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Presencia del oscuro pasado


Creo no equivocarme al afirmar que la mayoría de los panameños está sumamente desilusionada con la porquería de campaña política que estamos sufriendo. Y para colmo con desparpajo sin igual se hace referencia a la democracia que se ha instaurado después de la invasión de diciembre de 1989. Lo que existe es una caricatura de democracia inmunda prostituida por la narcodictadura que todos conocimos y que muchos se niegan a admitir que existió.

Con actitud inocente e indecente se habla de la ultrademocrática presunción de inocencia, cuando hay múltiples hechos y circunstancias que han forzado a los ciudadanos a percibir -a estar convencidos- que en nuestra “democracia” los miembros de la Corte Suprema de Justicia (¿impunidad?) fueron nombrados por los seguidores de la narcodictadura, lo que pica y se extiende al Poder Legislativo y también al Ejecutivo. A pesar de estas situaciones, y muchas más, nos salvamos porque después de la invasión hemos celebrado elecciones generales “transparentes”, por lo menos se arguye esa pamplina.

Tirios y troyanos claman que viene un cambio. Esto se debió aplicar, sin exageración, desde la invasión. No hay duda que tan pronto se “elija” al nuevo gobierno se debería programar e instaurar una Constituyente originaria. Bien sé que esto es un sueño, porque para lograrlo habría que arrasar con todos los culpables que después de una sangrienta invasión nada han hecho para crear un Panamá prístino. No me excluyo. Esta es mi opinión. A la cual agrego que todos debemos admitir que tarde o temprano se deberán investigar los crímenes –los delitos en general– de la narcodictadura. No somos menos que nuestros hermanos argentinos y chilenos.

Mientras llegue el tiempo de las acciones patrióticas no tenemos otra alternativa que fingir que nuestra “democracia” va por buen camino y elegir -una vez más-  el 3 de mayo, al que va a implantar el más alto grado de cambio que haga tierra rasa de las bellezas que trazamos en los anteriores párrafos. Yo deseo con vehemencia que nuestra democracia no sea cuestión de palabras y propuestas que mayormente se incumplirán. Poco es lo que puedo hacer en lo personal. Con ese propósito, he pergeñado escritos durante unos 18 años. Para que tengamos un éxito relativamente satisfactorio sugiero que preguntemos sobre los crímenes ya señalados y no cejemos en los intentos por que se descubra la verdad. Por ejemplo, ¿quién asesinó a Efraín Baúles?

Cierro agradeciendo a la señora Patria Portugal por su perseverancia en lograr el esclarecimiento de la desaparición de su padre.

101 años de Panamá América

 
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