominadas, quienes aparecen en la escena brevemente y desaparecen para siempre, hay cambio de nombres". Esto, a pesar de haber ingresado al siglo XXI, sigue siendo una verdad de a puño y la proximidad del torneo electoral del 2004 lo evidenciará aún más.
Enfatiza también en " la dependencia generalizada en las redes familiares y sociales para obtener bienes y servicios. El funcionamiento de estas redes está basado en la reciprocidad y puede perseguir tanto fines egoístas e interesados, como ser motivado por la compasión y el altruismo". En efecto, durante el presente gobierno se pueden palpar, como nunca antes en nuestra formación social, los graves efectos negativos de lo anterior, ante la descarada actitud gubernamental de "colocar en posiciones a personas que no tienen la capacidad necesaria para ocuparlas". Y se revela como nunca antes veraz también, el análisis de Janson Pérez de que ello "fomenta el nepotismo, el favoritismo, la corrupción, así como también el resentimiento social en los marginados".
Lo novedoso no es ni el nepotismo, ni el favoritismo, ni la corrupción. Lo novedoso ahora es el descaro y la impunidad de las actuaciones de las autoridades nominadoras y de los beneficiarios, sean familia, parientes, amigos o "arrimados". Después de todo, se nos repetirá una vez más: "Panamá es un país pequeño y todos nos conocemos". Lo que no se nos dice es el daño irreversible que se le hace no sólo al funcionamiento del gobierno sino al necesario desarrollo institucional y social que debe tener nuestra sociedad. Sin embargo, las declaraciones justificando estas prácticas abundan y son aplaudidas por todos los funcionarios de alta jerarquía que no opinan en contrario y por quienes se ven beneficiados. En otras palabras, estamos atrapados entre los que han sido corruptos, lo que lo son y los que aprenden y aspiran a serlo.
Nuestra "clase política", como ella misma se denomina y se hace llamar, continúa viendo los "cargos públicos como inversiones que deben producirles ganancias y también empleos en la burocracia para los miembros de sus redes familiares y sociales", como bien lo recalca Janson Pérez; para inmediatamente subrayar que: " En general, hay escasa tradición de otorgar posiciones en el Gobierno en base a méritos individuales y casi ninguna visión del puesto burocrático como una obligación de rendir servicio a la comunidad. Hay ambiente de tolerancia, pero también en la contienda entre grupos del sector dominante, por el poder político y económico, prevalecen el pragmatismo, amiguismo y oportunismo".
Hoy estamos viviendo la apoteosis de un comportamiento que ha predominado a lo largo de más de dos siglos, pero que empieza a agotarse. De ahí que resulten hoy más escandalosos que ayer, los comportamientos gubernamentales que se alimentan de la corrupción, del oportunismo, etc. La sociedad está harta de ver a "los mismos con las mismas". La sociedad ha empezado a clamar por un cambio, pero se niegan a escucharla y se dedican a engañarla. Pero por más que recurran a la demagogia, a la falacia, al favoritismo, a la presión, a la intimidación y a la persecución, no podrán " engañar a todos todo el tiempo". El tiempo se les acaba, al igual que al pueblo se le agota la paciencia.
(mabernal@sinfo.net)
La autora nos traza, con metodología científica, los efectos que sobre la cultura panameña han tenido su reducida extensión geográfica y su papel transitista. Nos habla, por ejemplo, del "personalismo y redes sociales" para destacar cómo " la historia panameña de los últimos 200 años es como un drama teatral dominado por los mismos personajes, escena tras escena, porque los que envejecieron y murieron fueron remplazados por parientes con nombres idénticos o muy parecidos. Sólo en el elenco de los actores desafiantes de las clases dominadas, quienes aparecen en la escena brevemente y desaparecen para siempre, hay cambio de nombres". Esto, a pesar de haber ingresado al siglo XXI, sigue siendo una verdad de a puño y la proximidad del torneo electoral del 2004 lo evidenciará aún más.
Enfatiza también en " la dependencia generalizada en las redes familiares y sociales para obtener bienes y servicios. El funcionamiento de estas redes está basado en la reciprocidad y puede perseguir tanto fines egoístas e interesados, como ser motivado por la compasión y el altruismo". En efecto, durante el presente gobierno se pueden palpar, como nunca antes en nuestra formación social, los graves efectos negativos de lo anterior, ante la descarada actitud gubernamental de "colocar en posiciones a personas que no tienen la capacidad necesaria para ocuparlas". Y se revela como nunca antes veraz también, el análisis de Janson Pérez de que ello "fomenta el nepotismo, el favoritismo, la corrupción, así como también el resentimiento social en los marginados".
Lo novedoso no es ni el nepotismo, ni el favoritismo, ni la corrupción. Lo novedoso ahora es el descaro y la impunidad de las actuaciones de las autoridades nominadoras y de los beneficiarios, sean familia, parientes, amigos o "arrimados". Después de todo, se nos repetirá una vez más: "Panamá es un país pequeño y todos nos conocemos". Lo que no se nos dice es el daño irreversible que se le hace no sólo al funcionamiento del gobierno sino al necesario desarrollo institucional y social que debe tener nuestra sociedad. Sin embargo, las declaraciones justificando estas prácticas abundan y son aplaudidas por todos los funcionarios de alta jerarquía que no opinan en contrario y por quienes se ven beneficiados. En otras palabras, estamos atrapados entre los que han sido corruptos, lo que lo son y los que aprenden y aspiran a serlo.
Nuestra "clase política", como ella misma se denomina y se hace llamar, continúa viendo los "cargos públicos como inversiones que deben producirles ganancias y también empleos en la burocracia para los miembros de sus redes familiares y sociales", como bien lo recalca Janson Pérez; para inmediatamente subrayar que: " En general, hay escasa tradición de otorgar posiciones en el Gobierno en base a méritos individuales y casi ninguna visión del puesto burocrático como una obligación de rendir servicio a la comunidad. Hay ambiente de tolerancia, pero también en la contienda entre grupos del sector dominante, por el poder político y económico, prevalecen el pragmatismo, amiguismo y oportunismo".
Hoy estamos viviendo la apoteosis de un comportamiento que ha predominado a lo largo de más de dos siglos, pero que empieza a agotarse. De ahí que resulten hoy más escandalosos que ayer, los comportamientos gubernamentales que se alimentan de la corrupción, del oportunismo, etc. La sociedad está harta de ver a "los mismos con las mismas". La sociedad ha empezado a clamar por un cambio, pero se niegan a escucharla y se dedican a engañarla. Pero por más que recurran a la demagogia, a la falacia, al favoritismo, a la presión, a la intimidación y a la persecución, no podrán " engañar a todos todo el tiempo". El tiempo se les acaba, al igual que al pueblo se le agota la paciencia.
(mabernal@sinfo.net)