Primer apunte sobre los servicios públicos
No estuve de acuerdo con la privatización de los servicios públicos en la República de Panamá. Si bien es cierto que discrepo con la postura de un Estado protector, tolerante y mal administrador de tan vitales componentes, sostengo la premisa de que el mismo tiene la obligación primaria de velar para que ellos se ofrezcan -y sobre todo se cobren y ejecuten adecuadamente- como una asistencia al usuario nacional, y no a modo de hacer negocio con consorcios locales o internacionales.
A pesar de lo anterior, la telefonía y la electricidad ya forman parte de un esquema que -espero yo- no traiga mayores problemas que los que en teoría proponen resolver quienes auparon su establecimiento. Mientras el agua pareciera no haber sucumbido a los dictámenes de la globalización el servicio de transporte público interurbano -tema de obligado comentario- sigue flotando en un limbo peligroso y cuya definición es de importancia cardinal para las ciudades de Panamá y Colón.
A manera de introducción al tema, recuerdo que las áreas boscosas de la cuenca, la bahía y el Canal han contribuido a establecer esa conformación lineal que aqueja en muchos campos a la principal ciudad de la República de Panamá. De igual forma, me he referido a que los dos corredores periféricos contribuirán en la fluidez del desplazamiento vehicular en el eje Este-Oeste, y en cierta medida, en el Norte-Sur cuando se termine, de una vez por todas, la autopista a la ciudad de Colón. Ambas arterias deberán tener la necesaria continuidad vial para conectarse al puente de las Américas -además de otros cruces proyectados- en su ruta hacia el oriente urbano de la ciudad capital.
Sin embargo, los dos corredores tendrán que completarse a cabalidad; de lo contrario tendrán importancia sólo para sectores específicos, generando nuevos y más espeluznantes embotellamientos en las viejas vías que sirven a la principal urbe de nuestro país.
Ahora bien, el problema de tráfico interno de la ciudad de Panamá ha recibido muy poco beneficio de las obras en referencia, pues el desplazamiento cotidiano funciona dentro de otro esquema de movilización. Son tramos cortos que se desarrollan en calles y avenidas cuya difícil ampliación -sino imposible - merecen un enfoque diferente.
Luego del reordenamiento vial aplicado hace algunos años, es muy poco lo que se puede hacer físicamente sobre ellas. Las opciones que nos quedan no son otras que los pasos elevados y la modernización efectiva del transporte público interurbano.
Los cruces a desnivel en intersecciones que se producen en vía España, avenida Federico Boyd, el malecón Balboa, vía Brasil y calle 50, al igual que los que demandan ciertos puntos en la carretera Boyd-Roosevelt y la Ricardo J. Alfaro, acortarían el tiempo de movilización dentro del centro urbano de la ciudad de Panamá, siempre y cuando el transporte público llegara a ser regulado dentro de estándares propios de una ciudad que ya rebasó el millón de habitantes.
Sobre este tema continuaré la semana próxima, no sin antes llamar la atención al Ente Regulador de los Servicios Públicos para que interponga pronto sus buenos oficios, a fin de solventar tan delicado asunto. Este problema, junto a otros ligados directamente al transporte colectivo, su tenencia, la falta de seriedad dentro del manejo cotidiano que el mismo demanda, los equipos con que brindan el servicio y la debacle que causan a diario en las principales ciudades de la república de Panamá -puntos todos que caen dentro del campo de influencia de dicho despacho- no se hubieran dado si la institución que nos ocupa aplicara rigurosamente los justos propósitos que motivaron su establecimiento.
A pesar de lo anterior, la telefonía y la electricidad ya forman parte de un esquema que -espero yo- no traiga mayores problemas que los que en teoría proponen resolver quienes auparon su establecimiento. Mientras el agua pareciera no haber sucumbido a los dictámenes de la globalización el servicio de transporte público interurbano -tema de obligado comentario- sigue flotando en un limbo peligroso y cuya definición es de importancia cardinal para las ciudades de Panamá y Colón.
A manera de introducción al tema, recuerdo que las áreas boscosas de la cuenca, la bahía y el Canal han contribuido a establecer esa conformación lineal que aqueja en muchos campos a la principal ciudad de la República de Panamá. De igual forma, me he referido a que los dos corredores periféricos contribuirán en la fluidez del desplazamiento vehicular en el eje Este-Oeste, y en cierta medida, en el Norte-Sur cuando se termine, de una vez por todas, la autopista a la ciudad de Colón. Ambas arterias deberán tener la necesaria continuidad vial para conectarse al puente de las Américas -además de otros cruces proyectados- en su ruta hacia el oriente urbano de la ciudad capital.
Sin embargo, los dos corredores tendrán que completarse a cabalidad; de lo contrario tendrán importancia sólo para sectores específicos, generando nuevos y más espeluznantes embotellamientos en las viejas vías que sirven a la principal urbe de nuestro país.
Ahora bien, el problema de tráfico interno de la ciudad de Panamá ha recibido muy poco beneficio de las obras en referencia, pues el desplazamiento cotidiano funciona dentro de otro esquema de movilización. Son tramos cortos que se desarrollan en calles y avenidas cuya difícil ampliación -sino imposible - merecen un enfoque diferente.
Luego del reordenamiento vial aplicado hace algunos años, es muy poco lo que se puede hacer físicamente sobre ellas. Las opciones que nos quedan no son otras que los pasos elevados y la modernización efectiva del transporte público interurbano.
Los cruces a desnivel en intersecciones que se producen en vía España, avenida Federico Boyd, el malecón Balboa, vía Brasil y calle 50, al igual que los que demandan ciertos puntos en la carretera Boyd-Roosevelt y la Ricardo J. Alfaro, acortarían el tiempo de movilización dentro del centro urbano de la ciudad de Panamá, siempre y cuando el transporte público llegara a ser regulado dentro de estándares propios de una ciudad que ya rebasó el millón de habitantes.
Sobre este tema continuaré la semana próxima, no sin antes llamar la atención al Ente Regulador de los Servicios Públicos para que interponga pronto sus buenos oficios, a fin de solventar tan delicado asunto. Este problema, junto a otros ligados directamente al transporte colectivo, su tenencia, la falta de seriedad dentro del manejo cotidiano que el mismo demanda, los equipos con que brindan el servicio y la debacle que causan a diario en las principales ciudades de la república de Panamá -puntos todos que caen dentro del campo de influencia de dicho despacho- no se hubieran dado si la institución que nos ocupa aplicara rigurosamente los justos propósitos que motivaron su establecimiento.