Presidente decepciona a la orquesta sinfónica infantil
El pasado martes 20 de abril, en el atrio de las ruinas que son patrimonio de la humanidad, el Patronato de Panamá Viejo ofreció un homenaje al Presidente de la República y su esposa. El arreglo del espacio escogido lucía espléndido: iluminación mediana, con faroles intensos donde se requería; mesas finamente decoradas, como se estila en las bodas de los ricos y famosos, esperando la llegada de los invitados especiales y otros comensales. Después del acostumbrado despliegue de seguridad, comenzaron a llegar el Director del INAC, el Ministro de Educación, el Ministro de Obras Públicas, así como varios miembros del cuerpo diplomático.
Como parte del evento se tenía la participación de la Orquesta Sinfónica Infantil de Panamá y la Orquesta de Cámara de la Universidad de Panamá. Lo que me motiva escribir estas líneas se relaciona con la primera. Los niños y niñas que integran esta Orquesta tienen edades que oscilan entre los 8 a 16 años, dedican parte de su tiempo libre al estudio del maravilloso arte de la música en una de las escuelas que el INAC administra en la ciudad capital. Las tardes de tres días a la semana, con entusiasmo, estos niños se alejan de las tentaciones cotidianas (programas de televisión, juegos electrónicos absorbentes y otros) y elevan su cultura y la de este país.
La Orquesta Sinfónica Infantil de Panamá ya se ha ganado un espacio en la geografía nacional y en el corazón de muchos panameños y panameñas; se ha presentado en varios escenarios nacionales e internacionales; ha compartido auditorios con las Orquestas Sinfónicas Infantiles de Costa Rica, Bogotá y Cali. Ha realizado dos viajes de intercambio internacional.
No es justo lo que les hicieron vivir el día del homenaje. Fueron convocados para las 5 de la tarde del día en cuestión y, después de tres horas de espera, el Presidente hizo su entrada al atrio, a las 8 de la noche. Sentimos que es una terrible falta de consideración hacer esperar a estos menores de edad que, además de dedicarse al estudio de la música, deben despertarse muy temprano todos los días para asistir y cumplir con sus responsabilidades en los centros educativos donde hacen sus estudios formales.
No bastando con esto, después de los discursos introductorios de rigor, nos percatamos que la Orquesta estaba allí para "amenizar" una de las últimas cenas del mandatario.
Mientras interpretaban con dedicación piezas musicales escogidas por su Director, circulaban alrededor, bandejas con ricos platillos que los comensales degustaban en medio de una amena plática, sin siquiera mirar a veces a los niños y niñas de la orquesta. Eran las madres y padres de los músicos, ocultos tras bastidores (las ruinas de la torre), quienes aplaudían con entusiasmo cada vez que finalizaba la interpretación de cada partitura.
Una vez terminada la presentación a las 9:00 de la noche, algunos miembros de la orquesta expresaron de manera espontánea e inmediata: "ni siquiera nos escucharon". Después, todos fueron conducidos a un pequeño recinto, al lado de la recepción del nuevo museo de Panamá Viejo, cercano al restaurante que allí opera, no dentro de él, donde les harían un brindis. Mientras caminaban ordenadamente hacia ese lugar, los camareros desfilaban hacia el espacio donde esperaban los comensales distinguidos, llevando en sus bandejas lo que parecían deliciosos dulces de queso, cheesecake en lenguaje anglosajón. A nuestros niños les esperaban galletas y soda.
Mi voz de indignación no es por la comida, a pesar que los niños, como es obvio, no habían cenado a esa hora de la noche. Es por la falta de consideración hacia ellos y ellas, que aún sin ser profesionales de la música, cuando se presentan en cualquier escenario, lo hacen con especial dedicación y esmero. Además, como cualquier persona y sobre todo si son niños y niñas, se sienten especiales, disfrutan ser escuchados y admirados, también aplaudidos, elevan su autoestima. No es una orquesta que ameniza eventos, es una orquesta que se presenta para ser escuchada con atención. Esta orquesta ha actuado con igual dedicación ante cualquier escenario, con diversidad de público, unos más sencillos que otros; la diferencia con este que describimos es que los otros siempre han sido públicos receptivos y atentos, amantes de la música.
Lo que recibieron fue lo que nunca se esperó, sobre todo tratándose de los personajes que allí se encontraban. Después de esta demostración de poco interés hacia la cultura que cultivan los pequeños, cabe preguntarse: ¿qué podemos esperar en nuestro país si la máxima autoridad del gobierno es incapaz de demostrar afecto, cariño y ternura por un grupo de niños y niñas que representan lo más sano y puro que puede tener una sociedad? No hay nada en el mundo que justifique el maltrato de cualquier tipo contra los niños, y éste fue de exclusión.
Las madres y padres aprendimos una lección, jamás volverá a suceder algo similar. No podemos callar cuando se afecta la dignidad del ser humano; no hay protocolo ni regla del "jet set" que justifique la forma como fueron tratados los niños y niñas de la orquesta. Pero sobre todo, no debemos olvidar que: los niños primero, siempre, así debe ser.
Como parte del evento se tenía la participación de la Orquesta Sinfónica Infantil de Panamá y la Orquesta de Cámara de la Universidad de Panamá. Lo que me motiva escribir estas líneas se relaciona con la primera. Los niños y niñas que integran esta Orquesta tienen edades que oscilan entre los 8 a 16 años, dedican parte de su tiempo libre al estudio del maravilloso arte de la música en una de las escuelas que el INAC administra en la ciudad capital. Las tardes de tres días a la semana, con entusiasmo, estos niños se alejan de las tentaciones cotidianas (programas de televisión, juegos electrónicos absorbentes y otros) y elevan su cultura y la de este país.
La Orquesta Sinfónica Infantil de Panamá ya se ha ganado un espacio en la geografía nacional y en el corazón de muchos panameños y panameñas; se ha presentado en varios escenarios nacionales e internacionales; ha compartido auditorios con las Orquestas Sinfónicas Infantiles de Costa Rica, Bogotá y Cali. Ha realizado dos viajes de intercambio internacional.
No es justo lo que les hicieron vivir el día del homenaje. Fueron convocados para las 5 de la tarde del día en cuestión y, después de tres horas de espera, el Presidente hizo su entrada al atrio, a las 8 de la noche. Sentimos que es una terrible falta de consideración hacer esperar a estos menores de edad que, además de dedicarse al estudio de la música, deben despertarse muy temprano todos los días para asistir y cumplir con sus responsabilidades en los centros educativos donde hacen sus estudios formales.
No bastando con esto, después de los discursos introductorios de rigor, nos percatamos que la Orquesta estaba allí para "amenizar" una de las últimas cenas del mandatario.
Mientras interpretaban con dedicación piezas musicales escogidas por su Director, circulaban alrededor, bandejas con ricos platillos que los comensales degustaban en medio de una amena plática, sin siquiera mirar a veces a los niños y niñas de la orquesta. Eran las madres y padres de los músicos, ocultos tras bastidores (las ruinas de la torre), quienes aplaudían con entusiasmo cada vez que finalizaba la interpretación de cada partitura.
Una vez terminada la presentación a las 9:00 de la noche, algunos miembros de la orquesta expresaron de manera espontánea e inmediata: "ni siquiera nos escucharon". Después, todos fueron conducidos a un pequeño recinto, al lado de la recepción del nuevo museo de Panamá Viejo, cercano al restaurante que allí opera, no dentro de él, donde les harían un brindis. Mientras caminaban ordenadamente hacia ese lugar, los camareros desfilaban hacia el espacio donde esperaban los comensales distinguidos, llevando en sus bandejas lo que parecían deliciosos dulces de queso, cheesecake en lenguaje anglosajón. A nuestros niños les esperaban galletas y soda.
Mi voz de indignación no es por la comida, a pesar que los niños, como es obvio, no habían cenado a esa hora de la noche. Es por la falta de consideración hacia ellos y ellas, que aún sin ser profesionales de la música, cuando se presentan en cualquier escenario, lo hacen con especial dedicación y esmero. Además, como cualquier persona y sobre todo si son niños y niñas, se sienten especiales, disfrutan ser escuchados y admirados, también aplaudidos, elevan su autoestima. No es una orquesta que ameniza eventos, es una orquesta que se presenta para ser escuchada con atención. Esta orquesta ha actuado con igual dedicación ante cualquier escenario, con diversidad de público, unos más sencillos que otros; la diferencia con este que describimos es que los otros siempre han sido públicos receptivos y atentos, amantes de la música.
Lo que recibieron fue lo que nunca se esperó, sobre todo tratándose de los personajes que allí se encontraban. Después de esta demostración de poco interés hacia la cultura que cultivan los pequeños, cabe preguntarse: ¿qué podemos esperar en nuestro país si la máxima autoridad del gobierno es incapaz de demostrar afecto, cariño y ternura por un grupo de niños y niñas que representan lo más sano y puro que puede tener una sociedad? No hay nada en el mundo que justifique el maltrato de cualquier tipo contra los niños, y éste fue de exclusión.
Las madres y padres aprendimos una lección, jamás volverá a suceder algo similar. No podemos callar cuando se afecta la dignidad del ser humano; no hay protocolo ni regla del "jet set" que justifique la forma como fueron tratados los niños y niñas de la orquesta. Pero sobre todo, no debemos olvidar que: los niños primero, siempre, así debe ser.