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Presupuesto, deuda social y deuda pública


Los contrastes más notables del Presupuesto General del Estado para la vigencia fiscal de 2006 aprobado en la Asamblea Nacional y que alcanza la suma de B/. 6,740.3 millones, distribuidos en 4,194.8 millones en gastos corrientes y 2,545.4 millones en gastos de capital, son -por su impacto fiscal y económico- el aumento de los ingresos presupuestarios del gobierno central (B/. 624 millones) en virtud de los nuevas impuestos y tasas derivados de la implantación de la Ley No. 6 de 2 de febrero de 2005, "Que implementa un programa de equidad fiscal"; el gran peso que significa el servicio de la deuda pública en el Presupuesto y la escasa atención que en éste se le concede a la deuda social contraída por el Estado con los sectores más vulnerables de la sociedad.
Es en grado sumo cuestionable, por ejemplo, que el presupuesto de inversión de 2006 haya aumentado nada más en B/. 38.5 millones y que al distrito de San Miguelito tan sólo se haya destinado B/. 500 mil para vivienda, en circunstancias en que el problema principal de esta comunidad es el de la medición y titulación de la tierra. Mientras, fueron asignados B/. 17 millones para los Consejos Consultivos y se incrementó la partida "secreta" del Presidente de la República, de 3.4 millones en el 2005 a 5.2 millones para el 2006 (un millón para actividades no definidas del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional). Y se aumentó en B/. 4 millones la partida para inversiones del Despacho de la Primera Dama, adscrito al Ministerio de la Presidencia, el cual pasó de B/. 626 mil en el 2005 a la suma de B/. 4.7 millones para el 2006.
Otro tanto ocurre con los desembolsos para funcionamiento, los gastos de operación pasaron de B/. 1,991.5 millones a 2,306.1 millones en este presupuesto que se acaba de aprobar, es decir, B/. 314.6 millones adicionales. Mientras esto ocurre con los gastos de planilla y de servicios especiales, entre otros, al Gabinete Social (Educación, Salud, Trabajo, Vivienda y Desarrollo Social) tan sólo se le agregaron B/. 27.4 millones en el Presupuesto para el 2006. Sin embargo, de toda la problemática antes enumerada, a mi juicio, la más preocupante, es el pago de intereses y amortización de capitales de la deuda pública. Sencillamente porque conspira en contra del crecimiento de la economía nacional, pone en tela de duda la posibilidad del gobierno de atender la deuda social contraída con los panameños pobres y marginados y porque atenta contra el desarrollo sostenible y sustentable del país. Impagable e injusta deuda pública -particularmente la deuda externa- que asciende a más de B/. 10 mil millones y cuyo servicio acapara B/. 1,724.4 millones del Presupuesto General del Estado para la vigencia fiscal de 2006, esto es, 26 centavos de cada balboa del Presupuesto.
Todo esto para los universitarios es obligación. Y les aseguro, que todos los panameños de bien, que somos la mayoría pero ninguno más, estaremos con ustedes. Sus iniciativas harán que los espectadores benévolos se unan a este esfuerzo. Y si se les acusa de sectarismo, les digo que yo tengo la insolencia de ser ardientemente sectario, y en un país como este, enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia, a refrenar el libre examen, y a soportar la miseria, ¡Qué mejor sectarismo que el de seguir la secta de la verdad, de la justicia, y del progreso social¡
El porvenir de Panamá -en gran medida- está echado sobre la aplicación de la educación universitaria al servicio de la moral, civismo, y honestidad. Así, cada universitario siempre pondrá atención a educarse a sí mismo, porque el verdadero objetivo de la educación, como el de cualquier otra disciplina moral, es engendrar y alcanzar la felicidad. Además, el ser humano comienza, en realidad, a envejecer cuando cesa de ser educable. La educación permanente es el pan del alma. Asimismo, la vida intelectual y moral, para ampliarse y manifestarse, necesita ciertas influencias externas; y asimilarse por lo menos una parte de las ideas, afectos, y tendencias ajenas.
Profesionalmente, no hay que trabajar exclusivamente por una paga, si no también para aplicar su inteligencia y conciencia al progreso social del país. En el cumplimiento de ese deber, es soberanamente justo, que todos estemos a la altura de esta gran misión histórica. Que ese diploma, no sea solo un pedazo de papel. Estamos seguros, universitarios, que se han dado cuenta, en sus conciencias y corazones, de la enorme importancia del camino que recorrerán, que vendrán días de pruebas, porque la educación lleva consigo, en primer término la responsabilidad de la toma de decisiones. El acierto o el fracaso es secundario, a la convicción moral en la toma de la misma. Estoy convencido que atinarán, para honra de ustedes, orgullo de sus familiares, y provecho común de nuestro querido Panamá.
(jacha@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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