Primarias Arnulfistas
El nivel del discurso se ha elevado, sin dejar de ser enérgico en ambos bandos, disipando del todo los temores iniciales. Sea cual fuere el resultado, el ejercicio ha revitalizado un gigante que lucía apagado. Si la intención de las primarias era dividir, como alegan algunos opositores, bien podría decirse que el disparo "salió por la culata", con el agravante de que el PRD no podrá ya beneficiarse de un ejercicio similar.
Otro aspecto positivo para los arnulfistas es que ahora nadie, de sus potenciales aliados, podrá disputarles el indiscutido liderazgo de la oposición. Incluso ninguno de los demás partidos en existencia, ni siquiera el principal de gobierno, puede ser capaz de semejante despliegue de fuerza y agitación proselitista interna a lo largo y ancho de toda la geografía nacional, con casi 600 mesas de votación en 489 corregimientos.
Y es una realidad que ningún evento deportivo ni de otra naturaleza, desde los tiempos de los combates epopéyicos de Durán, ha despertado tanta expectativa del público en los últimos años, que las primarias del domingo próximo. Nadie piensa o discute otra cosa; y las televisoras y demás medios aseguramos desde ya, puestos de privilegio para la transmisión en vivo.
Hasta es posible que si los arnulfistas hubieran anticipado el efecto de su torneo interno, reflejado en el incremento de los niveles de audiencia, anuncios y espacio en los medios de comunicación, habrían financiado parte del costo de su elección interna con la venta de derechos de transmisión especial y similares.
Así las cosas, los estrategas del PRD deben estarse lamentando a estas horas del experimento que ellos mismos se encargaron de imponer con su mayoría en la Asamblea. La suma de las campañas de ambos candidatos arnulfistas ha monopolizado la atención del público durante las últimas seis semanas a tal grado, que proyecta la impresión de que es un partido que multiplica varias veces su número de inscritos, con el correspondiente dividendo en imagen.
El impacto logrado no habría sido nunca mayor a igual costo, si tal esfuerzo hubiera coincidido con campañas similares o en sentido contrario de otros colectivos. Es como si el arnulfista estuviera corriendo solo hacia la presidencia de la República, mientras los demás asisten silenciosos, como meros expectadores, sin oportunidad de devolver el golpe.
Y para colmo el despliegue de dos buenos candidatos, uno de cada sexo, con variada formación, origen y trayectoria, abarcando entre los dos toda la gama de gustos y preferencias. No es la misma situación de otros colectivos, sometidos a dictaduras de hecho o de derecho, incapaces de brindar nuevas variantes o alternativas.
En fin, en estos 45 días, el arnulfismo nos ha estado brindando un regio espectáculo democrático, pleno de entusiasmo y colorido, como nunca antes hemos presenciado en torneo interno alguno de nuestra historia. Después del domingo, irán en busca de la Presidencia de la República.
Otro aspecto positivo para los arnulfistas es que ahora nadie, de sus potenciales aliados, podrá disputarles el indiscutido liderazgo de la oposición. Incluso ninguno de los demás partidos en existencia, ni siquiera el principal de gobierno, puede ser capaz de semejante despliegue de fuerza y agitación proselitista interna a lo largo y ancho de toda la geografía nacional, con casi 600 mesas de votación en 489 corregimientos.
Y es una realidad que ningún evento deportivo ni de otra naturaleza, desde los tiempos de los combates epopéyicos de Durán, ha despertado tanta expectativa del público en los últimos años, que las primarias del domingo próximo. Nadie piensa o discute otra cosa; y las televisoras y demás medios aseguramos desde ya, puestos de privilegio para la transmisión en vivo.
Hasta es posible que si los arnulfistas hubieran anticipado el efecto de su torneo interno, reflejado en el incremento de los niveles de audiencia, anuncios y espacio en los medios de comunicación, habrían financiado parte del costo de su elección interna con la venta de derechos de transmisión especial y similares.
Así las cosas, los estrategas del PRD deben estarse lamentando a estas horas del experimento que ellos mismos se encargaron de imponer con su mayoría en la Asamblea. La suma de las campañas de ambos candidatos arnulfistas ha monopolizado la atención del público durante las últimas seis semanas a tal grado, que proyecta la impresión de que es un partido que multiplica varias veces su número de inscritos, con el correspondiente dividendo en imagen.
El impacto logrado no habría sido nunca mayor a igual costo, si tal esfuerzo hubiera coincidido con campañas similares o en sentido contrario de otros colectivos. Es como si el arnulfista estuviera corriendo solo hacia la presidencia de la República, mientras los demás asisten silenciosos, como meros expectadores, sin oportunidad de devolver el golpe.
Y para colmo el despliegue de dos buenos candidatos, uno de cada sexo, con variada formación, origen y trayectoria, abarcando entre los dos toda la gama de gustos y preferencias. No es la misma situación de otros colectivos, sometidos a dictaduras de hecho o de derecho, incapaces de brindar nuevas variantes o alternativas.
En fin, en estos 45 días, el arnulfismo nos ha estado brindando un regio espectáculo democrático, pleno de entusiasmo y colorido, como nunca antes hemos presenciado en torneo interno alguno de nuestra historia. Después del domingo, irán en busca de la Presidencia de la República.