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Primero, credibilidad


La desesperada situación económica que vive el país está desatando una serie de mentiras y falsedades que, en lugar de serenar las mentes productivas del país, tienden a confundirlas, lo que se proyecta en una niebla de incertidumbre para toda la ciudadanía. Pareciera que ni el gobierno ni la empresa privada captan los puntos neurálgicos dentro de esa confusión rampante para comenzar a trabajar con fundamento hacia la vitalmente necesaria recuperación económica y social.
Estudios del gobierno y de la empresa privada anuncian, el primero, que ya tienen metas precisas para combatir el impredecible deterioro fiscal, y la segunda anuncia alegremente que no dejarán que la economía siga cayendo, señalando que "14 sectores de la economía están sufriendo una desaceleración en sus actividades económicas" y comprometen su responsabilidad en la recuperación económica y en sus propósitos de evitar el cierre de más empresas. Esto lo dicen en constantes reuniones y foros y se habla de la necesidad de confiar en esa recuperación sin definir cómo se va a conseguir el milagro. Igualmente se exige que el gobierno debe enfrentar la corrupción con seriedad. Denuncias y más denuncias y nadie es culpable de nada.
Se prometen en campañas, después que el gobierno anterior privatizara la energía eléctrica y las comunicaciones, que la última empresa de vital servicio público no lo sería. La recursiva del panameño inventa esa privatización mediante concesiones, una de las cuales, líbreme Dios, es la de la facturación del agua. Mediante este alegre engendro jurídico, todos los panameños deberán pagar sus cuentas con el IDAAN. El proyecto de ley, hoy en la Asamblea establece que "en caso de mora continua el IDAAN podrá suspender el servicio y hacer efectivo el cobro total de lo adeudado, mediante la jurisdicción coactiva, por lo que habrá un Juzgado Ejecutor compuesto por el número de jueces que sea necesario a los niveles de morosidad que mantengan los usuarios". El desempleo y la falta de recursos del panameño obligará a estos jueces a cerrar los grifos del agua a los que no pueden pagar; nos imaginamos que el agua comunitaria se venderá por latas a los menesterosos y que las quebradas contaminadas serán los surtidores de este líquido vital para la subsistencia del panameño.
Hay un punto de coincidencia y es el desarrollo turístico. E, inmediatamente, una de las empresas mayores de turismo de Panamá, Decameron suspende expansión exitosa de sus instalaciones, porque no confía en que no se aprobará la concesión de extracción de arena en el litoral Pacífico en el área de Farallón, donde tiene su enclave hotelero. Además de que se asigna un presupuesto miserable para el desarrollo de la industria turística. Temblorosamente nos acercamos a nuestros nichos de serios ahorros. Fondo Fiduciario, SIACAP, Banco Nacional, Caja de Seguro Social y Caja de Ahorros.
Pareciera que lo del SIACAP va. Esto es pan para hoy y hambre para mañana. Igualmente, las transacciones que revelan los medios en donde se involucra las otras instituciones. Se busca poner en la calle un circulante mediocre y de angustia, por pocos momentos. ¿Y después qué?
Ha llegado el instante de la concertación nacional. No más foros. Reuniones de los más destacados panameños, en petite comités, que desenreden la maraña y los pongan a discutir soluciones. Para esto se necesita el apoyo impolítico e incorrupto de todos los sectores gubernamentales, con sus mejores cabezas al frente... y vamos a decir verdades y no vamos a despertar expectativas crueles con mentiras.
El factor principal que requiere el país hoy es la credibilidad en y para los panameños.

101 años de Panamá América

 
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