Prevenir es mejor que lamentar
Un sinnúmero de empresas privadas y organizaciones no gubernamentales serán escenarios de debates y análisis sobre la problemática. Igualmente harán lo propio la Comisión Nacional contra las Drogas, el Centro Interamericano contra la Drogadicción (CICAD), el Ministerio de Salud, el Ministerio de Educación, la Universidad de Panamá, la Iglesia Católica, Hogares Crea y Cruz Blanca Panameña.
Con la celebración de esta fecha existe la esperanza que algún día podremos erradicar el deterioro que causa las drogas. Pero para alcanzar esa victoria será necesario invertir en la prevención, que es la principal herramienta que la sociedad debe utilizar de punta de lanza para abrir el camino hacia la confianza que juntos podremos ganar la batalla.
A pesar de que los productores y usuarios de drogas son los menos en comparación con el resto que se abstiene de ellas, el poder económico y político que representan aquellos sobrepasa la imaginación, quedando la mayoría en desventaja y en total desprotección ante los mecanismos de oferta que constantemente cambian para garantizar una clientela fija. Por eso es importante, hoy más que nunca, la inclusión de la Iglesia y de todos los estamentos de la sociedad en un planteamiento estratégico, con miras a proteger a las personas de los malvados traficantes de la muerte. En consecuencia, será menester resaltar los valores morales a través de programas en escuelas y puntos de trabajo con recursos económicos sostenibles.
La cantidad de drogadictos que habitan en Panamá es alarmante, a pesar que se trata de una cifra no censada. Solamente habría que tomar en cuenta que las drogas más utilizadas en Panamá son el alcohol y el tabaco, y además existe una cantidad considerable de personas que se han hecho adictos en sus propios hogares, tomando píldoras y medicamentos recetados por médicos, pero que su uso no ha sido controlado ni por las personas que lo recetaron ni por los propios pacientes.
En virtud de esta realidad, hay que señalar que la institución más importante en la prevención es la familia. De allí la significación de solidificar los valores de cada miembro de la familia y evitar la desintegración de la misma por causa de divorcios y separaciones. Mientras esto no se logre, nunca podremos trabajar con propiedad en la prevención. Y si no trabaja la familia permanente y sostenidamente con la empresa privada, las entidades gubernamentales y la Iglesia, será un enfrentamiento desigual casi sin esperanzas de éxito, ya que las pocas personas que tienen como empresa el lucrativo negocio de la droga, no tienen nada de perder en comparación a la destrucción que causan las drogas en los hogares de la comunidad panameña.
Con la celebración de esta fecha existe la esperanza que algún día podremos erradicar el deterioro que causa las drogas. Pero para alcanzar esa victoria será necesario invertir en la prevención, que es la principal herramienta que la sociedad debe utilizar de punta de lanza para abrir el camino hacia la confianza que juntos podremos ganar la batalla.
A pesar de que los productores y usuarios de drogas son los menos en comparación con el resto que se abstiene de ellas, el poder económico y político que representan aquellos sobrepasa la imaginación, quedando la mayoría en desventaja y en total desprotección ante los mecanismos de oferta que constantemente cambian para garantizar una clientela fija. Por eso es importante, hoy más que nunca, la inclusión de la Iglesia y de todos los estamentos de la sociedad en un planteamiento estratégico, con miras a proteger a las personas de los malvados traficantes de la muerte. En consecuencia, será menester resaltar los valores morales a través de programas en escuelas y puntos de trabajo con recursos económicos sostenibles.
La cantidad de drogadictos que habitan en Panamá es alarmante, a pesar que se trata de una cifra no censada. Solamente habría que tomar en cuenta que las drogas más utilizadas en Panamá son el alcohol y el tabaco, y además existe una cantidad considerable de personas que se han hecho adictos en sus propios hogares, tomando píldoras y medicamentos recetados por médicos, pero que su uso no ha sido controlado ni por las personas que lo recetaron ni por los propios pacientes.
En virtud de esta realidad, hay que señalar que la institución más importante en la prevención es la familia. De allí la significación de solidificar los valores de cada miembro de la familia y evitar la desintegración de la misma por causa de divorcios y separaciones. Mientras esto no se logre, nunca podremos trabajar con propiedad en la prevención. Y si no trabaja la familia permanente y sostenidamente con la empresa privada, las entidades gubernamentales y la Iglesia, será un enfrentamiento desigual casi sin esperanzas de éxito, ya que las pocas personas que tienen como empresa el lucrativo negocio de la droga, no tienen nada de perder en comparación a la destrucción que causan las drogas en los hogares de la comunidad panameña.