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Problemas de la democracia


Imaginemos un gobierno mundial, elegido democráticamente. Seguramente ganaría una coalición de China y la India y el nuevo gobierno mundial, para ser reelecto, probablemente decidiría que hay demasiada riqueza concentrada en el occidente y mucha pobreza en el resto del mundo, por lo cual es necesario instrumentar una sistemática redistribución de la riqueza. O imagínese que en su país la votación es ampliada para incluir a los mayores de 7 años; el resultado sería una legítima preocupación de que los niños tengan igual y adecuado acceso a refrescos, hamburguesas y videos gratuitos. El sufragio universal en cada país ha logrado lo que una democracia mundial alcanzaría: una permanente tendencia a la redistribución del ingreso y de la riqueza.
La implicación es que bajo la democracia la propiedad personal se vuelve alcanzable por los demás. La mayoría tratará de enriquecerse a costa de la minoría. Esto no implica que habrá una clase rica y otra pobre y que la redistribución será uniforme, de los ricos a los pobres. Frecuentemente son los poderosos quienes logran ser subsidiados por los pobres. Por ejemplo, la educación universitaria "gratuita" no suele beneficiar a la clase trabajadora que no va a la universidad, sino a la clase media y alta que sí. Y pronto se redefine quién es "rico" y merece ser saqueado y quién es pobre y merece recibir el producto del saqueo.
La redistribución reduce el incentivo del dueño o productor y aumenta el incentivo de quien no es el dueño ni productor de la cosa. El resultado de subsidiar a individuos porque son pobres es más pobreza. Si se subsidia al desempleado habrá más desempleo. Financiar a las madres solteras producirá más niños sin padre conocido y más divorcios. Prohibir el trabajo de los menores transfiere el ingreso de las familias a parejas sin hijos y se reduce la natalidad.
Subsidiar a los irresponsables, neuróticos, alcohólicos, drogadictos, enfermos de SIDA y a quienes tienen problemas físicos y mentales a través de seguros obligatorios de salud aumentará todos esos problemas. Al hacer que los demás paguen por la prisión de los delincuentes -en lugar de obligar a estos a reembolsar a sus víctimas y a pagar por su propia prisión- se incrementan los delitos. Al obligar a los dueños de tierras a subsidiar a las especies en peligro de extinción a través de legislación ambiental, los animales se benefician y la gente sale perjudicada.
Y lo más importante, al obligar a los dueños de propiedades y a los productores a subsidiar a los políticos, sus partidos y a la burocracia, habrá menos creación de riqueza, menos productividad y más parásitos.
Los empresarios y sus empleados no generan ingresos a menos que produzcan bienes y servicios que se venden en el mercado. Las compras de tales bienes y servicios son voluntarias y así los consumidores demuestran que los prefieren al dinero que cuestan. Nadie "compra" los bienes y servicios del gobierno. Son producidos, cuestan dinero, pero no se venden ni se compran en el mercado. Como nadie los compra, nadie puede demostrar si se justifica su costo. La implicación práctica de subsidiar a los políticos y funcionarios es que se trata de un subsidio a la producción en sí, sin consideración alguna del bienestar de los consumidores de tales servicios, sólo el bienestar de los "productores", es decir, de los políticos y funcionarios. Entonces, la expansión del sector público aumenta la flojera, la incompetencia, el mal trato y el desperdicio, lo mismo que la arrogancia, la demagogia y las mentiras oficiales.
Bajo cualquier forma de gobierno, incluyendo la democracia, la clase dirigente (los políticos y funcionarios) es siempre una pequeña minoría. Y aunque cientos de parásitos pueden vivir de miles de cuerpos, miles de parásitos no pueden vivir de cientos de cuerpos.
Lejos de encaminarnos hacia un gobierno mundial, la vía correcta es la secesión y el separatismo hacia comunidades y territorios cada vez más pequeños, dándose así legitimidad al orden natural.
(*)Prof. de economía de la Universidad de Nevada.
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