Primer paso a la energía eólica
En silencio, procurando un bajo perfil, sin los despliegues sensacionalistas de la alcoholina, promotores europeos de la energía eólica generadora de electricidad, dan los primeros pasos para instalar en todo el país unos mil quinientos molinos de viento capaces de doblar toda la producción eléctrica del país.
Es una tecnología danesa y alemana, usada con éxito en el Viejo Continente, particularmente en España, donde tan solo en Galicia, los molinos generan 80% de la electricidad, sin polución ni impacto ambiental alguno.
Las aspas, que se elevan unos 80 metros sobre el nivel del suelo, tienen un diámetro de unos 40 metros, que giran a un máximo de 40 kilómetros por hora y a un promedio de 20. Si la mitad de ellos girara, bastarían para abastecer al país sin necesidad de quemar una gota de petróleo ni consumir una gota de agua de represa alguna. ¿Absurdo? Basta con consultar a Internet o volar hacia Galicia para contemplar esa maravilla tecnológica.
Los estudios revelan que en Panamá existe más de un centenar de sitios de potencial eólico, esto es, de vientos suficientes para mover los molinos a la velocidad adecuada. Y es tal su capacidad, que los promotores proyectan vender electricidad a Centroamérica.
Por las noches, cuando las termoeléctricas se apagan o disminuyen la quema de bunker por bajo consumo, y las hidroeléctricas detienen algunas turbinas, los molinos siguen girando porque el viento no se detiene. Es allí cuando la energía que generan se emplea para bombear y almacenar agua que sirve para el consumo o para producir luego más electricidad. Y lo mejor es que el viento es gratis.
Ni siquiera las aves son afectadas. Ellas esquivan fácilmente las aspas por su lento girar e impacto insignificante. Más riesgo representan los aviones y helicópteros.
Así como Brasil es pionero del uso del alcohol como combustible en vehículos, Panamá podría llegar a serlo con un pleno aprovechamiento de la energía eólica. La mayor parte de los molinos se fabricaría en Panamá, generando unos tres mil empleos permanentes.
Es una tecnología danesa y alemana, usada con éxito en el Viejo Continente, particularmente en España, donde tan solo en Galicia, los molinos generan 80% de la electricidad, sin polución ni impacto ambiental alguno.
Las aspas, que se elevan unos 80 metros sobre el nivel del suelo, tienen un diámetro de unos 40 metros, que giran a un máximo de 40 kilómetros por hora y a un promedio de 20. Si la mitad de ellos girara, bastarían para abastecer al país sin necesidad de quemar una gota de petróleo ni consumir una gota de agua de represa alguna. ¿Absurdo? Basta con consultar a Internet o volar hacia Galicia para contemplar esa maravilla tecnológica.
Los estudios revelan que en Panamá existe más de un centenar de sitios de potencial eólico, esto es, de vientos suficientes para mover los molinos a la velocidad adecuada. Y es tal su capacidad, que los promotores proyectan vender electricidad a Centroamérica.
Por las noches, cuando las termoeléctricas se apagan o disminuyen la quema de bunker por bajo consumo, y las hidroeléctricas detienen algunas turbinas, los molinos siguen girando porque el viento no se detiene. Es allí cuando la energía que generan se emplea para bombear y almacenar agua que sirve para el consumo o para producir luego más electricidad. Y lo mejor es que el viento es gratis.
Ni siquiera las aves son afectadas. Ellas esquivan fácilmente las aspas por su lento girar e impacto insignificante. Más riesgo representan los aviones y helicópteros.
Así como Brasil es pionero del uso del alcohol como combustible en vehículos, Panamá podría llegar a serlo con un pleno aprovechamiento de la energía eólica. La mayor parte de los molinos se fabricaría en Panamá, generando unos tres mil empleos permanentes.