Predicciones de los ambientalistas
Es cierto que los recursos naturales no son infinitos; el planeta Tierra tiene una masa finita y por lo tanto existen límites. Empero todo parece indicar que las reservas existentes de recursos naturales son más extensas de lo que advierten los ambientalistas. Por ejemplo, los depósitos existentes del petróleo, quizá el principal recurso natural que requiere la sociedad moderna para mantenerse, sin tomar en consideración depósitos conocidos con un elevado costo de explotación, alcanzarán para al menos 150 años con los niveles actuales de consumo. También abundan otros minerales, como aluminio, hierro, cobre, oro, nitrógeno y zinc.
Tomás Malthus advirtió hace casi 200 años que la población terráquea crecería geométricamente si no se controlaba y que pasaría hambre porque la producción de comida sólo podría crecer linealmente. Malthus erró en dos aspectos: el primero, a medida que las personas tienen mayores recursos, tienen familias más pequeñas, lo cual reduce el ritmo de crecimiento de la población; y segundo, los avances tecnológicos han permitido mayor productividad en la agricultura, produciendo así mayor rendimiento por hectárea sembrada. De hecho, según la Organización de Naciones Unidas el consumo de calorías en los países más pobres aumentó 37% de 1961 a 1998 y se espera que continúe aumentando.
Por otro lado, a pesar de toda la alarma sobre las especies en extinción producto de la deforestación, caza y pesca, todo parece indicar que muy pocas especies han sido afectadas por ese motivo. Por ejemplo, aunque sólo quedó el 12% de los bosques del Atlántico en Brasil luego de la deforestación del Siglo XIX, ninguna de las 291 especies de animales propios del área desapareció totalmente. Y en vez del 2% a 4% de los bosques tropicales que dicen los ambientalistas que desaparecen al año, según la ONU, la cifra real es 0.5%.
La contaminación ambiental también parece un poco exagerada. Por ejemplo, la ciudad de Londres está hoy menos contaminada que en 1585, ya que a medida que los países se desarrollan cambian sus patrones de consumo.
Aunque todo lo anterior da cierto alivio, no debemos ahora recurrir al consumismo, despilfarro, derroche y abuso de nuestro medio ambiente. Debemos protegerlo, aprovecharlo al máximo y aprender a mantenerlo para que también sostenga a la población actual y futura de este nuestro planeta. No obstante, los ambientalistas también deben moderar sus discursos.
Tomás Malthus advirtió hace casi 200 años que la población terráquea crecería geométricamente si no se controlaba y que pasaría hambre porque la producción de comida sólo podría crecer linealmente. Malthus erró en dos aspectos: el primero, a medida que las personas tienen mayores recursos, tienen familias más pequeñas, lo cual reduce el ritmo de crecimiento de la población; y segundo, los avances tecnológicos han permitido mayor productividad en la agricultura, produciendo así mayor rendimiento por hectárea sembrada. De hecho, según la Organización de Naciones Unidas el consumo de calorías en los países más pobres aumentó 37% de 1961 a 1998 y se espera que continúe aumentando.
Por otro lado, a pesar de toda la alarma sobre las especies en extinción producto de la deforestación, caza y pesca, todo parece indicar que muy pocas especies han sido afectadas por ese motivo. Por ejemplo, aunque sólo quedó el 12% de los bosques del Atlántico en Brasil luego de la deforestación del Siglo XIX, ninguna de las 291 especies de animales propios del área desapareció totalmente. Y en vez del 2% a 4% de los bosques tropicales que dicen los ambientalistas que desaparecen al año, según la ONU, la cifra real es 0.5%.
La contaminación ambiental también parece un poco exagerada. Por ejemplo, la ciudad de Londres está hoy menos contaminada que en 1585, ya que a medida que los países se desarrollan cambian sus patrones de consumo.
Aunque todo lo anterior da cierto alivio, no debemos ahora recurrir al consumismo, despilfarro, derroche y abuso de nuestro medio ambiente. Debemos protegerlo, aprovecharlo al máximo y aprender a mantenerlo para que también sostenga a la población actual y futura de este nuestro planeta. No obstante, los ambientalistas también deben moderar sus discursos.