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"¡Presenten las pruebas!"


Cuando algunos políticos nos atrevíamos a acusar públicamente a Noriega de narcotraficante y lavador de dinero, sus seguidores perredés vociferaban siempre un pregón: “¡Presenten las pruebas!”. Nos acusaban de agentes del imperialismo yanqui, algo parecido a lo de Chávez cuando se encontró el famoso maletín con cinco millones que en avión de Petróleos de Venezuela enviaron a la campaña de la hoy Presidenta de Argentina.

Poco importaba que fuera “vox populi” que al Bank of Credit & Commerce International -BCCI-, en las faldas del Hotel El Panamá, llegaran vehículos protegidos por agentes de las Fuerzas de Defensa que custodiaban las enormes bolsas de dinero en efectivo que de Colombia o México venían a recibir su sacrosanto baño en el banco, por lo que el insaciable militar cobraba un porcentaje. Para esos días, Panamá fue epicentro de mafiosos y malandrines archiprotegidos; en lugar de defender al país, lo convirtieron en un vertedero internacional, cuyos fétidos olores parecen reemerger hoy, cada vez con más intensidad.

Las actuaciones de la dirigencia PRD en esos años se reproduce ahora que se asolea el caso Murcia: “¡Presenten las pruebas!”, “Se aprovechan de que nuestra opción es la mejor para ser Alcalde y por eso la quieren hundir…¡”, “¡¿Cómo le van a creer a un preso como el hombre de la colita?!”. “¡Eso no es creíble¡”,... bla, bla, bla. La credibilidad a Murcia se la han dado precisamente las mentiras de los protagonistas del patio en el inmundo episodio que no parece terminar de destaparse y que promete tener para los involucrados un final propio de muerte súbita.

-“No recuerdo haberlo conocido”-; -“Me reuní una sola vez con él en su apartamento del Miramar”; -“Bueno, ahora recuerdo que sí puso a mi disposición unos fotógrafos, pero nunca me serví de ellos”; -“¡Ah, también estuve con él en la suite presidencial del Sheraton¡ -¡Nunca recibí maletín alguno, menos dinero¡. (¿?)

Las acusaciones de Murcia no sólo embarran al candidato a Alcalde y a su progenitor, sino que han pringado hasta el Presidente de la República; a dos de sus ministros; al Jefe del Servicio de Protección Institucional... Por cierto, ¿qué secretos guardara éste último para conservar tan delicado puesto? Lo peor, es el silencio cómplice de la dirigencia PRD (Para Repetir Desastres) cada vez que uno de los suyos comete una vagabundería, como todo lo que se relaciona con el cinematográfico caso del colombiano preso en La Picota.

Las cloacas se limpian y desinfectan para que no contaminen. En nuestro amado Panamá, al que creíamos haberle extirpado el tumor militar, tenemos que llevar las investigaciones de este escándalo hasta sus últimas consecuencias. Como dicen los sabios chinos: “Las crisis crean las oportunidades”. El país del cambio lo merece y reclama.

101 años de Panamá América

 
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