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Preparémonos para una elección estrecha


Medio millón de manifestantes reunió la oposición taiwanesa el viernes pasado frente al Palacio Presidencial, clamando por un recuento de votos de la reciente elección de presidente, de la que emergió reelecto su actual titular Chen Shui-bian por una estrecha diferencia sobre su adversario, Lien Chan, del partido Kuomintang, fundado por el gestor del país, el general Chiang Kai Shek, de tan sólo 30 mil votos de un total de casi 7 millones de sufragantes. El irritado mandatario advirtió que su paciencia tiene un límite. La policía se ha negado hasta ahora a utilizar porras para controlar las multitudes cuyo desfile ha sido incesante desde que una semana atrás se dio el evento.
La oposición ha impugnado la cuenta de votos y el hecho de que un número significativo de electores no pudiera participar en la elección por razones técnicas. Se menciona, en especial, a decenas de miles de miembros de las fuerzas armadas. Reina expectativa en el extranjero sobre la forma como la joven democracia de la bella isla superará el difícil trance. Esta es apenas su tercera elección en seis décadas de historia. Su primera ocurrió apenas en 1996.
En cierta medida hay un paralelo con Panamá, que tuvo su primera elección libre tras una larga dictadura de 21 años en 1994. Nosotros también vamos para nuestra tercera elección en mayo próximo. Por eso es importante ver lo que acontece en Taiwan y, en particular, cómo reaccionan sus autoridades e instituciones bajo presión y borde de crisis.
Una elección estrecha es lo peor que puede suceder a democracias jóvenes. Incluso a las añejas, como la norteamericana, cuyos ajustados resultados que dieron la victoria al actual mandatario George Bush hijo sobre Al Gore, fueron sumamente traumáticos. Y sólo la solidez de las instituciones permitió superar la situación, no sin cicatrices. Hasta la Corte Suprema de Estados Unidos salió mal parada y profundamente dividida por 5 votos contra 4, trasladando a sus venerables estrados la misma estrechez de los resultados.
En Taiwan, seguramente, ocurrirá igual que en Estados Unidos. Reconocerán un nuevo mandato para Chen Shui-bian. Pero también saldrán heridas. Para prevenirlas - he aquí el ejemplo a destacar - el primer ministro Yu Shyi-kun ha sugerido una ley para implementar un mecanismo de "recuento administrativo de votos" bajo los principios de "exactitud, imparcialidad, transparencia y legitimación" para lo cual giró instrucciones a la Comisión Central de Elecciones. Obviamente, persigue superar la crisis mediante un recuento que evite a los jueces la ingrata tarea de contar votos que no lograrían otra cosa que llevar al Órgano Judicial las mismas dudas que hoy contaminan al Ejecutivo y al organismo electoral. Panamá debe prepararse urgentemente para enfrentar una situación igual. No podemos descartar una elección estrecha.
El marco de respeto intergeneracional se desvirtúa, consecuentemente estructurándose en una lucha de bandos opuestos, que obviamente se caracteriza por un actuar de quién es el vencedor, cuando a la verdad debiese ser un proceso de renovación social.
Un problema de fondo es que las generaciones pasadas han hecho de la sociedad panameña un conglomerado electoral, donde quienes han estado al mando gubernamental siempre controlan el poder en todos sus sentidos, económico, político, etc. Despojando así el espacio generacional correspondiente a quienes pertenecemos en debido tiempo a la generación joven presente.
Un espacio por derecho generacional propio es lo que se reclama, las diferencias existentes se mantendrán siempre porque son cualidades intrínsecas a la temporalidad de las generaciones.
La juventud se está armando de ideas, está dispuesta a sentarse en cualquier espacio, siempre y cuando la generación pasada que controla el presente ceda un espacio decisorio a la generación actual de jóvenes, dándoles mejores condiciones de vida y reconociéndole derechos individuales y sociales. Es la diferencia esencial. Se sabe que quien vive más, mayor experiencia tiene; sin embargo no por ello se debe coartar un espacio de decisión real en la sociedad.
Ser juzgados y excluidos por adultos acrecenta el abismo generacional, por lo que la juventud debe tener la oportunidad de pensar y hablar por ella, así como también, ser criticada y juzgada por sí misma.
* Asesor del Consejo Nacional de la Juventud Panameña (CONAJUPA)

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