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Primera derrota de Israel



Las evaluaciones más objetivas de los resultados de 33 días de guerra entre Israel y Hizbulá en el Líbano coinciden, sin decirlo, en que Israel perdió su primera guerra desde su fundación hace casi 60 años.
Las cifras son engañosas y sirven de consuelo para enmascarar lo que fue una categórica derrota en el campo de batalla. Pueden sugerir todo lo contrario, esto es, que Israel dio una paliza a la guerrilla. En números absolutos, eso puede ser correcto; porque si Israel tuvo 150 soldados muertos en acción, Hizbulá sufrió cuatro veces más muertes entre sus combatientes. Igual con los heridos. La matanza de civiles libaneses fue de centenares, contra una veintena de israelíes. Fuera de eso, casi toda la infraestructura de Hizbulá y el Líbano fue destruida o dañada, contra tan sólo una fracción de Israel.
Pero se pierde de vista que el resultado de la Guerra de los 33 días no se mide en números absolutos, sino con los mismos números relativos que midieron la única derrota militar sufrida por Estados Unidos en su historia, Viet Nam. De nada le valió infligir un millón de muertos al Viet-Cong y sus aliados del Norte, si con sólo sufrir setenta mil bajas fatales entre sus soldados, fue suficiente para que abandonara el territorio ocupado y todos sus objetivos estratégicos de un inicio.
A Israel le pasó igual. No rescató a sus dos soldados en manos de Hizbulá ni pudo destruir a su organización ni a su poder militar, ni retener el territorio ocupado. En cambio, sufrió tantas bajas como Estados Unidos y sus aliados durante la última invasión a Irak que acabó con Sadam Hussein en prisión. Fuera de eso, se destruyó el mito de invencibilidad de Israel que, por lo pronto, ha envalentonado a Irán y ha reanimado a Hamas, la guerrilla palestina en el Sur.

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