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Primero el azúcar, ahora el arroz


Entre los grandes productores de arroz nacional, circula la especie de un gigantesco embarque de grano norteamericano, cuya entrada al país fue autorizada por el gobierno de Pérez Balladares, a poco de concluir su mandato, favoreciendo a un antiguo aliado suyo, que ahora ha cambiado de bando; y cuya identidad es un secreto a voces, pero que ostenta un alto cargo oficial.
Pero como en este país todo se sabe y la guarda de secretos no es virtud de nadie, otros se aprestan a seguir los mismos pasos, antes de que sobrevenga el inminente alza de aranceles. Al respecto, una fuente de entero crédito dijo que sobre el titular de la cartera de Desarrollo Agropecuario, Alejandro Posse, "existen fuertes presiones por parte de conocidos empresarios que están decididos a importar arroz de todas formas".
Lo anterior explica por qué los arroceros de Chiriquí están en pie de guerra contra la importación de 40 contenedores de grano, que dicen arribarán al país de un momento a otro. Los productores aseguran que la cosecha local es capaz de abastecer toda la demanda interna, lo cual se confirma con los registros estadísticos de los últimos años.
El arroz mantiene un arancel de 50%, que Pérez Balladares dispuso que disminuyera a 30% el año próximo. El convenio con la Organización Mundial de Comercio (OMC), permite un techo arancelario de 150%; pero se estima que el Ministerio de Desarrollo Agropecuario fijará en 99% el arancel para enero entrante.
Ciertamente, hay mucha presión sobre el ministro Posse, pero éste ha probado ser un hueso duro de roer, tanto por sus posiciones firmes, como por su abierta inclinación por el agro. Además, su muy especial carácter hace que tales presiones no hagan sobre él mella alguna, salvo que la presidenta Mireya Moscoso cambie de rumbo.
Posse ha sido un declarado partidario de disminuir la importación de arroz, salvo los contingentes acordados con la OMC, que en limitada cantidad entran cada año a 15% de arancel. Los empresarios importadores "deben ponerse la mano en el pecho", - dice -, y concordar que las importaciones excesivas acabarían con la producción nacional.
Posse cita como negativo ejemplo, la amarga experiencia que atraviesa la industria azucarera nacional, con sus bodegas colmadas de producto, al coparse el mercado local por el azúcar importada, el cual aprovecha el régimen arancelario panameño que alienta la competencia desleal. Ojalá no reeditemos también esa inaceptable experiencia con el arroz.


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