Preguntas simples sobre problemas complejos
Cuando un gobierno programa reformas fiscales, la ciudadanía tiene derecho a conocer las razones y hacer preguntas, aunque éstas parezcan simples.
El Gobierno ha informado que no necesita más de 200 millones adicionales para poder financiar sus obras de infraestructura y sociales. Se argumenta, con razón que quienes más ganan y gastan más, mayormente deberán contribuir al fisco y por tanto afirma, que el aumento de la carga impositiva se concentrará principalmente en fábricas de cemento, bancos y en las aerolíneas -léase COPA- de quienes se espera recaudar 100 millones porque estas empresas han ganado mucho y contribuido en poco al fisco. Lo restante provendrá, de diversas e indirectas maneras, de la clase media y de los sectores populares a los que supuestamente se quiere ayudar a quienes se les aplicará un aumento del 2% en el ITBMS, que si bien no es alto, ni acelera la inflación, en cambio sí es regresivo y subirá el nivel de los precios.
¿Es esta la reforma fiscal pregonada durante la campaña del actual presidente, en la que anunció que su política en este campo sería: el mismo impuesto para todos, el flat tax, o era meramente una anécdota de campaña? ¿Estamos encaminándonos hacia el concepto de universalidad en la recaudación de la renta y dejando atrás el de la territorialidad? ¿Es este un atisbo de redefinición del concepto territorial de recaudación de ingresos, que en Panamá proviene de finales del decimonono, fue confirmada en la década del ’50 del pasado siglo y perdura hasta ahora a pesar de las presiones de Francia, Estados Unidos y los tratados internacionales que conducen hacia la globalización?
Exigir a quienes más ganan y más gastan, que paguen más, debe hacerse con equidad, pues cuando el Estado premia a unos, por buenos, asignándoles una tasa de 25%; y a otros los castiga, por malos, con un 30%, crea un efecto distorsionador que envía un mensaje negativo que es percibido en los mercados del exterior de forma desalentadora.
Hasta ahora los bancos no han protestado, pareciera que todo este jugueteo con las tasas no traerá políticamente consecuencias, que la anestesia fiscal le saldrá bien al Gobierno, y que podría ejecutar gran parte del programa de inversiones anunciado. Esto es bueno, sin embargo, no puede soslayarse que la actuación es producto de una falta de programación ordenada de políticas públicas, y que la Administración en vez de partir de las ideas a los proyectos, hace todo lo contrario, parte de la lista de promesas políticas hacia los proyectos, y de éstos para las ideas y la forma de lograrlas. En estas circunstancias podría ser que algunos de los proyectos más grandes terminen en un monumental fracaso, como por ejemplo el Metro.
Si estas medidas no se basan en programas y éstos a su vez en ideas fuerza de índole fiscal, se corre el riesgo que la Administración deshaga la labor de sus predecesores y quedemos dando tumbos en materia económica-fiscal.