¿Prevención a nivel de los nichos delictivos?
Panamá poco a poco se está convirtiendo en “la ciudad del temor”, y es porque estamos siendo secuestrados de una violencia indiscriminada que evoluciona con rapidez desatando sus resultados sobre el pueblo panameño. El ciudadano común ya selecciona los posibles lugares a los que puede concurrir con su familia y ha descartado prácticamente sus salidas de tipo nocturno. Las residencias se ven reformadas en cuanto a sistemas de seguridad que incluyen alarmas, vídeo-cámaras, cercas electrificadas, con cuchillas y púas e inclusive algunos contratan agencias de seguridad. Y es que el temor radica en la aproximación muy cercana de la criminalidad cuando ya nuestros vecinos y amigos, son objeto de asaltos e inclusive de secuestros. Las noches se hacen intranquilas y en sobresalto ante cualquier ruido o movimiento que se relacione con la violación domiciliaria por delincuentes que ya no solo roban sino que cobran vidas por el solo hecho de cegarlas. Los funcionarios públicos ya no quieren permanecer en reuniones a deshoras que pueda significar su sacrificio como víctimas potenciales de la creciente criminalidad.
El número de jóvenes integrantes de pandillas aumenta, acrecentando con ello el aumento de las mismas. A nivel de los países centroamericanos deben existir en estos momentos más de 100,000 integrantes de las mismas, lo que se agrava en su relación creciente con el crimen organizado y el sicariato activo. En los países que se optó por introducir la “mano dura”, desencadenó la transnacionalización de las pandillas, su funcionamiento en la clandestinidad y reacciones más violentas sobre la población.
Vemos con gran preocupación que existe una creciente deshumanización para la acción criminal de modo que aparecen cadáveres mutilados y empaquetados, situación que no se ejecutaba en nuestro país.
Es necesaria una acción preventiva integral a nivel de las zonas que representan “nichos delictivos”, accionando sobre los núcleos familiares, el medio social y el medio escolar, actuando por la acción de trabajadoras sociales, maestros, sociólogos, psicólogos, que como grupo de trabajo preventivo puede ayudar a la familia y al joven en la consecución de becas, inducción al trabajo y oportunidad de obtenerlo, programas recreativos y de promoción deportiva, artística y artesanal, paralelamente con el trabajo preventivo realizado a nivel policial en cuanto a la detección de jóvenes con problemas o que pertenecen a pandillas y su introducción a la rehabilitación. Estas acciones se complementan en lo que es el diagnóstico, la prevención, y la rehabilitación de los jóvenes. Esto significa actuar rápida y eficazmente “antes de” que el joven sea absorbido por medio criminal, identificando plenamente las zonas de riesgo y caldos de cultivo en donde se producen los nichos delictivos. Hay que actuar socialmente, porque como decía el sociólogo Emile Durkheim y el criminólogo Alessandro Baratta, antes que responsabilizar al individuo, hay que analizar por qué se produce el crimen en la sociedad, hay que buscar en la sociedad la razón de la delincuencia.