Presión paramilitar en la frontera
Darién es vieja zona de descanso y aprovisionamiento de víveres de la guerrilla. Algunos informantes nos dicen que usan nuestros hospitales y se alojan en viviendas alquiladas en la periferia de la capital. Evitan salir de día y concurrir a sitios visitados por policías, pero nos aseguran que hay otros lugares a los que acuden por decenas. Los paramilitares lo saben.
Hace cosa de dos años, las autoridades panameñas capturaron a agentes secretos colombianos - que hasta exhibieron cheques del ejército de su país-, involucrados en el secuestro de una aeronave. Lo más seguro fue que los regresaron de vuelta a Colombia luego de algún arreglo.
El gobierno colombiano ha puesto fin al interminable proceso de paz con la guerrilla y ha lanzado a su ejército a reconquistar territorio insurgente. Los combates recrudecen y en Estados Unidos se ejecutan planes de contingencia para apoyarlo. Las televisoras del hermano país tomaron vistas de personal estadounidense en uniforme de combate. No hay duda, viene la guerra.
Panamá ha firmado con Estados Unidos un acuerdo de patrullaje aéreo y naval de su territorio. Eso es parte del gigantesco dominó que incluye a todos las naciones fronterizas del teatro bélico. Así ha de entenderse y no complicarse y circunscribirse con elucubraciones jurídicas. Las formalidades legales, si proceden, deben sin embargo cumplirse. Pero es un acuerdo necesario si no estamos en condiciones de vigilar nuestras fronteras, vulneradas por la guerrilla en la forma que hemos explicado y como zona de tránsito de armas y drogas en pago. Es una situación de excepción que expone la seguridad nacional.
Thomas Mark, del Colegio de Guerra de Estados Unidos, ha publicado un estudio de 70 páginas en el que recomienda que, para que el ejército colombiano derrote a la guerrilla, debe ceder el territorio que vaya liberando a lo que él llama "fuerzas civiles locales", para nosotros, paramilitares. Y no tenemos la menor duda que eso harán, lo que implicaría una mayor presión de paramilitares en nuestra frontera.
Quizás ha llegado el momento para que nuestras autoridades de seguridad nacional contacten a los gobiernos de Estados Unidos y Colombia para reiterar nuestra neutralidad en esta guerra y procurar los menores perjuicios posibles para nuestro país.
Hace cosa de dos años, las autoridades panameñas capturaron a agentes secretos colombianos - que hasta exhibieron cheques del ejército de su país-, involucrados en el secuestro de una aeronave. Lo más seguro fue que los regresaron de vuelta a Colombia luego de algún arreglo.
El gobierno colombiano ha puesto fin al interminable proceso de paz con la guerrilla y ha lanzado a su ejército a reconquistar territorio insurgente. Los combates recrudecen y en Estados Unidos se ejecutan planes de contingencia para apoyarlo. Las televisoras del hermano país tomaron vistas de personal estadounidense en uniforme de combate. No hay duda, viene la guerra.
Panamá ha firmado con Estados Unidos un acuerdo de patrullaje aéreo y naval de su territorio. Eso es parte del gigantesco dominó que incluye a todos las naciones fronterizas del teatro bélico. Así ha de entenderse y no complicarse y circunscribirse con elucubraciones jurídicas. Las formalidades legales, si proceden, deben sin embargo cumplirse. Pero es un acuerdo necesario si no estamos en condiciones de vigilar nuestras fronteras, vulneradas por la guerrilla en la forma que hemos explicado y como zona de tránsito de armas y drogas en pago. Es una situación de excepción que expone la seguridad nacional.
Thomas Mark, del Colegio de Guerra de Estados Unidos, ha publicado un estudio de 70 páginas en el que recomienda que, para que el ejército colombiano derrote a la guerrilla, debe ceder el territorio que vaya liberando a lo que él llama "fuerzas civiles locales", para nosotros, paramilitares. Y no tenemos la menor duda que eso harán, lo que implicaría una mayor presión de paramilitares en nuestra frontera.
Quizás ha llegado el momento para que nuestras autoridades de seguridad nacional contacten a los gobiernos de Estados Unidos y Colombia para reiterar nuestra neutralidad en esta guerra y procurar los menores perjuicios posibles para nuestro país.