Primer Gabinete de Bush
Otro rasgo del gabinete ministerial que suscita especulaciones encontradas es la presencia de hombres de guerra en puestos claves de la nueva administración republicana. Si no hay conflictos bélicos en el horizonte ¿ qué es lo que justifica la presencia del general (r) Colin Powell en la Secretaria de Estado y del ex secretario de defensa Dick Cheney en la vicepresidencia? Powell tiene prestigio indudable, pero de corte militar por su destacada actuación en la campaña Tormenta en el Desierto. Sin embargo, su experiencia como político y diplomático recién se apreciará en el ejercicio de un cargo en el que tendrá que actuar más como mediador o apaciguador que de atizador. No se oculta que Powell y la consejera de seguridad son nombramientos con un ojo puesto en la comunidad afroamericana que prefirió entregar el voto al demócrata Al Gore y que por añadidura sigue herida por la suspensión del recuento de los votos que discriminó a los ghettos del estado de Florida.
El criterio multiracial de los nombramientos se comprueba en la revisión de un gabinete en el que hay dos afroamericanos, dos hispanos, un japonés- americano, un italo - americano y un libanés - americano. Bush es consciente de que gobernará un país dividido; un país dividido no sólo desde el punto de vista electoral sino también racial, un país que, por ende, reclama unidad desde todas sus vertientes. En el Senado se produjo un empate de estrictez matemática, pero donde la posible defección de dos veteranos republicanos, uno de 92 años y otro aquejado de cáncer y otras dolencias, podría inclinar la balanza al sector demócrata.
El manejo de este delicado balance requiere sutileza política al grado máximo. Sin embargo, desde sectores liberales parten protestas por la nominación del ultraderechista ex - senador John Aschcroft y desde grupos ecologistas se oyen recriminaciones por la mano blanda del nuevo secretario de Energía, Spencer Abraham, en materia de prospecciones petroleras en Alaska. Rodeado de la vieja guardia republicana, el ex gobernador de Texas intentará calcular cada paso, sopesar sus consecuencias, examinar al revés y al derecho sus decisiones pesando en términos de país no sólo porque es presidente, sino porque debe satisfacer a la otra mitad que, aunque votó mayoritariamente por su contrincante, el Colegio Electoral hace posible que lo acepten como jefe de la Nación.
El criterio multiracial de los nombramientos se comprueba en la revisión de un gabinete en el que hay dos afroamericanos, dos hispanos, un japonés- americano, un italo - americano y un libanés - americano. Bush es consciente de que gobernará un país dividido; un país dividido no sólo desde el punto de vista electoral sino también racial, un país que, por ende, reclama unidad desde todas sus vertientes. En el Senado se produjo un empate de estrictez matemática, pero donde la posible defección de dos veteranos republicanos, uno de 92 años y otro aquejado de cáncer y otras dolencias, podría inclinar la balanza al sector demócrata.
El manejo de este delicado balance requiere sutileza política al grado máximo. Sin embargo, desde sectores liberales parten protestas por la nominación del ultraderechista ex - senador John Aschcroft y desde grupos ecologistas se oyen recriminaciones por la mano blanda del nuevo secretario de Energía, Spencer Abraham, en materia de prospecciones petroleras en Alaska. Rodeado de la vieja guardia republicana, el ex gobernador de Texas intentará calcular cada paso, sopesar sus consecuencias, examinar al revés y al derecho sus decisiones pesando en términos de país no sólo porque es presidente, sino porque debe satisfacer a la otra mitad que, aunque votó mayoritariamente por su contrincante, el Colegio Electoral hace posible que lo acepten como jefe de la Nación.