Presencia de Omar Torrijos
El 2 de agosto de 1981, dos días después de su trágico fallecimiento, puse mi mayor empeño en que se realizara el sueño de Omar Torrijos Herrera, quien solía decir: "Yo no quiero entrar a la historia, quiero entrar a la Zona del Canal". Con este propósito, en mi condición de Ministro de Relaciones Exteriores, me acerqué al Estado Mayor de la Guardia Nacional que tenía a su cargo la organización de los funerales y propuse que el cortejo que estaba dispuesto que pasara por la Avenida de los Mártires, en su ruta hacia el Cementerio Amador, siguiera su trayecto hasta la cima del Cerro Ancón, para que en ese altar de la patria se le rindiera un tributo póstumo al adalid de las reivindicaciones panameñas.
Aunque hubo alguna resistencia, por razones de seguridad, finalmente con la aquiescencia del Presidente Aristides Royo y del Coronel Florencio Florez, comandante del Instituto Armado, prevaleció la idea de tributarle al General Omar Torrijos Herrera, un homenaje de cuerpo presente en la cima del Cerro Ancón, que tuvo lugar en la mañana del 3 de agosto de 1981, habiéndoseme asignado la misión de llevar la palabra en este acto en nombre del Gobierno Nacional.
Hoy, 23 años después de este acto luctuoso, reproduzco, en homenaje al ilustre desaparecido, las palabras que pronuncié interpretando los sentimientos del pueblo panameño:
"Muerto en hora dolorosamente trágica, cuando aún la República esperaba tanto de su sabiduría, de su talento y de su generosidad, la Nación agradecida lo trae en brazos de sus compañeros de armas a este altar de la patria a recibir la caricia sollozante de la bandera nacional que él, a la cabeza del idealismo del pueblo panameño, sembrara en la cima del Cerro Ancón.
Omar Torrijos Herrera entró a la que fuera Zona del Canal para liquidar el enclave colonial mediante el proceso descolonizador que él diseñó en los Tratados del Canal de 1977. Los Tratados Torrijos-Carter garantizan a las presentes y futuras generaciones la erradicación de la Quinta frontera, la consolidación de la soberanía y la restauración de la integridad territorial. Este hecho histórico, que sitúa al General Torrijos como el político panameño más destacado del siglo XX, le ha abierto ancha avenida no sólo para entrar más allá del umbral de la historia, sino también para ingresar airosamente en los predios de la posteridad.
Al General Torrijos lo acompañó el éxito porque abordó los problemas nacionales aplicando una ecuación de patria. "El que da patria -decía- recibe apoyo de la patria". "El que da cariño -aducía- recibe cariño". En su patriotismo vibraba la espontaneidad de su vida emocional expresada en el amor a su patria, a su familia, a su tierra, a su pueblo. Esa vida emocional la racionalizó con un pragmático nacionalismo, en relación directa con el ejercicio del Gobierno.
Participaba de la idea de que "una nación es un sueño de futuro compartido" y por ello afirmaba que "La patria es sobre todo esperanza de futuro". Se interesaba en las lecciones del pasado con el fin de enrumbar el destino del país hacia la consecución de su propia identidad, y para triunfar sobre los desafíos y asechanzas del porvenir.
Omar Torrijos fue una personalidad fuerte, dinámica y constructiva de la historia de Panamá, de la América Latina y del mundo en desarrollo. Su obra de gobierno, para unos transparente y para otros enigmática, no puede juzgarse con criterio sectario o partidista. Sólo podemos entenderla adentrándonos en la vida política del Istmo panameño. Al juzgarla, sobreponiéndose a superficiales pasiones políticas, debe recurrirse al análisis severo de sus actuaciones dentro del marco de la radiografía de la problemática social, económica y política del país.
En el ámbito nacional se ganó un sitial de preeminencia en la galería de honor de los grandes panameños. Se nutrió de las esencias de la nacionalidad en el pensamiento de Tomás Herrera y Justo Arosemena. Si Belisario Porras fue el genuino organizador del Estado republicano como entidad de servicio público, y Harmodio Arias el afianzador de la nacionalidad panameña con la fundación de la Universidad de Panamá y la concertación del Tratado de 1936, negociado por Ricardo J. Alfaro, Omar Torrijos se consagra como el constructor del Estado Moderno. Con la abrogación del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903, mediante la aprobación de los Tratados del Canal de 1977, y un programa de realizaciones sin precedentes, Torrijos le imprimió al país una fisonomía moderna y una nueva dinámica de desarrollo, que le han ganado a Panamá un puesto de avanzada en el cuadro de las relaciones internacionales.
La elección de Panamá al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en tres ocasiones durante los últimos 10 años fue, sin duda, el resultado de la imagen que Torrijos le dio a Panamá a nivel regional y a nivel mundial en sus años de peregrinaje en busca de apoyo para la causa panameña. A juicio suyo, el despertar de América Latina no debe ser obstaculizado, sino apoyado para poder propiciar la paz. Argüía que una nueva conciencia mueve al hombre latinoamericano y que sólo podrá haber paz si se permite que esta conciencia siga su propio cauce. Alegaba que la lucha que libran los pueblos del tercer mundo en Africa, Asia y América Latina, para obtener su verdadera independencia política y económica, constituye el más digno ejemplo que se está legando a las futuras generaciones. Abogaba por que la riqueza del suelo tenga la nacionalidad del Estado que la posea; porque éste es un derecho inherente de cada país, como inherente es el derecho de Panamá a explotar su posición geográfica en beneficio de su propio desarrollo.
La muerte de Torrijos deja un gran vacío en el alma nacional. Honda es la huella que sus hechos inscribieron indeleblemente en el corazón de sus compañeros de armas, en las colectividades campesinas, en las comunidades indígenas, en los núcleos de trabajadores, en la juventud, en la niñez panameña, y en los muchos hombres y mujeres que tuvieron ocasión de laborar junto con él en empresas comunes para el fortalecimiento de la nacionalidad.
Podemos decir que Omar Torrijos puso siempre los intereses de la patria por encima de los sentimientos sectarios o de los reclamos egoístas. Tenía una capacidad prodigiosa para percatarse de las realidades panameñas, y para mover la conciencia colectiva.
Quizás triunfó demasiado y se retiró tempranamente de la competencia política doméstica, cuando todavía sus luces eran fundamentales y necesarias para alumbrar el destino de la República, orientado hacia la efectiva democratización de nuestras instituciones republicanas.
Desde este santuario del nacionalismo panameño, presentamos al General Omar Torrijos Herrera la gratitud de la patria conmovida que encontrará en sus enseñanzas los estímulos que guíen al país hacia la concreción de una genuina solidaridad nacional.
Mañana el gallardo capitán de las reivindicaciones nacionales, el gestor incansable de la unidad latinoamericana, el adalid no-alineado del Tercer Mundo, General Omar Torrijos Herrera, será sepultado en la falda del Cerro Ancón. Y allí, como raíz de Patria, con su recia savia masculina inagotable, le dará al árbol frondoso de la nacionalidad nuevas fuerzas para que florezca en realizaciones que eleven la condición de Panamá como Estado independiente, soberano, sólido y floreciente".
Aunque hubo alguna resistencia, por razones de seguridad, finalmente con la aquiescencia del Presidente Aristides Royo y del Coronel Florencio Florez, comandante del Instituto Armado, prevaleció la idea de tributarle al General Omar Torrijos Herrera, un homenaje de cuerpo presente en la cima del Cerro Ancón, que tuvo lugar en la mañana del 3 de agosto de 1981, habiéndoseme asignado la misión de llevar la palabra en este acto en nombre del Gobierno Nacional.
Hoy, 23 años después de este acto luctuoso, reproduzco, en homenaje al ilustre desaparecido, las palabras que pronuncié interpretando los sentimientos del pueblo panameño:
"Muerto en hora dolorosamente trágica, cuando aún la República esperaba tanto de su sabiduría, de su talento y de su generosidad, la Nación agradecida lo trae en brazos de sus compañeros de armas a este altar de la patria a recibir la caricia sollozante de la bandera nacional que él, a la cabeza del idealismo del pueblo panameño, sembrara en la cima del Cerro Ancón.
Omar Torrijos Herrera entró a la que fuera Zona del Canal para liquidar el enclave colonial mediante el proceso descolonizador que él diseñó en los Tratados del Canal de 1977. Los Tratados Torrijos-Carter garantizan a las presentes y futuras generaciones la erradicación de la Quinta frontera, la consolidación de la soberanía y la restauración de la integridad territorial. Este hecho histórico, que sitúa al General Torrijos como el político panameño más destacado del siglo XX, le ha abierto ancha avenida no sólo para entrar más allá del umbral de la historia, sino también para ingresar airosamente en los predios de la posteridad.
Al General Torrijos lo acompañó el éxito porque abordó los problemas nacionales aplicando una ecuación de patria. "El que da patria -decía- recibe apoyo de la patria". "El que da cariño -aducía- recibe cariño". En su patriotismo vibraba la espontaneidad de su vida emocional expresada en el amor a su patria, a su familia, a su tierra, a su pueblo. Esa vida emocional la racionalizó con un pragmático nacionalismo, en relación directa con el ejercicio del Gobierno.
Participaba de la idea de que "una nación es un sueño de futuro compartido" y por ello afirmaba que "La patria es sobre todo esperanza de futuro". Se interesaba en las lecciones del pasado con el fin de enrumbar el destino del país hacia la consecución de su propia identidad, y para triunfar sobre los desafíos y asechanzas del porvenir.
Omar Torrijos fue una personalidad fuerte, dinámica y constructiva de la historia de Panamá, de la América Latina y del mundo en desarrollo. Su obra de gobierno, para unos transparente y para otros enigmática, no puede juzgarse con criterio sectario o partidista. Sólo podemos entenderla adentrándonos en la vida política del Istmo panameño. Al juzgarla, sobreponiéndose a superficiales pasiones políticas, debe recurrirse al análisis severo de sus actuaciones dentro del marco de la radiografía de la problemática social, económica y política del país.
En el ámbito nacional se ganó un sitial de preeminencia en la galería de honor de los grandes panameños. Se nutrió de las esencias de la nacionalidad en el pensamiento de Tomás Herrera y Justo Arosemena. Si Belisario Porras fue el genuino organizador del Estado republicano como entidad de servicio público, y Harmodio Arias el afianzador de la nacionalidad panameña con la fundación de la Universidad de Panamá y la concertación del Tratado de 1936, negociado por Ricardo J. Alfaro, Omar Torrijos se consagra como el constructor del Estado Moderno. Con la abrogación del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903, mediante la aprobación de los Tratados del Canal de 1977, y un programa de realizaciones sin precedentes, Torrijos le imprimió al país una fisonomía moderna y una nueva dinámica de desarrollo, que le han ganado a Panamá un puesto de avanzada en el cuadro de las relaciones internacionales.
La elección de Panamá al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en tres ocasiones durante los últimos 10 años fue, sin duda, el resultado de la imagen que Torrijos le dio a Panamá a nivel regional y a nivel mundial en sus años de peregrinaje en busca de apoyo para la causa panameña. A juicio suyo, el despertar de América Latina no debe ser obstaculizado, sino apoyado para poder propiciar la paz. Argüía que una nueva conciencia mueve al hombre latinoamericano y que sólo podrá haber paz si se permite que esta conciencia siga su propio cauce. Alegaba que la lucha que libran los pueblos del tercer mundo en Africa, Asia y América Latina, para obtener su verdadera independencia política y económica, constituye el más digno ejemplo que se está legando a las futuras generaciones. Abogaba por que la riqueza del suelo tenga la nacionalidad del Estado que la posea; porque éste es un derecho inherente de cada país, como inherente es el derecho de Panamá a explotar su posición geográfica en beneficio de su propio desarrollo.
La muerte de Torrijos deja un gran vacío en el alma nacional. Honda es la huella que sus hechos inscribieron indeleblemente en el corazón de sus compañeros de armas, en las colectividades campesinas, en las comunidades indígenas, en los núcleos de trabajadores, en la juventud, en la niñez panameña, y en los muchos hombres y mujeres que tuvieron ocasión de laborar junto con él en empresas comunes para el fortalecimiento de la nacionalidad.
Podemos decir que Omar Torrijos puso siempre los intereses de la patria por encima de los sentimientos sectarios o de los reclamos egoístas. Tenía una capacidad prodigiosa para percatarse de las realidades panameñas, y para mover la conciencia colectiva.
Quizás triunfó demasiado y se retiró tempranamente de la competencia política doméstica, cuando todavía sus luces eran fundamentales y necesarias para alumbrar el destino de la República, orientado hacia la efectiva democratización de nuestras instituciones republicanas.
Desde este santuario del nacionalismo panameño, presentamos al General Omar Torrijos Herrera la gratitud de la patria conmovida que encontrará en sus enseñanzas los estímulos que guíen al país hacia la concreción de una genuina solidaridad nacional.
Mañana el gallardo capitán de las reivindicaciones nacionales, el gestor incansable de la unidad latinoamericana, el adalid no-alineado del Tercer Mundo, General Omar Torrijos Herrera, será sepultado en la falda del Cerro Ancón. Y allí, como raíz de Patria, con su recia savia masculina inagotable, le dará al árbol frondoso de la nacionalidad nuevas fuerzas para que florezca en realizaciones que eleven la condición de Panamá como Estado independiente, soberano, sólido y floreciente".