Prioridades, las cárceles
En diversas ocasiones hemos tratado de coadyuvar con la administración pública haciendo observaciones tan bien intencionadas como dignas de tomarse en cuenta. Desventuradamente, pareciera que los altos funcionarios a quienes correspondería atenderlas no se enteraron, ni tuvieron amigos o colaboradores que se lo informaron o que, habiéndolo sabido, no les mereció atención alguna. Pareciera también que los afecta una aguda sordera o una lamentable miopía que no les permite vislumbrar en el horizonte la amenaza de una tormenta que puede alcanzarnos. Insistimos en que es urgente, de mucha urgencia, construir cárceles o al menos agrandar las existencias.
En nuestras cárceles hay personas con enfermedades contagiosas. Podrán estar recibiendo un esmerado tratamiento médico, pero no por ello dejan de ser transmisoras de sus dolencias a los demás miembros del penal.
La fiebre aviar es muy temida, pero aún está lejos de aquí. En cambio, la tuberculosis, el SIDA y otras dolencias de tipo contagioso están entre nosotros. Y podrían tornarse en volcán en erupción.
El hacinamiento actual e infernal existente, para colmo de males, aumentará, dada la cantidad de personas que a diario están siendo detenidas por el trío que constituyen la Policía, Aduana y el Ministerio Público, cuya labor no puede ser más encomiable. La situación carcelaria actual hará imperativo que se reduzcan penas o se decreten indultos con lo cual se liberará, prematuramente, a toda clase de delincuentes que constituirán, una vez sueltos, un peligro para la comunidad.
No nos engañemos. Pensamos que el señor ministro de Gobierno y Justicia junto con el de Salud y a quienes consideramos diligentes, debieran luchar a brazo partido para que se incluyan en el presupuesto del Estado en el año 2006 las partidas del caso para atender la impostergable e innegable necesidad de construir cárceles nuevas, o al menos, como hemos dicho antes, ampliar las existentes.
cdabadia@cwpanama.net
En nuestras cárceles hay personas con enfermedades contagiosas. Podrán estar recibiendo un esmerado tratamiento médico, pero no por ello dejan de ser transmisoras de sus dolencias a los demás miembros del penal.
La fiebre aviar es muy temida, pero aún está lejos de aquí. En cambio, la tuberculosis, el SIDA y otras dolencias de tipo contagioso están entre nosotros. Y podrían tornarse en volcán en erupción.
El hacinamiento actual e infernal existente, para colmo de males, aumentará, dada la cantidad de personas que a diario están siendo detenidas por el trío que constituyen la Policía, Aduana y el Ministerio Público, cuya labor no puede ser más encomiable. La situación carcelaria actual hará imperativo que se reduzcan penas o se decreten indultos con lo cual se liberará, prematuramente, a toda clase de delincuentes que constituirán, una vez sueltos, un peligro para la comunidad.
No nos engañemos. Pensamos que el señor ministro de Gobierno y Justicia junto con el de Salud y a quienes consideramos diligentes, debieran luchar a brazo partido para que se incluyan en el presupuesto del Estado en el año 2006 las partidas del caso para atender la impostergable e innegable necesidad de construir cárceles nuevas, o al menos, como hemos dicho antes, ampliar las existentes.
cdabadia@cwpanama.net