Principios divinos que ayudan a vivir
Las condiciones de vida del indómito chico eran inclementes, porque dependía de un amigo que le prodigaba en su casa durante el día las facilidades para el aseo personal. Su único anhelo era estudiar para convertirse un día en un profesional.
Conservaba todavía el brillo de sus ojos, la alegría y el optimismo de vivir, al igual que en aquellas lejanas noches lluviosas de mayo de 1982. Recientemente volvió a transitar por las viejas calles del Casco Antiguo. Su rostro lucía maduro, su caminar era seguro, y su habla circunspecta.
De sus labios brotaron espontáneamente algunas palabras que a manera de principios o normas le habían servido para sobrevivir en aquellos momentos difíciles de su vida cuando se fugó de su hogar en búsqueda de un reencuentro con su progenitor. Sin embargo, ante un encuentro fallido, decidió forjar su propio destino en la calle.
222Fueron muchas las vicisitudes que este joven enfrentó. Con el transcurrir del tiempo realizó diferentes oficios que le permitieron abrirse paso por la vida para cumplir con sus metas...
Con vehemencia del alma masculló: "Recordar es bueno. En la lucha de la vida ocurren cosas y circunstancias que hay que tomar con determinación y confianza cuando te has trazado una meta; hacer memoria de ellas ayuda a afianzar el carácter". He aquí algunos de esos principios:
Fe y confianza en la Providencia divina: "Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará" (Salmo 23).
Esforzarse y ser valiente: "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas". (Josué 1:9).
Caminar en integridad de espíritu: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarne-cedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche". (Salmo 1).
Callar en la aflicción y mirar hacia el futuro: "Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; Ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza". (Lamentaciones 3:27).
Aprovechar las oportunidades de Dios: "Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes". (Salmo 40:17)
Conservar la calma y no alterarse por nada: "Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades". (Salmo 37:7)
Dejar toda causa y juicio al juez: "Porque ni de oriente ni de occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; A éste humilla, y a aquél enaltece". (Salmo 75: 6-7)
Fueron muchas las vicisitudes que este joven enfrentó. Con el transcurrir del tiempo realizó diferentes oficios que le permitieron abrirse paso por la vida para cumplir con sus metas, fungiendo como carnicero, ayudante general de una panadería, pintor de barco en un astillero, despachador de gasolina y vendedor de zapatos, entre otras actividades.
Hoy, cuando celebramos el Centenario de la República, exhorta a las nuevas generaciones para que en base a estos principios enunciados se forjen un mejor destino, como otrora lo hizo quien suscribe esta columna con la ayuda de Dios y de muchos panameños que supieron extenderle las manos oportunamente.