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Presupuesto exuberante


En tiempos de incertidumbre económica mundial, no es aconsejable para el año próximo un presupuesto nacional con excesivos gastos y préstamos. Hacerlo en tiempos de elecciones, restando unos pocos meses de mandato al actual gobierno, se presta incluso a suspicacias.

Por alguna razón, cada administración en su último año, parece sufrir del síndrome de los últimos días de Pompeya. Parece volverse loca en gastos y querer dejar a su sucesora una tierra arrasada, de arcas vacías y deudas hasta el tope. Como resultado, cada nuevo presidente y su equipo, se ve obligado a invertir meses, si no años, en hallar una fórmula mágica que le permita encontrar recursos donde alguien se esmeró en no dejarlos. Nadie parece entender que el país no acaba y no renace cada cinco años.

Si estuviéramos en recesión, quizás se comprendería un gran gasto público. Pero no en tiempos en que la economía nacional crece a cifras altas, arriba de 8% anual, lo cual es indicativo que no se necesita que el Gobierno intervenga para incrementar lo que crece solo. Claro que hay gastos sociales, de planilla y de servicios públicos que hay que atender, pero éstos han de ser razonables considerando la especial circunstancia de que resta muy poco tiempo para ejecutar tan magno presupuesto, y que es aconsejable dar tiempo y reservas suficientes a la nueva administración para ejecutar sus propios programas.

Por otra parte, los principales expertos económicos recomiendan ahorrar más, gastar menos y pagar deuda, en los tiempos actuales de crisis financiera mundial y monedas débiles. Porque nos pueden hacer falta las reservas cuando la situación empeore. Y cuando ocurra, es mejor tener las arcas llenas y las tarjetas de crédito vacías.

101 años de Panamá América

 
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