Privilegios de los funcionarios
En la realidad actual, ya muy pocos se oponen a que éstos con su alta jerarquía de ministros, viceministros, comisionados y directores de entidades autónomas y semiautónomas, devenguen salarios cónsonos con el sector privado, ni que cuenten con secretarias y hasta, en muchos casos, asesores personales. Tampoco se les cuestiona que tengan varios choferes y hasta múltiples autos designados para su pronta y expedita movilización.
El abuso está en la cantidad de secretarias y asesores institucionales y personales con que cuentan. En ocasiones, se trata de familiares y amigos -propios y de allegados políticos- que, salvo en contados casos, carecen de conocimientos especializados o experiencia sobre los asuntos que se le encomiendan. Justifican su nombramiento en que gozan de la "confianza" del titular que los nombra.
Peor es que esos asesores, al igual que sus jefes, se hacen acreedores de despachos, secretarias, celulares, autos y hasta choferes.
En cuanto al transporte, muchos también acaban excediéndose al exigir autos de lujo, cuyo costo de compra y mantenimiento es injustificable para un país como el nuestro. Perturba aún más que no cuiden adecuadamente los mismos; y mucho menos lo hacen sus choferes. Con el transcurrir del tiempo, pierden valor en forma estrepitosa, en detrimento del erario público.
Pero más chocante para la población es ver cómo esos funcionarios, guiados por escoltas en vehículos cuatro por cuatro, violan las señales de Tránsito y ponen en peligro a conductores y transeúntes, hasta en domingos, mientras regresan de un descanso en el interior del país.
La mayoría de esos trabajadores públicos -y aquí hay que añadir a los legisladores- viajan al exterior en primera clase (acompañados de sus esposos o esposas y de sus "asesores") con pasaporte diplomático (lo cual resulta conveniente si hacen compras). Para actos formales, esos mismos funcionarios invitan a sus más íntimos amigos, no necesariamente con gastos pagos, pero sí para que se sienta que cuenta con un séquito digno de su alto cargo, pero sin justificación alguna para los mejores intereses nacionales.
Los elevados cargos que ellos ocupan llevan consigo importantes responsabilidades que deben ser atendidas. Las secretarias, asesores, escoltas y choferes son una necesidad en la gran mayoría de los casos.
Viajes en primera y con "entourage" no deben ser la regla sino la excepción. Esos privilegios no deben ser vistos como parte de la compensación del trabajo, sino como elementos necesarios para el mejor desempeño de la persona que los ocupa.
El abuso está en la cantidad de secretarias y asesores institucionales y personales con que cuentan. En ocasiones, se trata de familiares y amigos -propios y de allegados políticos- que, salvo en contados casos, carecen de conocimientos especializados o experiencia sobre los asuntos que se le encomiendan. Justifican su nombramiento en que gozan de la "confianza" del titular que los nombra.
Peor es que esos asesores, al igual que sus jefes, se hacen acreedores de despachos, secretarias, celulares, autos y hasta choferes.
En cuanto al transporte, muchos también acaban excediéndose al exigir autos de lujo, cuyo costo de compra y mantenimiento es injustificable para un país como el nuestro. Perturba aún más que no cuiden adecuadamente los mismos; y mucho menos lo hacen sus choferes. Con el transcurrir del tiempo, pierden valor en forma estrepitosa, en detrimento del erario público.
Pero más chocante para la población es ver cómo esos funcionarios, guiados por escoltas en vehículos cuatro por cuatro, violan las señales de Tránsito y ponen en peligro a conductores y transeúntes, hasta en domingos, mientras regresan de un descanso en el interior del país.
La mayoría de esos trabajadores públicos -y aquí hay que añadir a los legisladores- viajan al exterior en primera clase (acompañados de sus esposos o esposas y de sus "asesores") con pasaporte diplomático (lo cual resulta conveniente si hacen compras). Para actos formales, esos mismos funcionarios invitan a sus más íntimos amigos, no necesariamente con gastos pagos, pero sí para que se sienta que cuenta con un séquito digno de su alto cargo, pero sin justificación alguna para los mejores intereses nacionales.
Los elevados cargos que ellos ocupan llevan consigo importantes responsabilidades que deben ser atendidas. Las secretarias, asesores, escoltas y choferes son una necesidad en la gran mayoría de los casos.
Viajes en primera y con "entourage" no deben ser la regla sino la excepción. Esos privilegios no deben ser vistos como parte de la compensación del trabajo, sino como elementos necesarios para el mejor desempeño de la persona que los ocupa.