Premio Nobel por mentir
San Francisco (AIPE).- Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992 y famosa defensora de los derechos de los indios centroamericanos, ha sido desenmascarada como mentirosa en su libro "Yo, Rigoberta Menchú", publicado en 1983.
Desde la publicación de esa "autobiografía", la señora Menchú ha sido tan aplaudida que su libro forma parte del programa de estudios de literatura, ciencias políticas y antropología de muchas universidades norteamericanas.
También inspiró la publicación de no menos de cuatro cuentos para niños, donde ella es presentada como modelo.
El engaño fue descubierto por David Stoll, antropólogo y experto en la cultura Maya. En su reciente libro, "Rigoberta Menchú y el cuento de todos los guatemaltecos pobres",Stoll demuestra que a pesar de que Menchú se describe a sí misma como una hija de campesinos que no sabía español, lo cierto es que asistió a colegios internos católicos. Mientras alegaba que a su familia los opresores blancos le habían quitado sus tierras, estas en realidad se perdieron en un pleito de su padre con la familia de su madre.
El hermano menor que murió de hambre resultó ser un invento, lo mismo que la muerte de otro hermano, quemado vivo por los militares guatemaltecos.
El libro de Stoll ha causado gran interés, incluyendo la cobertura en primera plana del New York Times. Sin embargo, las falsedades del libro de Menchú ya eran conocidas por algunos. En "Educación no liberal", libro publicado en 1991, Dinesh D"Souza argumenta que el vocabulario utilizado no era de Menchú, sino más bien representa las fantasías feministas y de ultraizquierda de la coautora del libro, la venezolana Elisabeth Burgos-Debray. La Sra. Debray estuvo casada con el gran amigo del Che Guevara, Regis Debray, notorio intelectual izquierdista y turista francés.
Pasaron siete años para que el mundo supiera la verdad y ya desenmascarada, la Sra. Menchú no ha cuestionado las acusaciones, fuera de llamar "racista" a sus críticos. Pero quienes la defienden consideran que el cuento es una moraleja sobre el genocidio de los indígenas por parte de los invasores blancos. Toman la posición de que "la más profunda verdad" en la que ellos creen es más importante que los meros hechos. Un editorial del New York Times mantiene que las mentiras de Menchú son insignificantes frente a "la opresión contra los indios guatemaltecos". Geir Lundestad, del Comité Noruego del Premio Nobel, no le da importancia alguna al asunto, diciendo que "todas las autobiografías adornan más o menos".
Pero la hipocresía de los apologistas de Menchú va más allá de pasar por alto las falsedades, al no darle importancia tampoco al fondo político.
Menchú era líder de la guerrilla marxista URNG que causó estragos por décadas en Guatemala. Insistiendo en la victoria incondicional, se negó a participar en las negociaciones de paz, aun después de haber recibido el Premio Nobel de la Paz, lo cual celebró como huésped en la casa de Tomás Borge, el jefe de la policía secreta sandinista.
Claro que Menchú no es el único caso reciente de autobiografías falsas.
Una controversia similar causó "Fragmentos", las supuestas memorias del holocausto de Binjamin Wilkomirski. Lo mismo que Menchú, éste inventó los detalles de su vida, transformándose de hijo ilegítimo de una suiza protestante en un judío de Letonia, testigo de atrocidades.
Pero esos otros casos no utilizan sus mentiras para impulsar la agenda de la izquierda militante. El peor aspecto de este engaño es que enturbia la verdadera historia de sociedades como la guatemalteca. Una sórdida disputa familiar por un pedazo de terreno fue transformada en un drama de indios atropellados por malvados invasores, creando peligrosas imágenes y el pretexto para usar la violencia.
Para los estadounidenses, el aspecto más relevante de la controversia es la continuada utilización del libro de Menchú en las universidades.
Expuesto el engaño, ¿dejará de ser asignado como lectura obligatoria a estudiantes? Probablemente no. En seguras posiciones académicas, los acólitos de Menchú no van a reconocer su complicidad en el fraude.
Desde la publicación de esa "autobiografía", la señora Menchú ha sido tan aplaudida que su libro forma parte del programa de estudios de literatura, ciencias políticas y antropología de muchas universidades norteamericanas.
También inspiró la publicación de no menos de cuatro cuentos para niños, donde ella es presentada como modelo.
El engaño fue descubierto por David Stoll, antropólogo y experto en la cultura Maya. En su reciente libro, "Rigoberta Menchú y el cuento de todos los guatemaltecos pobres",Stoll demuestra que a pesar de que Menchú se describe a sí misma como una hija de campesinos que no sabía español, lo cierto es que asistió a colegios internos católicos. Mientras alegaba que a su familia los opresores blancos le habían quitado sus tierras, estas en realidad se perdieron en un pleito de su padre con la familia de su madre.
El hermano menor que murió de hambre resultó ser un invento, lo mismo que la muerte de otro hermano, quemado vivo por los militares guatemaltecos.
El libro de Stoll ha causado gran interés, incluyendo la cobertura en primera plana del New York Times. Sin embargo, las falsedades del libro de Menchú ya eran conocidas por algunos. En "Educación no liberal", libro publicado en 1991, Dinesh D"Souza argumenta que el vocabulario utilizado no era de Menchú, sino más bien representa las fantasías feministas y de ultraizquierda de la coautora del libro, la venezolana Elisabeth Burgos-Debray. La Sra. Debray estuvo casada con el gran amigo del Che Guevara, Regis Debray, notorio intelectual izquierdista y turista francés.
Pasaron siete años para que el mundo supiera la verdad y ya desenmascarada, la Sra. Menchú no ha cuestionado las acusaciones, fuera de llamar "racista" a sus críticos. Pero quienes la defienden consideran que el cuento es una moraleja sobre el genocidio de los indígenas por parte de los invasores blancos. Toman la posición de que "la más profunda verdad" en la que ellos creen es más importante que los meros hechos. Un editorial del New York Times mantiene que las mentiras de Menchú son insignificantes frente a "la opresión contra los indios guatemaltecos". Geir Lundestad, del Comité Noruego del Premio Nobel, no le da importancia alguna al asunto, diciendo que "todas las autobiografías adornan más o menos".
Pero la hipocresía de los apologistas de Menchú va más allá de pasar por alto las falsedades, al no darle importancia tampoco al fondo político.
Menchú era líder de la guerrilla marxista URNG que causó estragos por décadas en Guatemala. Insistiendo en la victoria incondicional, se negó a participar en las negociaciones de paz, aun después de haber recibido el Premio Nobel de la Paz, lo cual celebró como huésped en la casa de Tomás Borge, el jefe de la policía secreta sandinista.
Claro que Menchú no es el único caso reciente de autobiografías falsas.
Una controversia similar causó "Fragmentos", las supuestas memorias del holocausto de Binjamin Wilkomirski. Lo mismo que Menchú, éste inventó los detalles de su vida, transformándose de hijo ilegítimo de una suiza protestante en un judío de Letonia, testigo de atrocidades.
Pero esos otros casos no utilizan sus mentiras para impulsar la agenda de la izquierda militante. El peor aspecto de este engaño es que enturbia la verdadera historia de sociedades como la guatemalteca. Una sórdida disputa familiar por un pedazo de terreno fue transformada en un drama de indios atropellados por malvados invasores, creando peligrosas imágenes y el pretexto para usar la violencia.
Para los estadounidenses, el aspecto más relevante de la controversia es la continuada utilización del libro de Menchú en las universidades.
Expuesto el engaño, ¿dejará de ser asignado como lectura obligatoria a estudiantes? Probablemente no. En seguras posiciones académicas, los acólitos de Menchú no van a reconocer su complicidad en el fraude.