Predicar y practicar
Puntuales y muy acertados los comentarios de Juan Carlos Tapia en su programa "Lo mejor del boxeo", del pasado 22 de mayo de 2008. Hizo diana en el mero centro al denunciar que uno de los problemas principales de nuestra política es la falta de credibilidad de los aspirantes a gobernar. Y de los que gobiernan, agrego yo. Y es que no pueden tener credibilidad ni inspirar confianza quienes, en las épocas preelectorales, prometen "el cielo y la tierra" pero han sido incapaces o no les ha importado honrar sus promesas o, simplemente, están muy lejos de practicar lo que predican.
Encontré muy ilustrativos los ejemplos de aquellos empresarios políticos y políticos y políticas, a secas, que, habiendo tenido la oportunidad de demostrar la agudizada sensibilidad que les brota por los poros cuando se acercan las elecciones, nunca la aplicaron en sus negocios, subiéndole los sueldos a sus empleados, disminuyendo el precio de los artículos que venden en sus comercios o que después de ser parte del gobierno al más alto nivel y ejercer cargos de ministros, ministras o alcaldes, de pronto, descubren los problemas que tuvieron la oportunidad de contribuir a solucionar, adoptan discursos demagógicos o se ofrecen como si fueran opositores y nunca hubieran compartido la corresponsabilidad de gobernar.
Pero el problema de la política criolla no es solo la falta de credibilidad de los políticos y políticas que aspiran a gobernarnos. Igualmente grave es nos hayan impuesto el dogal de un sistema electoral controlado por un grupo muy reducido de personas, 25 quizá son bastantes, que son los dueños de los partidos políticos; y que coarta, con la alevosa complicidad del Tribunal Electoral, toda posibilidad de construir en Panamá un verdadero sistema democrático, pues impide el surgimiento de nuevas alternativas y actores diferentes a las desgastadas opciones tradicionales.
El sistema electoral viciado que nos han impuesto mediante el contubernio de los partidos políticos y el Tribunal Electoral, aparte de impedir el libre juego democrático, está diseñado para favorecer a los desgastados actores de siempre, con inmorales subsidios electorales, partidas circuitales y comunales, que son una bofetada en el rostro de la miseria que padecen miles de nuestros compatriotas. Y, encima, como si todo lo anterior fuera poco, propicia abiertamente la corrupción y la compra y venta de "favores políticos" al permitir que los candidatos reciban "contribuciones" que no están obligados a divulgar.
Si de verdad queremos cambiar y evolucionar hacia una democracia civilizada y participativa, transparente, con oportunidades para todos y sin la chanchullería imperante, necesitamos, además, de candidatos y candidatas con credibilidad, cortar de raíz, y de una vez por todas, las trampas que, como un cáncer, corroen el sistema electoral vigente. Y para comenzar, exijamos, como primerísima medida, que los aspirantes al poder, en prueba de buena fe, revelen, sin ocultaciones ni subterfugios, ¿cuánto se han gastado en sus campañas y de dónde han salido las sumas millonarias que ya llevan "invertidas"? En otras palabras: ¡Que practiquen lo que predican!