Prensa y terrorismo
Los informes de respetables entidades internacionales, como la Sociedad Interamericana de Prensa o Reporteros sin Fronteras, siguen produciendo serias preocupaciones, ante los factores adversos que gravitan sobre el libre ejercicio del periodismo.
Según la SIP, Colombia continúa siendo el país más peligroso del mundo para este trabajo, con más de 120 comunicadores asesinados en un período que no llega a los tres lustros, por efecto de la acción del narcotráfico, grupos guerrilleros o paramilitares. En México, el asunto es igualmente inquietante, sobre todo por esas virulentas mafias dedicadas al ruin negocio de las drogas y que inciden en hechos nada recomendables, incluso de pandilleros, en toda América Central y los países andinos.
No es para estar tranquilos, si se conoce que, en los últimos quince años, en Latinoamérica, han sido muertos 400 periodistas, aproximadamente, encontrándose la intolerancia política, el narcotráfico y su cercana aliada, la violencia, que ha descendido a niveles terroristas en Colombia, como los principales enemigos de la libertad de prensa, bajo el lema : la bala de oro o la de plomo, lo que en buen romance significa : el soborno o la tumba.
Los valores de la prensa conllevan los más altos principios de la colectividad, siendo la objetividad, la verdad y el bien común, los cimientos de esta noble y sacrificada actividad que requiere, sobre todo, ética impoluta.
La libertad de prensa, asimismo, es de responsabilidad absoluta, encarnada en deberes que, obligadamente, se tiene que cumplir, sin excusas de ninguna naturaleza. Las negligencias o inconsecuencias no pueden existir en estos fructíferos predios, de lo contrario sucede lo que está aconteciendo en algunos países del planeta, por efecto de las tendenciosas caricaturas de Mahoma
El islamismo, que lo practican cientos de millones de seres humanos, merece respeto, como todas las creencias culturales y religiosas, de lo contrario se originan conflictos y se va por la ruta del choque de civilizaciones, mientras algunos seguimos el camino de la alianza de las mismas.
Se debe entender que el problema no es el auténtico Islam, que tiene preceptos de concordia, sino el fundamentalismo islámico que mata y secuestra a periodistas, que lo alientan rabiosos y anacrónicos clérigos que propugnan la guerra santa, mientras ofrecen el paraíso a los terroristas suicidas.
Según la SIP, Colombia continúa siendo el país más peligroso del mundo para este trabajo, con más de 120 comunicadores asesinados en un período que no llega a los tres lustros, por efecto de la acción del narcotráfico, grupos guerrilleros o paramilitares. En México, el asunto es igualmente inquietante, sobre todo por esas virulentas mafias dedicadas al ruin negocio de las drogas y que inciden en hechos nada recomendables, incluso de pandilleros, en toda América Central y los países andinos.
No es para estar tranquilos, si se conoce que, en los últimos quince años, en Latinoamérica, han sido muertos 400 periodistas, aproximadamente, encontrándose la intolerancia política, el narcotráfico y su cercana aliada, la violencia, que ha descendido a niveles terroristas en Colombia, como los principales enemigos de la libertad de prensa, bajo el lema : la bala de oro o la de plomo, lo que en buen romance significa : el soborno o la tumba.
Los valores de la prensa conllevan los más altos principios de la colectividad, siendo la objetividad, la verdad y el bien común, los cimientos de esta noble y sacrificada actividad que requiere, sobre todo, ética impoluta.
La libertad de prensa, asimismo, es de responsabilidad absoluta, encarnada en deberes que, obligadamente, se tiene que cumplir, sin excusas de ninguna naturaleza. Las negligencias o inconsecuencias no pueden existir en estos fructíferos predios, de lo contrario sucede lo que está aconteciendo en algunos países del planeta, por efecto de las tendenciosas caricaturas de Mahoma
El islamismo, que lo practican cientos de millones de seres humanos, merece respeto, como todas las creencias culturales y religiosas, de lo contrario se originan conflictos y se va por la ruta del choque de civilizaciones, mientras algunos seguimos el camino de la alianza de las mismas.
Se debe entender que el problema no es el auténtico Islam, que tiene preceptos de concordia, sino el fundamentalismo islámico que mata y secuestra a periodistas, que lo alientan rabiosos y anacrónicos clérigos que propugnan la guerra santa, mientras ofrecen el paraíso a los terroristas suicidas.