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Presencia de guerrilleros


Cada vez son más preocupantes las noticias que llegan sobre la actividad de los subversivos colombianos, especialmente en las fronteras de Panamá, Venezuela y Ecuador.
Esas zonas, que tienen vastas e inhóspitas extensiones territoriales, constituyen sitios ideales para que los rebeldes se oculten o realicen acciones de penetración, violando las respectivas soberanías nacionales.
El asunto es ciertamente complejo, puesto que no se trata única y exclusivamente de unos tantos desadaptados que han escogido el camino de las armas, sino de sujetos rigurosamente entrenados y que manejan poderosos recursos bélicos, amparados económicamente, y de otras formas, por la más repudiable de las industrias, el narcotráfico. Por eso, está plenamente aceptado el término narcoguerrilla que entraña la fusión de la violencia y del crimen organizado.
No se trata de un asunto que se lo puede mirar con despreocupación o menosprecio. El lamentable caso colombiano es el mejor de los referentes para no quedarse cruzados de brazos o sumergirse en cómodas e irresponsables actitudes contemplativas, creyendo que el incendio del vecino no es peligroso.
En lo que específicamente compete a Panamá, se sabe por autorizadas versiones que la prensa va periódicamente publicando qué elementos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se localizan en la enmarcada provincia de Darién, sea porque huyen de la persecución de los militares de Colombia o porque van configurando cabezas de playa en su avance transnacional.
Cuando aparecen esos sujetos en tierras panameñas, ¿la policía y la milicia están debidamente entrenadas, provistas de adecuado armamento y con suficientes efectivos, para repeler este tipo de silenciosas y, a veces, alevosas agresiones?
Sin duda, una de las principales preocupaciones de Mireya Moscoso, recientemente elegida Presidenta de tan pintoresco y hasta ahora pacífico país, debe ser enfrentar, con el carácter de prioritario, a este grave factor adverso. ¿Se podrá hacer este tipo de urgentes acciones sin la colaboración internacional?
La real imagen de Darién es la de una región muy agreste que favorece incursiones como las anotadas, por eso dentro de los análisis regionales se le cataloga como zona vulnerable a estas funestas acometidas que no vienen solas, puesto que las consolidan el lavado de dinero, la corrupción y el sistemático dinamismo de las redes tendidas por los capos y que apuntan sobre todo al corazón de las patrias, dentro de sus pérfidas estrategias geopolíticas.
A más de Darién, por ser puente del mundo, la del Canal es una zona que merece constante, competente y transparente vigilancia, debido a que los narcos intentan llevar la droga por allí, hacia todos los confines. Este recorderis no tiene que olvidarse, singularmente a partir del 1 de enero del 2000.
Un ex-ministro de Gobierno de Panamá reconoció que Darién se ha convertido en santuario de narcoguerrilleros e indocumentados, lo que debe cambiar para la respetabilidad y progreso de ese alegre y hermoso país.
Darién no debe ser santuario de narcoguerrilleros. El lamentable caso colombiano es el mejor de los referentes para no quedarse cruzados de brazos creyendo que el incendio del vecino no es peligroso. Ineludible reto para la Presidenta Mireya Moscoso.

101 años de Panamá América

 
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