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Prioridad del tema Constitucional


En la sesión del Consejo Permanente de la OEA del pasado 5 de mayo informé sobre los resultados de las pasadas elecciones y destaqué el elevado nivel de civismo y la alta participación de la ciudadanía. A propósito de mi presentación, el embajador de Colombia en la OEA, el experimentado político y ex candidato presidencial Horacio Serpa, que estuvo en Panamá como observador, elogió la transparencia del proceso electoral y se mostró muy impresionado por el alto porcentaje de participación que dijo "podría constituir un record de nivel mundial".
En la reunión del Consejo del viernes 7 de mayo, con motivo de la presentación del informe verbal preliminar del jefe de la misión observadora de la OEA, aproveché para señalar que en un ambiente de cordialidad la presidenta Mireya Moscoso había recibido al presidente electo y se habían adelantado los primeros pasos del proceso de transición al próximo gobierno, hecho que contribuirá a cimentar la gobernabilidad.
La Carta Democrática Interamericana, cuya adopción fue posible porque, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, hoy todas las naciones activas en el sistema interamericano son democráticas, enfatiza que una de las bases de la democracia representativa es "la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo".
Panamá, por tercera vez consecutiva, en 1994, 1999 y ahora en el 2004 ha cumplido con creces con ese requisito.
Pero la sola celebración de torneos electorales transparentes no asegura que la democracia será efectiva y producirá los resultados por los que claman los pueblos de nuestro hemisferio.
Aparte de procesos electorales confiables, también se requiere de una estructura jurídica institucional actualizada que garantice el adecuado funcionamiento del Estado y de la sociedad. En este aspecto, tenemos una tarea importante que realizar, que debe comenzar por la revisión y modificación de la Constitución Política, pero con sentido práctico y sin estridencias innecesarias. Después de haberse celebrado con éxito la reciente jornada electoral, esa es en mi opinión la tarea prioritaria.
Desde hace varios años y en cada ocasión en que se ha ventilado públicamente el tema constitucional, he sostenido que el mejor camino para reformar el estatuto fundamental es mediante la construcción de un consenso nacional sobre las reformas que se necesitan, que insisto sólo son unas cuantas, y aprovechar el mecanismo que ofrece la misma constitución para aprobarlas mediante dos asambleas sucesivas, lo que obviaría el referéndum para su ratificación. También me he opuesto a la convocatoria de una asamblea constituyente, porque es innecesaria y, aparte de su alto costo económico, abriría un sendero de incertidumbres.
Hoy, me complace registrar que la que siempre me ha parecido la corriente más sensata sobre el tema de las reformas constitucionales parece estarse abriendo paso. Ahora sólo falta que, con sentido práctico construyamos el consenso que se requiere y aprovechemos el período que le resta a la actual asamblea para aprobar en primera vuelta un paquete viable de reformas, que después aprobaría la nueva asamblea que se instale en septiembre. Si ese camino siguiéramos, estaríamos asentando otro importante pilar para fortalecer nuestra democracia y garantizar la gobernabilidad.
Las estimaciones de los pronosticadores económicos es que el crecimiento durante 2004 será de 5% y el empleo seguirá creciendo en los próximos meses.
Con la pérdida del argumento económico, Kerry y el Partido Demócrata no tendrán más remedio que atacar la política de Bush en Irak, como única esperanza para la victoria electoral.

101 años de Panamá América

 
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