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Premier canadiense en Cuba


La celebración de la última cumbre presidencial del continente en Santiago de Chile significó un revés para Cuba, ausente otra vez del foro que pretende crear en América un solo mercado de intercambio de bienes y servicios, más grande y rico que la Unión Europea.
Pero más que la ausencia en sí mismo, que era de esperar considerando que Estados Unidos es su principal gestor, lo que constituyó una derrota fue la ausencia del tema cubano del marco de discusiones del foro, muestra indiscutible de que esta vez los diplomáticos y organizadores norteamericanos del evento, ataron bien todos los cabos.
Tan sólo el presidente brasileño, Fernando Cardoso, aludió ligeramente al tema cuando sugirió que Cuba debía ser invitada a la próxima cumbre a celebrarse en Canadá.
Pero tan pronto concluyó el evento, el mismo primer ministro canadiense, Jean Chrétien, informó a los medios noticiosos de su intención de que Cuba esté presente en la cita presidencial en su país.
Canadá es el segundo mayor inversionista extranjero en la isla, muy cerca de España que ocupa el primer lugar. Hace un mes, el país ibérico designó por fin embajador en Cuba, desde el agrio choque diplomático que puso a ambas naciones al borde de la ruptura, tras el advenimiento al poder y los ácidos comentarios vertidos por el presidente derechista español, José María Aznar contra el gobierno cubano.
España pareciera reasumir su papel de influyente interlocutor entre la isla y Estados Unidos, y entre aquélla y la Unión Europea. En cualquier caso, la retórica fue superada por el arribo a Cuba hace dos semanas, de una delegación de más de 200 empresarios españoles deseosos de concretar nuevas inversiones en la isla en rubros tales como la minería, el turismo y la energía.
Mientras eso ocurre, negociadores de Estados Unidos y Europa intentan llegar a un acuerdo que evite que los europeos presenten una demanda ante la OMC contra la ley HelmsBurton, a causa de la aplicación de sanciones norteamericanas contra las empresas del Viejo Continente en la isla. Ya hay acuerdo, pero sólo resta discutir la insistencia europea de añadir a Irán y Libia en el convenio.
De ese modo, con el viento favorable de la resolución dictada hace poco por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que rechaza la propuesta norteamericana de condenar a Cuba por la violación de dichos derechos en la isla, el premier canadiense procurará emular la tarea del Papa Juan Pablo II durante su visita a la isla de enero pasado, ejerciendo presión para reincorporar a Cuba al concierto de naciones del continente y, al mismo tiempo, obtener mayores concesiones para democratizar la isla.
Una cosa es cierta: tanto el bloqueo norteamericano, como la existencia de una dictadura en la isla, tienen su tiempo contado.

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