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Prisioneros y celulares



Nos ha dejado perplejos la noticia de que en una requisa efectuada la semana pasada en las celdas de las cárceles La Joya y La Joyita autoridades incautaron 200 celulares.
Según la noticia ofrecida al público, esa actividad constituía un jugoso negocio en virtud de que, por la obtención de cada uno de ellos, el prisionero pagaba la suma de doscientos dólares. La grave amenaza que para nuestra sociedad representa la posesión de dichos aparatos en manos de adinerados rufianes, requiere ahora que se haga una prolija investigación.
En un editorial que ofrecimos a nuestros lectores el sábado 4 de este mes aludimos a que el narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, a pesar de habérsele mantenido prisionero en una cárcel de alta seguridad, pudo seguir manejando su funesta organización mediante el uso de un celular. Lo mismo puede ocurrir en Panamá. Y un celular en manos de atracadores, narcotraficantes y los llamados "tumbadores" y otros sujetos de igual calaña, puede ser, desde cualquier celda en una cárcel, aún más peligroso que un revólver o un puñal.
En nuestras cárceles debe haber una constante vigilancia y operaciones de búsqueda de celulares con especial frecuencia, lo cual reiteramos hoy. Y si los miembros de la Policía se están dedicando a traficar el ingreso de celulares a los penales, tal como afirmó el destituido ex director del Sistema Penitenciario, Carlos Landero, pues hay que hacerles caer todo el peso de la Ley por corruptos y por cómplices de las fechorías que realizan los malandros gracias a su concurso.

101 años de Panamá América

 
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