Primarias
Observé en días pasados, a través de una entrevista en RCM televisión, Canal 21, al Presidente del Colegio Nacional de Abogados, el Licdo. Carlos Vásquez, lamentarse de la exigua participación de la "sociedad civil" en el primer debate a las Reformas Electorales que se inició el día 10 de diciembre de 2002. Este es un indubitable hecho que tiene su cimiento en la falta de credibilidad que la ciudadanía ostenta en la actual clase política. Después del ignominioso protagonismo que ha mantenido la clase política, a través de estos años, ¿qué otra reacción podemos esperar? El pueblo calla, pero observa, y durante las próximas elecciones, con tal que la clase política no rectifique su forma de proceder, se revelará, sin distingos, con una mancha de votos de repudio contra la actual clase política. Esperen y verán.
La clase política fragua nuevamente desfavorecer las aspiraciones democráticas de la ciudadanía y, con gran fanfarria, con el ánimo de distraer la atención de los problemas reales de nuestra democracia, nos traen el tema de "las primarias", que no es más que una forma de manejo que utilizan los candidatos a la Presidencia de la República para cristalizar sus expectativas políticas, como también lo son las "convenciones" o "decisiones cupulares", pero la democracia es otra cosa mucho más profunda.
Las primarias, que son un pseudo rayo de luz democrática, no suelen interesar realmente a las elites dirigentes de los partidos políticos, de allí su interés en eliminarlas, declararlas muertas, desahuciarlas. Sus antagonistas argumentan que se oponen a ellas por el alto costo que involucran, lo que es cierto; la fácil vulneración, que también es correcto, y el equivocado y distorsionado sentido de la preferencia presidencial de un determinado sector que puede acarrear resentimientos, y sobre todo, divisionismo dentro de los partidos políticos, como la experiencia en forma pródiga ha destacado.
Indubitablemente las primarias introducen incertidumbre, dan motivo a la sorpresa y las elites dirigentes no quieren sorpresas ni incertidumbres, sino libertad de acción y total control de la organización. Y es que las primarias, en especial, cuando se amplían a los simpatizantes o a quienes se registren como votantes, sobrellevan una reorganización interna notable que provoca trastornos en el funcionamiento ordinario del partido.
Pero los riesgos no son solos internos. También se dan en el exterior y pueden ser mayores. Ellas pueden originar el absentismo, que podría ser mayor al entusiasmo que su convocatoria ha generado y pueden convertirse en causa de escarmiento, más que un galardón.
Dejémonos de subterfugios. ¡Qué primarias o que ocho cuartos! Ellas son recursos de los partidos que muy poco tienen que ver con la democracia. O la clase política panameña realmente asume un papel comprometido con ocasión de las reformas electorales y trabaja por la consolidación de ella en nuestro medio o sucumbirá. Que no se nos vengan ahora a exponer que las reformas fueron consensuadas con la sociedad civil. Del largo listado de asociaciones e instituciones que se mencionan, sólo un puñado tuvo derecho a voto, el resto eran mirones con derecho a voz. ¡Vaya procurada forma de consensuar!
Sobrada razón teníamos cuando el pasado jueves 7 de noviembre de 2002, al referirnos en nuestra columna a las reformas electorales, expresamos nuestra perplejidad por los resultados y a tal efecto enunciamos: "Cuando hablamos de reformas electorales me pregunto: ¿quiénes las harán? ¿Será acaso la actual clase política que se encuentra enquistada en el poder, y que, como es obvio, hará todo lo posible para defender sus privilegios y permanencia? Si es así , muy poco podemos esperar los panameños de este montaje con el cual pretende adormecer la clase política nuestra conciencia ciudadana. Cualquiera reforma tiene que ser realizada por la nueva clase política que los panameños elijamos en el 2004, la actual está descalificada. Y este descrédito de la clase política, decíamos en la aludida columna, "lo encabeza el propio Tribunal Electoral, designado por el ex Presidente Endara, que escogió a un representante de cada uno los tres más grandes partidos: el PRD, el MOLIRENA y el arnulfismo. Apenas unos días antes de su designación, los postulados "renunciaron" para guardar las apariencias y exigencias de la ley, a su condición de miembros activos de los colectivos políticos a los que pertenecían, aunque en el escenario real parecen respirar, transpirar y mantener los lazos con los partidos que los llevaron a dicha posición".
Se acabó la retórica, señores. La ciudadanía demanda hechos. La ciudadanía solicita la eliminación de los subsidios del gobierno a los partidos políticos, la divulgación a solicitud de parte interesada de las contribuciones económicas o de servicios recibidos, la prohibición de participar en los actos públicos de licitación a todos aquellos que hacen contribuciones económicas a los partidos políticos, la vigencia del principio universal de una persona un voto, la obligación de los partidos políticos de mantener abiertos sus libros de inscripción durante todo el año, la eliminación de todo tipo de prebendas, la disminución del número de legisladores existentes y sus suplentes, etc.
La coexistencia o la total disipación de la actual clase política dependerá de su protagonismo. La sociedad civil está observándolos y está en pie de guerra. Recuerden que la ciudadanía ostenta el poder y que lo ejercerá plenamente el día de las elecciones.
La clase política fragua nuevamente desfavorecer las aspiraciones democráticas de la ciudadanía y, con gran fanfarria, con el ánimo de distraer la atención de los problemas reales de nuestra democracia, nos traen el tema de "las primarias", que no es más que una forma de manejo que utilizan los candidatos a la Presidencia de la República para cristalizar sus expectativas políticas, como también lo son las "convenciones" o "decisiones cupulares", pero la democracia es otra cosa mucho más profunda.
Las primarias, que son un pseudo rayo de luz democrática, no suelen interesar realmente a las elites dirigentes de los partidos políticos, de allí su interés en eliminarlas, declararlas muertas, desahuciarlas. Sus antagonistas argumentan que se oponen a ellas por el alto costo que involucran, lo que es cierto; la fácil vulneración, que también es correcto, y el equivocado y distorsionado sentido de la preferencia presidencial de un determinado sector que puede acarrear resentimientos, y sobre todo, divisionismo dentro de los partidos políticos, como la experiencia en forma pródiga ha destacado.
Indubitablemente las primarias introducen incertidumbre, dan motivo a la sorpresa y las elites dirigentes no quieren sorpresas ni incertidumbres, sino libertad de acción y total control de la organización. Y es que las primarias, en especial, cuando se amplían a los simpatizantes o a quienes se registren como votantes, sobrellevan una reorganización interna notable que provoca trastornos en el funcionamiento ordinario del partido.
Pero los riesgos no son solos internos. También se dan en el exterior y pueden ser mayores. Ellas pueden originar el absentismo, que podría ser mayor al entusiasmo que su convocatoria ha generado y pueden convertirse en causa de escarmiento, más que un galardón.
Dejémonos de subterfugios. ¡Qué primarias o que ocho cuartos! Ellas son recursos de los partidos que muy poco tienen que ver con la democracia. O la clase política panameña realmente asume un papel comprometido con ocasión de las reformas electorales y trabaja por la consolidación de ella en nuestro medio o sucumbirá. Que no se nos vengan ahora a exponer que las reformas fueron consensuadas con la sociedad civil. Del largo listado de asociaciones e instituciones que se mencionan, sólo un puñado tuvo derecho a voto, el resto eran mirones con derecho a voz. ¡Vaya procurada forma de consensuar!
Sobrada razón teníamos cuando el pasado jueves 7 de noviembre de 2002, al referirnos en nuestra columna a las reformas electorales, expresamos nuestra perplejidad por los resultados y a tal efecto enunciamos: "Cuando hablamos de reformas electorales me pregunto: ¿quiénes las harán? ¿Será acaso la actual clase política que se encuentra enquistada en el poder, y que, como es obvio, hará todo lo posible para defender sus privilegios y permanencia? Si es así , muy poco podemos esperar los panameños de este montaje con el cual pretende adormecer la clase política nuestra conciencia ciudadana. Cualquiera reforma tiene que ser realizada por la nueva clase política que los panameños elijamos en el 2004, la actual está descalificada. Y este descrédito de la clase política, decíamos en la aludida columna, "lo encabeza el propio Tribunal Electoral, designado por el ex Presidente Endara, que escogió a un representante de cada uno los tres más grandes partidos: el PRD, el MOLIRENA y el arnulfismo. Apenas unos días antes de su designación, los postulados "renunciaron" para guardar las apariencias y exigencias de la ley, a su condición de miembros activos de los colectivos políticos a los que pertenecían, aunque en el escenario real parecen respirar, transpirar y mantener los lazos con los partidos que los llevaron a dicha posición".
Se acabó la retórica, señores. La ciudadanía demanda hechos. La ciudadanía solicita la eliminación de los subsidios del gobierno a los partidos políticos, la divulgación a solicitud de parte interesada de las contribuciones económicas o de servicios recibidos, la prohibición de participar en los actos públicos de licitación a todos aquellos que hacen contribuciones económicas a los partidos políticos, la vigencia del principio universal de una persona un voto, la obligación de los partidos políticos de mantener abiertos sus libros de inscripción durante todo el año, la eliminación de todo tipo de prebendas, la disminución del número de legisladores existentes y sus suplentes, etc.
La coexistencia o la total disipación de la actual clase política dependerá de su protagonismo. La sociedad civil está observándolos y está en pie de guerra. Recuerden que la ciudadanía ostenta el poder y que lo ejercerá plenamente el día de las elecciones.